Vicus Albus, la
asociación de investigación histórica de Vicálvaro (Madrid),
cumple en 2007 25 años, y para celebrar su aniversario está tratando de sacar
adelante un libro que cuente su primer cuarto de siglo de lucha por recuperar
la historia y la memoria de ese rinconcito de la capital. Tenían una opción
seria de conseguirlo por medio de un catedrático de historia con el que
mantenían conversaciones, pero la soberbia y prepotencia del personaje han dado
al traste con el proyecto.
No me extraña. Durante mis años de estancia en departamentos
universitarios (y en otros centros de investigación) tuve la oportunidad de
cruzarme con numerosos profesores titulares, investigadores y catedráticos con
un insoportable nivel de vanidad. Desconozco la razón por la que esto es tan
frecuente, aunque puedo sospechar que el haber alcanzado una alta cuota de poder
en una institución, la facilidad con la que estos sujetos pueden manipular a
numerosas personas, y el haberse convertido en una voz “de las que cuentan” en
el reducido mundillo de los historiadores tienen mucho que ver con la
emergencia de tantos engreídos. Uno de ellos, según me han informado, es el
señor P. B.
Vicus Albus es una
asociación de barrio, pero eso no le ha impedido llegar a unos niveles de
excelencia que ya quisieran para sí otros departamentos y organizaciones. Lo
más admirable es que no hay apenas historiadores profesionales, sino vecinos de
Vicálvaro,
amantes de su lugar, que han trabajado duro y gratis por investigar la historia del antiguo pueblo,
y por conservar y hasta acrecentar su memoria histórica. Si tienen la
oportunidad pásense por la asociación (c/ Villajimena 43), y tendrán a su
disposición un pequeño museo amateur,
una biblioteca, un archivo
histórico y fotográfico con documentos sobre Vicálvaro conseguidos
por toda España, bases de datos, la atención de un grupo de gente encantadora,
e información sobre proyectos tan asombrosos como un atlas del antiguo
municipio. Vicus Albus también ha
conseguido restaurar
edificios históricos, hizo presión para que la iglesia del pueblo volviera a
tener reloj y retablo, ha organizado exposiciones y conferencias, visitas
de colegios, y hasta a punto estuvo de crear un museo oficial con las
bendiciones del propio ayuntamiento (que al final tiró el proyecto por tierra).
Todo hecho por los vecinos, para los vecinos, y para el resto de la humanidad.
Con un par.
Con este camino andado, y con las tablas de haber lidiado con
toros más bravos, el presidente de la asociación me comentaba la anécdota del
señor P.B., al que le propusieron colaborar y proveer financiación para sacar
adelante el libro conmemorativo. El catedrático dijo que sí pero luego, como si
de un becario de investigación se tratase, comenzó a tratar de manipular a Vicus Albus a su antojo. Pretendía dejarlos
de lado y aprovecharse de ellos para hacerse un libro para su exclusivo lucimiento
personal, obviando el esfuerzo colectivo que hay detrás del trabajo de la
asociación.
Afortunadamente en esta ocasión “ganan” los buenos porque el
malacostumbrado catedrático no puede ejercer sobre estas buenas gentes ni su
influencia ni su poder. Resultado: Vicus
Albus ha mandado a esparragar al “ilustrísmo” profesor, va diciendo pestes
de él (pestes a las que yo deseo contribuir con este post), y el libro
conmemorativo tendrá que buscarse otro patrocinador, que no escritor ni
documentalista porque en Vicus Albus,
aunque sean gente “sin estudios”, lo pueden hacer y de sobra.
Es más, me han comentado que lo más probable es que al final
el libro ni se haga, pero por lo menos prevalece la dignidad de 25 años de
trabajo. Mejor sólo que mal acompañado – nunca mejor dicho.