Les recomiendo que lean la revista If.
If es una publicación de la red Infonomía.com, en la que Alfons Cornellá, uno de los gurús del conocimiento que más me han sorprendido, analiza nuestro mundo desde un punto de vista que necesitamos los historiadores: innovación. En el último número, el 42, hay una jugosa entrevista a Mark Campbell, fundador de Digital Parks, una empresa de gestión informática de datos de empresas. Lo interesante no es el tejemaneje tecnológico sino algo fundamental: las actitudes. Campbell hace un análisis de las empresas españolas y de su entorno, pero aunque se refiere al mundo de la ingeniería su análisis es extensible a la situación de nuestra disciplina.
Allá van unas perlas que no me resisto a compartir con ustedes, más algún comentario mio:
"Yo diría que el anglosajón tiene mucho menos miendo a arriesgarse en los proyectos y a fracasar. Una bancarrota se considera que ha podido ser una mala experiencia en un momento determinado, pero se valora el mérito de tener la iniciativa y la experiencia adquirida. Sin embargo aquí la gente es muy cauta con los riesgos. Esto se refleja muy bien si tenemos en cuenta que en España, como en G. Bretaña, el gran mercado innovador son las PYMES. Sin embargo, aquí son empresas familiares y los emprendedores siempre piensan en proteger a sus familias, mientras que el anglosajón piensa que sus hijos tendrán que espabilarse por su cuenta. Incluso en la escuela se enseña esta actitud de valerse por uno mismo, de asumir riesgos".
Más o menos lo contrario que se aprende en la universidad y lo contrario a lo que te impulsa aquí la vida. Yo mismo tengo en marcha un proyecto empresarial y como fracase ya veo legión de antiguos "compañeros" dispuestos a machacarme. Nuestra obsesión de los historiadores por hacernos funcionarios yo creo que también lo dice todo.
" - Hace un año enviamos un email a Nathan Myhrvold que fue CTO de Microsoft, más que multimillonario, explicándole que éramos una red de 7000 innovadores. Nos respondió y cuando vino a Barcelona de vacaciones ¡nos llamó! Y estuvimos 2 horas hablando con él en su yate. Aquí te pierdes entre secretarias y no consigues hablar ni siquiera con personas demucho menor nivel.
- Lógico. Las personas con ideas siempre quieren oir nuevas ideas porque alimentan también sus propias ideas. Yo no tengo miedo de explicar mis ideas porque no tengo miedo de que me las roben. El secreto está en cómo las llevas a la práctica, en ejecutarlo. Aquí siempre hay celos."
Cualquier persona que haya tratado con algún jerifalte de universidad o empresa coincidirá con Campbell. Mientras los "dioses" estén arriba lo mejor que podemos hacer los "pobrecillos" de abajo es montárnoslo por nuestra cuenta.
"España es un país que en los últimos 15 años ha dado un gran vuelco, pero además la calidad de la formación de la gente es buenísima e, incluso, yo diría que es más detallista que en otros países. Pueden competir con ingleses, franceses y americanos. Tenemos un lago de talento enorme que no estamos aprovechando".
Dígaselo usted a los historiadores, señor Campbell. Lo de esta profesión es asombroso: personas que hablan idiomas, con experiencia internacional, habilidades profesionales indudables y con estudios financiados con becas públicas millonarias que al final están obligadas a cambiar de profesión, trabajar por sueldos miserables o huir espantados a trabajar al extranjero. Una verdadera paranoia.
"-¿Qué nos falta para despegar?
- Aquí nos falta crear un entorno que asuma el riesgo y que haya un cambio generacional. Las generaciones mayores quieren controlarlo todo, es duro decirlo, pero no quieren compartir el pastel. Y por supuesto, un ámbito financiero mucho más flexible. España todavía es una democracia joven y a veces lo olvidamos. Hacen falta dos generaciones más".
Vivido en carnes propias. Vaya usted por un departamento universitario y dígale al catedrático que un grupo de doctores y doctorandos quieren hacer una empresa innovadora con los conocimientos históricos y que buscan el apoyo de la universidad para tener una infraestructura donde trabajar e ir a un banco a pedir financiación. Las risas aún se oirían en Nueva Zelanda. En efecto, hasta que las generaciones mayores no desaparezcan (y las que venimos detrás no nos adocentemos) el futuro de los historiadores en España lo veo muy negro.
En resumen. Si queremos salir de nuestra abulía miremos al exterior. Miremos a otros países, miremos a otras disciplinas, miremos a la empresa, miremos a la innovación, miremos a otros profesionales, otras publicaciones y, por Dios, les pido a altos cargos, catedráticos, jefazos y a no pocos de nosotros que dejemos de mirarnos el ombligo.