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martes, 17 de octubre de 2006

Hoy Madri+d nos regala una interesante entrevista a Martín Almagro Gorbea, uno de los grandes historiadores del país y responsable, hace ya diez años, de sacar a la Academia de la Historia del oscurantismo a la World Wide Web. Su contribución a la divulgación de los fondos de la Academia son encomiables, pero pertenecen a la época 1.0 de la Historia en la Red. Hacen falta más esfuerzos como el suyo, pero también seguir los pasos de nuestros compañeros tecnólogos y meter a la Historia en la época 2.0.


En 1994 solicité a la Academia de la Historia consultar un legajo. En aquella época no había ni sala de lectura ni horario de atención a los investigadores, así que tuve que enviar una carta junto con la presentación de un profesor universitario para que accediesen a dejarme leer los papeles. Fue una experiencia de lo más curiosa (y hasta lamentable), porque cuando llegué a la institución rápidamente me condujeron a una salita con una mesa y un flexo, allí me dejaron solo, a los cinco minutos apareció un bedel con el legajo, y me dijero que podía consultarlo y tomar notas a lápiz, y que cuando acabara lo dejase allí, avisase, y me marchara. Parecía que estaba en una logia masónica, y que gracias a ignotas recomendaciones se me dejaba acceso limitado a vaya usted a saber qué curioso arcano.

Si hoy quisiera consultar los mismos documentos lo tendría mucho más fácil: el catálogo y las digitalizaciones están en Internet. También tengo en papel el catálogo y un valioso estudio introductorio del contexto de los documentos, fácilmente accesible en las bibliotecas de Alcalá y Madrid. No necesito cartas de recomendación, se acabaron las siniestras habitaciones oscuras. Esos documentos son ya de acceso universal, fácil y cómodo. En apenas 10 años la Academia ha pasado de ser una momia ilustre a volcar sus ricos contenidos en Internet. Enhorabuena, y gracias señor Almagro.

Esto es una maravilla, evidentemente, pero no deja de ser un proyecto de finales de los años 90. Imprescindible sí, digno de imitación por otras instituciones, también, pero aún Web 1.0, es decir, Internet de primera generación. Los historiadores podemos hacer mucho más que simplemente volcar documentación en la red, y para ello tenemos mucho que aprender de nuestros compañeros tecnólogos.

Hay varias claves para determinar por donde debemos de ir. Una de ellas es la construcción de redes sociales. El fenómeno You Tube demuestra el poder de las masas, y sería muy interesante crear una plataforma para que los historiadores nos expresemos y contribuyamos también a la sociedad. De hecho existe ya una, Historia a Debate, centrada en la metodología de nuestra profesión. Pero podemos ir más allá. Creo que ya he hablado de crear una WikiHistoria, que debería tener dos vertientes: una abierta a todos y otra exclusiva de la comunidad científica [Ver nota 1]. También deberíamos subastar soluciones y productos a empresas e instituciones como se hace en Innocentive.com con proyectos de física y química. Es imprescindible una red social de historiadores y humanistas tipo Neurona para crear una red de trabajo entre profesionales (como ejemplo he aquí mi ficha), apoyada a su vez por un Infojobs especializado en trabajos para nuestro sector en cualquier lugar del mundo.

La otra clave es innovar. Tenemos en nuestras manos un conocimiento valioso, y una capacidad de analizar datos y comunicarlos que tenemos que transmitir a nuestra sociedad. Empresas y universidades deben fomentar en nuestro colectivo la creación de servicios y productos que nos den dinero a los profesionales y utilidad a nuestras investigaciones. Internet es el gran canal de distribución que nuestra época pone a nuestro servicio. Aprendamos de los servicios Web 2.0 que ahora tanto proliferan, y creemos empresas y servicios nuevos que pongan nuestro saber al alcance de todos y que además nos sirvan para hacer comunidad, descentralizar nuestra disciplina, y encontrar nuevos modelos de negocio.

Nota 1: Al día siguiente de escribir este "post" leo que un cofundador de Wikipedia va a empezar a sacar adelante una nueva enciclopedia realizada por expertos para competir con la Wikipedia original (en mi opinión para dar otra opción y con la seguridad de la calidad de los colaboradores). En España seguiremos siendo segundones. ¿Por qué no aprendemos de la iniciativa que hay en Anglosajonia? Todavía estamos a tiempo de hacer algo para el mundo de la Historia.

8:24 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (3)

Un tema recurrente a la hora de reclamar la creación de una carrera investigadora en España (a la que habría que añadir la promoción de la contratación de doctores en las empresas) es que tenemos que dar trabajo a los "mejores" currículums, a los profesionales "más" experimentados, a los investigadores "más prestigiosos". Bien. ¿Y si uno resulta que no es un number one sino un "modesto" number three? ¿Entonces qué?

