Lo prometido es deuda. Aquí van mis primeros argumentos.
(Gracias a todos aquellos que han dejado comentarios. Sólo quería decirles que lo que me motiva más a escribir estas líneas es nuestra catastrófica situación laboral y la escasa actividad innovadora de los historiadores, y no tanto la satisfacción por de haber cursado estos estudios o de haber investigado).
1. Porque la Historia es adictiva
La historia es una ciencia apasionante. Es el laboratorio donde se analiza la experiencia pasada de los hombres. Comprendemos de donde venimos, nos entendemos mejor a nosotros mismos reflejados en aquellos que nos antecedieron, y nos dan pistas sobre por donde irá el futuro. Es una inmensa fuente de conocimiento. Y además divertida porque satisface un vicio humano: la curiosidad.
¿Cómo no sentirse atraído por ella? A millones de personas les pasa. Muchos grandes historiadores eran de formación médicos, militares o abogados, o gente con menos estudios. Mucha gente se siente hoy fascinada por la novela histórica. Los políticos manejan la historia para argumentar sus propuestas…
A muchos nos ha pasado: cuando más comprendemos el pasado mejor comprendemos nuestro mundo. Estamos enganchados, y deseamos saber más. Estamos tan atrapados por la historia que hasta algunos de nosotros decidimos dedicar nuestra vida a ella … condenándonos sin remedio.
2. Porque esta ciencia está dirigida por una jerarquía elitista, egoísta y prepotente… que se aprovecha del trabajo, entusiasmo e ilusión de compañeros jóvenes y no tan jóvenes.
El mundo de la historia científica tiene su sistema, su “establishment”. Son pocos, poderosos, y conscientes del cerrado mercado en el que se mueven. No tienen que rendir cuentas a nadie, ni a inspectores de trabajo, ni a ministerios, ni a la sociedad. Si un departamento universitario condena al desempleo al 90% de cada promoción anual no es un escándalo que salta a la prensa. Si un director de un centro no desarrolla proyectos con empresas para dar salida profesional a la investigación pura nadie le releva de su cargo.
Por eso, impunemente, pueden explotar para su beneficio a estudiantes, becarios, recién titulados y profesores con contratos precarios. La vaga promesa de que un día les favorecerán en un eventual proceso de selección basta para tener a un ejército de trabajadores tirando del carro de la historia profesional.
Para leer más: "Mejores Universidades Para España", (El País, 6-feb-06).