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lunes, 22 de enero de 2007

Este es al menos el titular de un artículo publicado en La Voz de Galicia el 31 de octubre. Y el subtítulo es aún peor: "uno de cada tres universitarios trabaja en un puesto que exije menos cualificación". El tono será sensacionalista pero su crueldad es cierta. Y me permito el destacarla porque me he quedado preocupado por el tono ingenuo de muchos comentarios que ha recibido el blog, en especial mi post 10 razones para no ser historiador (ni estudiar Historia).


El artículo apareció en la web de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, presidida por Ana Patricia Botín y cuyos objetivos son la promoción del emprendizaje desde la universidad a la sociedad y viceversa.

La Fundación está promoviendo diversos debates e investigaciones sobre temas que deberían interesarnos a todos: la validez de los conocimientos técnicos que se imparten en la universidad, las posibilidades de incorporación de licenciados y doctores a las empresas, la promoción del I+D empresarial, etc. Desgraciadamente en las memorias y publicaciones de la fundación las humanidades son, como casi siempre, el área de conocimiento olvidada.

Solo hay menciones a las áreas de humanidades en los informes anuales que realiza la fundación sobre la aportación de la universidad al desarrollo (unos documentos, por otra parte, magníficos). Y los comentarios no son como para estar muy optimista: no creamos empresas, vamos directos a las oposiciones, malas perspectivas laborales y, como se dice el artículo de periódico, directamente sobramos.

Teniendo en cuenta las titulaciones que demandan las empresas y la distribución de los graduados en los diversos estudios, se detecta un exceso de titulados en ciencias sociales y jurídicas y en humanidades y un déficit elevado en enseñanzas técnicas (Informe 2005, p. 150).

En el resto de las publicaciones de la Fundación, pues nada. Y es una pena porque hay temas, como el de la incorporación de los doctores a las empresas, en los que es necesario analizar muy en serio lo que pueden aportar los doctores en humanidades, porque si de verdad no tenemos utilidad para la sociedad lo mejor que se puede hacer es o eliminar, por obsoletos, ese tipo de estudios, o reducir extremadamente su oferta ya que sus salidas profesionales son exclusivas del ámbito de la universidad y de su ínfima oferta de trabajo.

Llamo la atención sobre estos temas a no pocos estudiantes y ya no estudiantes que, con una ingenuidad poco menos que peligrosa, me han criticado mis 10 razones para no ser historiador. Las críticas suelen partir del entusiasmo juvenil por iniciar unos estudios apasionantes, pero el entusiasmo ciega la visión de la realidad, y la realidad, insisto, es que sobramos.

Y no lo digo yo, que soy muy listo y escribo un blog. Lo dice una fundación, un periódico, y lo dicen multitud de compañeros, treintaañeros como yo, que han abandonado la profesión de historiador y no precisamente por un gran empleo o una gran carrera profesional, y con el lastre además de una formación obsoleta que les ha dejado literalmente fuera del mercado de trabajo.

La Historia, como ciencia, es útil y apasionante. Ahora, como profesión es un fracaso. No hay carrera investigadora, no hay empleos, no hay oportunidades, no hay interés de la sociedad (como lo demuestra la falta de atención de los informes de la Fundación CYD), y no hay iniciativas desde dentro de la profesión para renovarnos.  Y ese es el mensaje que quisiera que entendieran los jóvenes: que sean muy conscientes de la ratonera donde se están metiendo, porque lo siento en el alma, pero con el entusiasmo, como los románticos, como se deje llevar uno por la pasión terminará arrojándose al abismo.

18:26 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (1)