Uno de los pecados capitales de la investigación científica es el elitismo. Y por eso cuando se diseñan políticas de investigación no vemos más allá de los "cracks" como si esto fuera la liga de fútbol. Pero resulta que no, que aunque la masa del público siga la "Champions League" resulta que hay un deporte de base que es mucho más importante que el espectáculo porque lo que obtiene a cambio la ciudadanía es salud, camaredería, diversión sana, y puede que alguno una gran carrera profesional.

Digo esto porque yo he tenido la "agradable" experiencia en varias ocasiones de no ser medalla de oro, sino medalla de plata o de bronce, pero sin premio de consolación. En este reducido mercado laboral nuestro de historiadores donde hasta por una beca nos planteamos machacar al vecino, quedar el número dos es sinónimo de estar fuera. Hay veces que me planteo cómo hubiese sido mi carrera profesional si, por ejemplo, la Comisión Fullbright me hubiese escogido a mi en vez de a un compañero tan válido como yo, para irse a hacer esa investigación a Estados Unidos. ¿Por qué sólo tiene que haber espacio para uno?

El problema no es la meritocracia sino la falta real de oportunidades. No puedo ni quiero pretender ser la "niña más bonita" en cualquier proceso de selección, pero vista la escasez de empleo y el mérito de una gran cantidad de candidatos, elegir al "mejor" es tan absurdo como determinar si escribía mejor Cervantes o Shakespeare. Decir que hace falta una carrera o un mercado de trabajo en la que tengan cabida "los mejores" es echar a los que son "un-poco-peor-que-los-mejores", y tirar a la basura años de formación, experiencia, y a un capital humano que a lo mejor no hace el próximo gran descubrimiento, pero sí pueden conformar esa masa investigadora o trabajadora "de base" que en su modestia elevaría con sus pequeñas acciones el nivel de nuestra ciencia mucho más que con cuatro o cinco "Ronaldos" privilegiados. Y seguramente sin tanta soberbia.

6:09 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (3)

Lo prometido es deuda. Aquí van mis primeros argumentos.

(Gracias a todos aquellos que han dejado comentarios. Sólo quería decirles que lo que me motiva más a escribir estas líneas es nuestra catastrófica situación laboral y la escasa actividad innovadora de los historiadores, y no tanto la satisfacción por de haber cursado estos estudios o de haber investigado).

1. Porque la Historia es adictiva

La historia es una ciencia apasionante. Es el laboratorio donde se analiza la experiencia pasada de los hombres. Comprendemos de donde venimos, nos entendemos mejor a nosotros mismos reflejados en aquellos que nos antecedieron, y nos dan pistas sobre por donde irá el futuro. Es una inmensa fuente de conocimiento. Y además divertida porque satisface un vicio humano: la curiosidad.

¿Cómo no sentirse atraído por ella? A millones de personas les pasa. Muchos grandes historiadores eran de formación médicos, militares o abogados, o gente con menos estudios. Mucha gente se siente hoy fascinada por la novela histórica. Los políticos manejan la historia para argumentar sus propuestas…

A muchos nos ha pasado: cuando más comprendemos el pasado mejor comprendemos nuestro mundo. Estamos enganchados, y deseamos saber más. Estamos tan atrapados por la historia que hasta algunos de nosotros decidimos dedicar nuestra vida a ella … condenándonos sin remedio.

 

2. Porque esta ciencia está dirigida por una jerarquía elitista, egoísta y prepotente… que se aprovecha del trabajo, entusiasmo e ilusión de compañeros jóvenes y no tan jóvenes.

El mundo de la historia científica tiene su sistema, su “establishment”. Son  pocos, poderosos, y conscientes del cerrado mercado en el que se mueven. No tienen que rendir cuentas a nadie, ni a inspectores de trabajo, ni a ministerios, ni a la sociedad. Si un departamento universitario condena al desempleo al 90% de cada promoción anual no es un escándalo que salta a la prensa. Si un director de un centro no desarrolla proyectos con empresas para dar salida profesional a la investigación pura nadie le releva de su cargo.

Por eso, impunemente, pueden explotar para su beneficio a estudiantes, becarios, recién titulados y profesores con contratos precarios. La vaga promesa de que un día les favorecerán en un eventual proceso de selección basta para tener a un ejército de trabajadores tirando del carro de la historia profesional.

Para leer más: "Mejores Universidades Para España", (El País, 6-feb-06).

6:02 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (2)