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jueves, 08 de mayo de 2008

Ayer el Notiweb nos pasaba la noticia de El País El título superior pierde atractivo por sus pocas ventajas laborales. Ya iba siendo hora de que ese tema tan peliagudo trascendiera a la opinión pública.

Si lo analizamos desde la perspectiva sociológico-económica es un suicidio para España. Estamos compitiendo a la baja: hay tantos titulados que podemos permitirnos el lujo de ofrecerles sueldos de 900 euros y contratos temporales con la seguridad de que habrá alguien que aceptará esas condiciones laborales abusivas (daos una vuelta por Infojobs para comprobarlo). Pero si competimos en lo cutre entonces sentiremos el aliento en la nuca de indios, chinos, rusos y europeos del este, también titulados, con más conocimientos de idiomas, sin papás que costeen una juventud eterna, ah, y con salarios entre 100 y 200 euros. Esos países van a comerse el mundo por su relación calidad-coste, y nosotros seremos de los primeros en ser merendados.

Luego está analizar el problema desde la perspectiva de cada individuo. Y la sensación que únicamente puede haber es de tomadura de pelo. Si estudiar 4-5 años (y si eres doctor, como es mi caso, 5 años más) te lleva a salarios hasta 2 veces inferiores que cualquier "chapuzas", y la sociedad premia el dinero fácil, pues entonces que el señor catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra José García-Montalvo se meta su opinión donde le quepa.

Un título universitario es hoy una ratonera, no un seguro.   


Hablemos claro. El mercado de trabajo, ante la avalancha de titulados universitarios, los cotiza "al peso". No es raro meterse en cualquier portal de empleo al uso y ver como piden universitarios a precios de señoras de la limpieza. Sin pudor.

El resultado de este mercado de trabajo es que va a producir su padre.

El caso de los historiadores es palmario. Universidades obsoletas, profesores sin contacto con la sociedad, un título devaluado, una carrera investigadora que ha sustituido las nónimas por las becas, un mercado de trabajo reducidísimo, un alto grado de abandono de la profesión, una sensación a los 30 años de haber perdido el tiempo y el dinero.

Y mientras tu colega, el que sacaba ceros en el BUP, a los mismos 30 años es pintor de brocha gorda y con el dinero negro que gana se ha comprado un BMW.

Políticos, universidades y directivos se llenan la boca diciendo que tenemos que cambiar nuestro modelo económico y basarlo en innovación y conocimiento.

No hay cojones.

No hay cojones porque eso significaría lo siguiente:

1- Los conocimientos que se imparten en la universidad deberían estar en gran sintonía con lo que demanda el mercado de trabajo. Y el profesorado no puede ser despedido por no reciclar sus conocimientos ni hacer transferencia de sus investigaciones a la sociedad.

2- Las universidades tendrían que hacer una reforma profunda de su organización, y la verdad, son una administración paralela aparte en la que cada uno tiene su chiringuito y no rinde cuentas a nadie por el dinero que dilapidan. ¿Qué motivación tienen para cambiar? ¿Qué la sociedad "aumente su productividad"? ¡Hay que risa!

3- Las empresas deberían (como sucede en países teóricamente "atrasados" como México) imponerse pagar un salario mínimo de 2.000 euros por el mero hecho de tener una titulación universitaria. A cambio, por supuesto, puede exigir productividad. Pero claro, es más facil pagar una mierda de sueldo porque, total, las cosas salen adelante igual.

4- La administración pública debería dar ejemplo aboliendo el sistema de becas en el sistema investigador, sustituyéndolo por una plantilla amplia de investigadores, con salarios no inferiores a 3000 euros, y contratos indefinidos a tiempo completo o parcial.

5- Grandes empresarios, grandes investigadores, grandes profesores y estudiantes deberían estar saliendo todos los días en la tele como ejemplos sociales. Y no cantamañanas que por estar 3 meses en una "academia" van a ganar miles de millones soltando gorgoritos.

6- Y lo más importante, significa que la sociedad asuma que tiene una "deuda histórica" con los titulados universitarios de generaciones precedentes. Los que estudiamos una carrera hace décadas y queremos reengancharnos, como es mi caso, a la carrera investigadora, debemos tener vías para poder entrar en ese mundo, con condiciones similares a las que tendremos en el mundo empresarial a esta altura de nuestra vida (es decir, contrato indefinido o a varios años y por 2.000-3000 euros mes).

No hay cojones, en resumen, porque hay que invertir mucha pasta y porque hay que dejar de ser egoista y pensar un poco en los demás. Nada podemos esperar de los depende "el cambio". Ya viven muy bien. Y el resto nos tenemos que buscar la vida solitos.

Hay que tener morro para pedir a los titulados universitarios que "tengan paciencia" mientras sus compañeros de FP se enriquecen. Y luego se extrañan de que haya gente que me haya dicho: "gracias a Dios no he estudiado".

10:10 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (6)

martes, 25 de marzo de 2008

Por su interés, y por complementar mis "10 razones para no ser historiador ni estudiar historia", os copio aquí este post del blog Ciencia para Impacientes llamado 10 razones para que investigadores españoles en el extranjero no vuelvan, que a su vez es un texto original de Javier Sáez Castresana y publicado en Forum Libertas.

