Enviado el viernes, 10 de noviembre de 2006 7:01
La patética situación de la Biblioteca Nacional de España armó un pequeño revuelo en los medios de comunicación hace un par de semanas. No creo que sirva de mucho, porque huele a la típica campaña de los políticos de la oposición por desprestigiar a la política cultural del gobierno en general y de Rosa Regàs en particular. Yo en cambio voy a proporcionar un punto de vista muy distinto de la situación: si somos listos, los profesionales en humanidades podemos sacar tajada de esta situación, porque tenemos ante nosotros una maravillosa oportunidad de negocio.
Los puntos clave de la noticia son, en mi opinión, éstos (tienen la referencia más abajo):
«Quedan prácticamente fuera de este catálogo automatizado todas las colecciones especiales de manuscritos, incunables, partituras, mapas, fotografías, grabados, dibujos, etc. Además de que existen importantes lagunas del fondo impreso de los siglos XVI-XIX. Es decir, el fondo más significativo de la BNE».
«El catálogo disponible para los usuarios a través de Internet, que es el principal instrumento de difusión de sus colecciones en el mundo, es un desarrollo incompleto cuyo funcionamiento es muy poco eficaz, ya que la mayoría de los resultados que ofrece no son exhaustivos y en ocasiones son poco pertinentes»
Resumiendo, una gran parte de la riqueza informativa, cultural, bibliográfica y manuscrita de la Biblioteca Nacional tiene un acceso exclusivamente físico. Y no hablamos de un fondo baladí; hablamos de una de las principales bibliotecas del mundo hispánico, y del depósito legal donde se encuentra (teóricamente) toda la producción bibliográfica española.
Si acceder a toda esta increíble información solo es posible físicamente (es decir, yendo al Paseo de Recoletos a consultar el catálogo primero y los documentos después), la oportunidad de negocio está precisamente en ofrecer ese servicio: poner a disposición del eventual cliente un profesional que vaya con tiempo a la biblioteca, escudriñe su catálogo, redacte los informes pertinentes, regrese a la oficina, envíe la información … y a cobrar por su trabajo.
No creo que cuente nada nuevo. Me consta que grandes investigadores extranjeros tienen agentes en España para consultar los catálogos y fondos inaccesibles desde Internet. Nosotros, en Histania Consultores Culturales, ofrecemos servicios de esta índole en diversos formatos. El verdadero negocio con todo no está en venderle fotocopias a John H. Elliott sino documentación a empresas, que es algo que también hacemos en Histania. ¿Y saben por qué hacemos eso? Porque los profesionales en humanidades tenemos una sólida formación y capacidades de investigación, documentación, análisis y comunicación, y no crean que eso lo tiene cualquiera. Somos, en definitiva, los técnicos ideales para extraer información valiosa del marasmo que es, desgraciadamente, la Biblioteca Nacional. Esos datos pueden ser muy útiles para convertirlos luego en un documental, un panel turístico o una presentación multimedia, por ejemplo.
Así que mientras la Biblioteca Nacional siga siendo un caos y no de servicio aquí estaremos nosotros para ofrecerlo. Además, qué narices, somos buenos, listos, trabajadores y profesionales.
Referencia: "Cultura reconoce ante el Parlamento el colapso de la Biblioteca Nacional", ABC, 26 octubre 2006.