LoginRSS 2.0 Feed

Soluciones radicales

Enviado el miércoles, 13 de diciembre de 2006 19:39

Ayer recibí un interesante comentario, firmado por un lector del blog llamado Guillermo, que proponía soluciones radicales a los problemas de la carrera académica de historiador. Su análisis era claro y diáfano. Sirve también de toque de reflexión para los dirigentes de nuestra “cosa nostra” y para los jóvenes con vocación de historiadores que me han criticado (con grandes dosis de candidez) aquí, aquí y aquí por mis opiniones.

Yo no me voy a quedar atrás: aquí van mis propias propuestas radicales.

  1. Para entrar en la carrera debe ser precisa una nota muy alta en las pruebas de acceso (selectividad u otras)
  2. Limitar la oferta de plazas universitarias públicas para las carreras de humanidades.
  3. Convertirla en una carrera técnica y durísima.
  4. Exigir un profesorado con un nivel equivalente a la dureza de la carrera, ser evaluado de manera continua, y el que no llegue al nivel, a la calle.
 
  1. Para entrar en la carrera debe ser precisa una nota muy alta en las pruebas de acceso (selectividad u otras)

Los humanidades quedan generalmente como oferta “basura” de enseñanzas universitarias para los estudiantes que no han conseguido alcanzar la nota necesaria para la carrera que realmente les interesa. El resultado es que se llenan de jóvenes que estudian historia “por estudiar algo”.

El mercado de trabajo español, y la acción de los políticos, favorecen además con estas medidas que los jóvenes sigan encerrados en la torre de marfil de los estudios hasta al menos los 23 años (si eres becario postdoctoral hasta casi los 40), evitando así que se den de bruces con la precariedad y explotación laboral, la obsolescencia de su formación, la necesidad de invertir mucho dinero en su educación vía másters, la imposibilidad de encontrar una vivienda digna, y, en definitiva, para retrasar que se quiten la venda de los ojos y que se conviertan en ciudadanos “incómodos” para el poder. 

Una nota alta de corte para entrar en la carrera de historia significaría que mucha gente poco interesada no contemplaría la posibilidad de emprender esos estudios, y sería una motivación (cruel, pero motivación al fin y al cabo) para que los estudiantes que sí pudiesen aspirar a esos puestos tuviesen una alta formación y motivación.

Ya sé que vivimos en épocas de “buenismo”, y que la LOGSE ha favorecido que los estudiantes no vivan traumas, pero el mundo profesional hoy es una jungla y puñaladas recibimos todos. Cuanto antes empiece la criba, y los que queden fuera empiecen a contemplar alternativas para su vida, mejor.

 

  1. Limitar la oferta de plazas universitarias públicas para las carreras de humanidades.

Complementaria con la anterior. No tiene sentido mantener abiertas las fábricas de parados. Si el mercado demanda 10 historiadores al año la oferta de plazas de estudio debe solamente un poco superior, o sea 15.

Y si alguien quiere estudiar historia por su enriquecimiento personal, lo que es muy legítimo, que se habiliten universidades populares o universidades de mayores para que les den conferencias y contenidos.

 

  1. Convertirla en una carrera técnica y durísima.

Hay que desterrar el estereotipo de que la historia es una carrera “bonita” porque lo que se estudia en ella son contenidos amables (el faraón tal, el rey cual) ya masticaditos, cuyo aprendizaje es coser y cantar comparado con lo difíciles que son las ingenierías. Para conseguirlo hay que convertir la carrera de historia en una carrera técnica, en la que la maestría de determinadas habilidades pese más que la asimilación de contenidos académicos.

Las habilidades técnias básicas que se deberían impartir son aprender a investigar (excavaciones arqueológicas, paleografía, epigrafía, archivística, documentación, lectura rápida, diseño de proyectos), analizar (lógica, filosofía, teoría de la historia) y comunicar (escritura de ensayos, comunicación oral y escrita, pedagogía, relaciones públicas). Otro tipo de contenidos accesorios deberían ser nuevas tecnologías (informática, internet, hardware específico), idiomas (vivos –inglés, francés- y muertos –latín, griego-), habilidades empresariales u organizativas (estrategia, trabajo en equipo, márketing para las humanidades, búsquedas de financiación, prospección de mercados). A esto cabría añadir un año de estancia obligatoria en el extranjero, y contrato en prácticas con una empresa (no valen las instituciones públicas) obligatorio y por ley, para que el estudiantes se de de bruces con el mundo real (y cobre su primer sueldo digno, y tenga un contrato y una experiencia laboral cuando salga de la universidad) y para que las empresas comiencen a darse cuenta de que los historiadores bien formados sí son rentables.

Que esto es muy duro y difícil, pues sí, pero también prepararía mucho mejor a nuestros futuros historiadores tanto como investigadores, como emprendedores, y como magníficos profesionales para trabajar en numerosas empresas.

También habría que estudiar contenidos, por supuesto, pero las habilidades profesionales tienen más valor para el mercado de trabajo y para crear nuevos contenidos. Así que hay que favorecerlas. Ser un profesional de lo que sucedió en Castilla en 1212 sólo es valorado en los estrechísimos límites de los departamentos de medieval. He aquí las bases de la endogamia universitaria, de nuestra precariedad laboral, de la inexistencia de un I+D+i de la historia, y, en definitiva, de la profunda crisis de nuestra profesión.