Simplemente quería dar mi enhorabuena a Ciencia para Impacientes y a Javier Sáez por publicar y difundir este texto. Dice bien claro que no hay, ni habrá en breve plazo, una carrera científica en España.

Aviso a navegantes: en los próximos años un teleoperador seguirá cobrando más sueldo y tendrá más reconocimiento laboral que un científico. Esto es lo que hay.

Quince años de políticas variopintas para captar "cerebros", y España sigue sin garantizar a éstos una continuidad en su país.

El ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, en una visita realizada a Suecia hace un mes se reunió con más de 30 investigadores españoles en el Instituto Karolinska de Estocolmo, un prestigioso centro de investigación biomédica que además ejerce como una de las universidades médicas más grandes y célebres de Europa.

El ministro esbozó el proyecto de retorno de investigadores españoles que está diseñando el Ministerio de Sanidad y Consumo.

Hay varias razones por las que aconsejo a estos científicos que no regresen precipitadamente a España si la única causa para tal regreso fuera la propuesta del ministro. No obstante, conviene antes hacer un poco de historia.

En el año 1992 se lanzaron por vez primera los “contratos de reincorporación de investigadores postdoctorales a España”. También se hizo una llamada a los mal denominados “cerebros” para que regresaran a la patria a hacer investigación.

Muchos regresaron convencidos de que el país se abría a la contratación de investigadores. No fue así. Los contratos duraban tres años como máximo, y sólo si el director de investigación al que se adscribían tenía un proyecto de investigación concedido.

Cuando dejaba de tenerlo, el “cerebro” pasaba al paro. Y si el director disponía de otro proyecto varios meses después, el “cerebro” era recontratado. Esta situación acabó con la paciencia de muchos, que abandonaron definitivamente la investigación, ya que tras sumar los tres años de contratación total pasaban directamente al paro al no haber sido diseñado un plan de plazas de investigadores en las universidades o en el CSIC.

Otros “cerebros” que regresaron a España, fueron contratados en alguno de los hospitales del Sistema Nacional de Salud. Para ello, el hospital pagaba una parte y el Fondo de Investigación Sanitaria el resto.

Así durante 6 años, con un salario bastante bajo, escasamente superior a los 1000 euros al mes. Hace un par de años estos investigadores, han finalizado sus contratos: algunos han sido recontratados a bajo sueldo por el propio hospital y otros han pasado al paro. Varios abandonarán la investigación si encuentran un trabajo mejor.

Hace pocos años se diseñó el plan de contrataciones Ramón y Cajal, como una mejora de los contratos de reincoporación de 1992. Ahora duran cinco años y no dependen de que el director de investigación al que el “cerebro” se adscribe tenga o no un proyecto de investigación concedido en un determinado momento, ya que la financiación se concede directamente al investigador contratado, al “cerebro”.

En breve iremos viendo cuál es el futuro de estos investigadores: ¿serán verdaderamente contratados por las universidades, el CSIC u otros centros de investigación cuando el MEC deje de pagar los contratos Ramon y Cajal? ¿Se han creado plazas específicas para ellos?

¿Existe un modo de valorar su carrera profesional? Nadie responde con claridad a estas preguntas en la administración. Si algunos encuentran empleo será por el buen hacer de su propia universidad o de otra, pero las garantías de que todos aquellos que han trabajado correctamente encuentren empleo son mínimas.

España no ha profundizado a nivel político sobre la importancia de la investigación científica en términos de contratación de personal. Los políticos hablan mucho de investigación, tal vez demasiado, pero no concretan cómo hay que financiar los recursos humanos, verdaderos agentes activos de la investigación.




Tras 15 años de políticas variopintas para la captación de “cerebros de investigación” España sigue sin garantizar el futuro de éstos una vez en su tierra.

Paso a dar diez razones (hay muchas más) para aconsejar a las nuevas promociones de científicos postdoctorales españoles que sigan en sus puestos mientras puedan y sólo regresen si no hay más remedio y amarrando todos los cabos posibles, porque, de otra manera, con la simple confianza en el gobierno de turno, no prosperarán ni laboral ni científicamente.

1. España no ha diseñado una carrera científica. Los “cerebros” que retornen han de saber que las universidades les contratarán como docentes, despreocuparándose, en general, por sus quehaceres investigadores, exigiéndoles únicamente el cumplimiento de la docencia. Sólo el CSIC ha diseñado una carrera científica. Los investigadores que llegan del extranjero son, por ello, difícilmente contratables en la universidad, o en hospitales si realizan investigación biomédica. Además la promoción posterior es inexistente.

2. Oposiciones frustradas a plazas en la Universidad . Quienes sólo se hayan dedicado a investigar, y no a enseñar formalmente, no podrán opositar a puestos de profesor titular o catedrático, por mucho curriculum vitae que lleven a sus espaldas, ya que la función docente documentable, por escasa o inexistente, les impedirá ser incluso baremados como candidatos a tales puestos por parte de la actual ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación).

