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Ayer en un acto celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid el Director de la Fundación ACS, don Francisco Menor, y el Centro de Iniciativas Emprendedoras nos entregaron a Gema Ramos y a mi el premio a los mejores emprendedores 2006 en humanidades por nuestra empresa Histania (www.histania.com). Tras tres años empezamos a ver el reconocimiento público a nuestro trabajo, a pesar de que nuestra propuesta sorprende por su carácter inusual e innovador y porque, sinceramente, muchos pensaban que no íbamos a durar vivos ni unos pocos meses.

Es un momento de gran alegría, pero también de gran responsabilidad y de tomar decisiones importantes. Creo que Histania es un gran proyecto, pero como todas las empresas pioneras aún tiene un mercado que construir y necesita mucho músculo financiero para crecer. Nos gustaría tener más clientes para crear más riqueza y dar trabajo a compañeros nuestros que seguramente han abandonado su profesión o todavía nadan en las aguas turbulentas de la precariedad, y por eso el premio tiene que motivarnos a seguir con esta locura de crear una empresa de historiadores, de humanistas. Y que dé beneficios.

El emprendizaje puede ser un magnífico camino para que la Historia recupere su dignidad como profesión. No sólo porque nos obliga a convertir nuestro "sacrosanto" conocimiento científico en el dinero que necesitamos para vivir, es que también nos empuja a encontrarnos con una sociedad a la que sistemáticamente los "historiadores del sistema" dan la espalda. Dudo mucho que catedráticos o profesores titulares animen a sus estudiantes al emprendizaje. Es más, ni siquiera se molestan en indicarles otro camino laboral que no sea el del funcionariado, pasando antes por el peaje de ser becario durante años y por el vasallaje de servir al señor que te puede colocar en el ansiado puesto de trabajo. Desde su torre de marfil muchos historiadores escriben monografías que no llegan a la gente, y discuten en foros vedados con nula trascendencia social. A ellos no les importa, tienen sueldo fijo pagado por el estado, y se pueden permitir el lujo de estar al margen de lo que pasa en la calle.

Pero los historiadores que desafiamos a este sistema injusto, y que no renunciamos a nuestra profesión, tenemos una gran herramienta en el emprendizaje. Sí, bajamos de las alturas científicas a hablar con el resto de los mortales, y sí, vendemos nuestras habilidades por dinero. Pero creo que contribuimos más a nuestra disciplina convirtiendo nuestras investigaciones en informes con los que hacer DVDs que estando encerrados en un departamento escribiendo libros que nadie lee y enseñando a los estudiantes conocimientos que con casi total seguridad les conducirán a la oficina del paro. No sé si Histania durará tres años más, si me dará finalmente de comer o si me hará rico a mi y a todos mis compañeros, pero el reconocimiento público que ha supuesto este premio demuestra que hay un camino distinto -- y que hay esperanza.


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