 

4. Exigir un profesorado con un nivel equivalente a la dureza de la carrera, ser evaluado de manera continua, y el que no llegue al nivel, a la calle.

O en otras palabras: eliminación o reducción radical de funcionarios y mediocres.

Lo primero, exigir que el profesorado tenga buena parte de las habilidades que antes he comentado: de investigación, análisis, comunicación (eso incluye las publicaciones), nuevas tecnologías, idiomas, estancias en el extranjero, y gestión empresarial. Los que no lleguen a ese nivel (hoy serían la mayoría) o se reciclan o a la calle.

Como mínimo habría que exigir que el 50% del profesorado tenga experiencia laboral demostrable con varios años en el sector privado. Quien ha mamado el duro día a día de la actividad empresarial se podrá poner en la piel de los estudiantes a los que educa. Y tendrá una actividad profesional alternativa y menos tiempo y razones para encastillarse en un departamento.

También habrá que exigirles a los profesores productividad, medida según al menos dos de estos parámetros:

-         Su propia actividad docente e investigadora

-         Incorporación de los estudiantes que eduquen a diversos sectores profesionales del mundo laboral

-         Creación de empresas, asociaciones, patentes, derechos de autor, o proyectos emprendedores e innovadores relacionados con la historia

-         Inversiones realizadas y retorno de las inversiones (en dinero, sueldos, puestos de trabajo creados, beneficios accionariales o beneficios sociales)

Quien no investigue, no cree empresas ni puestos de trabajo, no desarrolle la innovación en las humanidades, no produzca dinero o no haga una labor social mensurable, a la calle.
 

Otras propuestas radicales sugeridas en este blog:

http://weblogs.madrimasd.org/historia/archive/2006/09/21/42437.aspx#54861

http://weblogs.madrimasd.org/historia/archive/2006/05/31/27200.aspx#27359 

http://weblogs.madrimasd.org/historia/archive/2006/10/27/48137.aspx#48177


Compartir:

añadir a furl añadir a del.icio.us añadir a technorati añadir a blinklist añadir a digg añadir a google añadir a stumbleupon añadir a yahoo añadir a meneame ¿Qué es?

Comentarios

# re: Soluciones radicales

13/12/2006 23:17 por amarindo
Pues eso aplícalo no sólo a la historia, en las de ciencia no os creais que el panorama es distinto. Las ingenierías están algo mejor, pero tampoco son jauja que el paro, los salarios precarios y el subempleo les empieza a afectar como a las licenciaturas, además, con la mano en el pecho, no conozco a colega alguno de la escuela que este trabajando de ingeniero: diseñando nuevos productos, desarrollando patentes, nada, adaptan y organizan lo que les toca y algunos y no poco ejercen de economistas y otros en recursos humanos, así están los más afortunados. Las empresas no consideran rentable investigar ni desarrollar, ese es el problema que tenemos en este bendito país, es un problema de mentalidad y cultura, seguramente como historiadores sabeis de eso mejor que nadie, cómo cambiarlo, no lo sé, lo sabrán los sociólogos, yo lo intente a pequeña escala y lo dejé por imposible, la estrechez de miras de la mayoría del empresariado español y sus ansias de pelotazo os aseguro que no os lo podeis ni imaginar, ni la mejor caricatura goyesca le hace justicia.

Hoy en día en un país que vive del ladrillo, el turismo y la economia sumergida, la universidad no cuenta para nadie, ni para la sociedad ni para las empresas, por eso como nadie se toma en serio esto de la universidad, ni aunque estuvieran allí los mejores profesionales del campo, lo que hay que decirle a la gente seriamente es que no estudien carreras universitarias, que no pierdan el tiempo en la universidad. Yo lo que veo es que si hay huelga de taxistas, barrenderos, transportistas etc paran el país, si salvo la facultad de medicina y derecho, cerraran las demás incluidas las ingenierias, esto seguro que el país ni no lo notaría, como no somos visibles luego no somos importantes. Que el chaval se haga algo técnico, poner ladrillos, darle a la fresa, no sé, algo propio de la economia de la incultura en la que está sumergida España. Y los que valgais en cualquier campo intelectual, científico o ingenieril, emigrad, salid de España sin pensároslo, os lo recomiendo.

Por cierto que yo soy ingeniero, y me tuvé que marchar a Alemania porque en Spain como os digo ni chicha ni limoná, y después de lo que he conseguido en ese país no vuelvo ni loco a la selva laboral española.

un saludo

# re: Soluciones radicales

18/12/2006 3:25 por belgrano
da la impresión de que esta teoría también te la aplicarías tú mismo, el autor del post, es decir, que si hay un joven que hace mejor que tú el trabajo pues te deberían echar a ti a la calle... es admirable tu sinceridad y tu disposición por la mejora de la raza humana.
Enviar Comentario
Titulo
 
Nombre
 
Correo electrónico
Comentario  
Por favor, escriba el código que ve a su izquierda (en mayúsculas):