3. Porque la comunidad de historiadores es aristocrática y endogámica“Curiosamente”, una gran parte de los historiadores e investigadores que he conocido en la élite (ya sea dirigiendo el sistema o en las puertas de entrar en él) pertenecían a clases sociales altas, poderosas, y sin problemas económicos. Cuando rascabas en el pasado de muchos profesores titulares, catedráticos, y políticos científicos descubrías, oh casualidad, que habían disfrutado de una educación privilegiada en caros colegios privados, y que por medio de su familia podían acceder a una rica red de contactos que, a su vez, podían colocarlos por la vía rápida en puestos importantes. Con estos trampolines puede explicarse como una persona como ellos podía hablar dos idiomas con 22 años, mientras que el que esto escribe, y con la misma edad, sólo dominó el inglés cuando consiguió una beca para estudiar en Gran Bretaña. Y ese mismo trampolín explica como yo no podía abrir nuevas líneas de investigación en mi departamento mientras otros ascendían como cohetes a “su puesto” de profesor titular por saber (y poder) moverse en los vericuetos de la política universitaria.
Resultado. Pues que me hice doctor en un lugar donde “tal” persona era hijo de un importantísimo escritor, que además tenían amplios contactos con un importantísimo partido político, y que además era amigo personal de un ex-presidente de una comunidad autónoma. Por allí cerca pululaban hasta tres matrimonios en que marido y mujer eran, oh casualidad, catedrático y profesor titular. Por acullá campaba un docente que era hijo de otro insigne profesor universitario y que seguía viviendo de aquellas rentas. Y otro pez gordo con el que traté despreciaba a sus alumnos porque con 20 años no sabían alemán, mientras que él había aprendido alemán y latín y más gracias a la carísima educación que sí le había podido pagar papá.
La élite que dirige la universidad y la investigación en España está compuesta, en gran medida, por personas como estas. Gracias a su espléndida educación y contactos privilegiados tejen su propia red, y dentro de ella monopolizan las políticas y los escasos puestos de trabajo que generan. Y en vez de poner su inmensa autoridad y formación al servicio de nuestras ciencias la usan para consolidarse en el poder, manipulando a los demás para tener ellos las manos libres y poder hacer lo que quieran. Los demás quedamos fuera.
Por eso en la comunidad de los historiadores, y seguramente la de otros campos científicos, hay endogamia. O priman las relaciones paterno-filiales, o las de pareja, o las de vasallaje, porque si has nacido fuera de la élite (el 95% de todos nosotros) una de las muy pocas maneras de incorporarte a ella es ser un fiel vasallo para servir a tu señor. Este, agradecido,
puede que te enchufe en la administración, y si finalmente lo hace tú, agradecido, le servirás sin rechistar. Y así llegarás a tener un cargo, y podrás dedicarte a investigar lo que te gusta sin preocuparse ya de los demás. Y, ¿quién sabe?, quizás con el tiempo incluso conseguirás abrir una nueva casa nobiliaria en el mundo de la investigación, la tuya propia, para que tus hijos lleguen ya por derecho de sangre al puesto por el que muchos venden la dignidad.
Para leer más:
"
Oposiciones con nombre propio" (El País, 24-10-2006)
Blog Madri+d: "
Ciencia en Secundaria" (26-10-2006)
"
Hoy por ti, mañana por mi" (El País, 30-10-2006)