En otras palabras, España trata a este colectivo como “investigadores no docentes”, aunque se pasen la vida enseñando cómo investigar y dando conferencias con sus novedosos resultados.

En nuestro país un premio Nobel no llegaría a catedrático si sólo hace investigación y no da clases de alguna asignatura de licenciatura. Y esta norma se ha seguido al pie de la letra durante décadas, por no decir siglos, a fin de introducir en el sistema a mediocres “docentes no investigadores”, impidiendo la entrada de investigadores de calidad que podrían en poco tiempo adaptarse a la docencia y contribuir con su investigación a incrementar el nivel de producción científica de nuestras universidades.

3. Exceso de carga docente. La carga docente en la universidad es habitualmente pesada y tediosa, y los “cerebros” que se encuentran en el extranjero, en general, desean investigar. Al regresar a España, si se les explota excesivamente con la docencia, suelen rebelarse y los problemas comienzan. Por otra parte, si no se les da ninguna carga docente se encuentran en la situación descrita en el punto anterior, lo cual a la larga podría ser peor, cuestionándose incluso desde la propia universidad si tal o cual “investigador no docente” debe continuar en el puesto que ocupa.

4. Dificultad para formar un grupo investigador. Aún cuando encuentren un puesto como investigadores en algún instituto de nueva creación o en algún centro del CSIC, que no en la universidad, los “cerebros” tendrán muy difícil formar su propio grupo de investigación al estilo del que ellos conocen en otros países, ya que, en general no recibirán personal adscrito bien formado, sino, a lo sumo algún becario para hacer la tesis doctoral bajo su dirección y después abandonar el grupo. Esta realidad no mejora con el tiempo, sino que se cronifica y año tras año logra minar la ilusión científica de gran número de investigadores de nuestro país.

5. Escasa o nula financiación básica. España no otorga, ni siquiera a sus mejores investigadores, una mínima cantidad de dinero anual para poder investigar. Es cada jefe de grupo quien debe solicitarlo al Ministerio, explicando en largos y tediosos documentos lo que quiere hacer, lo que ha hecho en el pasado, su historial de publicaciones científicas, etc.

En estos menesteres gasta el “cerebro” la mayor parte de su energía, sin ayuda de personal de secretaría de ningún tipo, lo cual le hará sentir que pasa demasiado tiempo pegado al ordenador y no pensando precisamente en experimentos científicos sino en cómo conseguir el dinero que necesita para realizar su propio trabajo.

¿Saben Vds. de algún otro trabajo en que se trabaje para conseguir el dinero con el que hay que comenzar a trabajar? ¿Y si a pesar de todo no se consigue? Así es la vida del investigador universitario. Cualquier ingeniero que hace investigación, sin embargo, por estar asociado a empresas patrocinadoras, puede plantearse objetivos más concretos, ya que existe una mínima financiación estable, consiga él dinero o no.

6. Exceso de burocracia en los procesos de investigación. La propia institución de investigación, sea el CSIC o las universidades, por un exceso de burocratización y sin mala fe en muchos casos, o con mala fe en otros, puede llegar a impedir al investigador que realice parte de esas peticiones económicas a las agencias de financiación, así como la entrada de becarios o el establecimiento de colaboraciones científicas con otras instituciones. Sin entenderlo, por tanto, no es raro que el investigador sienta que la propia institución donde trabaja no le facilita, sino lo contrario, su labor de búsqueda de financiación y personal adscrito bajo su dirección.

7. No se contratan investigadores fuera de los puestos de funcionarios: profesores titulares o catedráticos. Normalmente en España se dirige un grupo de investigación o se hace la tesis en él, para luego abandonarlo. No hay forma de contratar a un postdoctoral con experiencia que no quiera dirigir un grupo. Las “capas intermedias” no existen. No hay dinero para contratar a personal cualificado de forma permanente.

Esto supone un gran riesgo para los laboratorios: los directores no disponen de gente cualificada y ven con tristeza cómo ellos mismos van quedando desfasados de lo que un día hicieron. La calidad de la investigación de sus grupos puede ir disminuyendo progresivamente.

8. La productividad científica no se ve recompensada en España. Sólo se evalúa desde el Ministerio el crecimiento curricular de los profesores funcionarios (profesores titulares y catedráticos). El resto de profesores españoles son injustamente olvidados, produzcan lo que produzcan, incluso si producen más o mejores resultados que algunos de los profesores titulares y catedráticos. Simplemente no se les pagará nada extra por ello. Y si producen poco, tampoco se les penalizará.

9. Falta de personal técnico o de apoyo. Lo normal es que el investigador haga todo lo que tiene que hacer él solo: pedir fondos, rellenar folios y folios cada año con solicitudes, justificaciones, inventarios, facturas; buscar bibliografía publicada, escribir artículos dominando los programas informáticos existentes para ello; hacer fotografías o dibujos explicativos para incorporar a las publicaciones (hay que ser casi un experto del Photoshop o programas similares); dirigir a los becarios predoctorales de su grupo de investigación; atender las cuestiones que vengan de su Facultad o centro de investigación…

En fin, poco tiempo le queda para investigar (pensar, discutir con otros, releer temas de contraste) con serenidad. El investigador español pierde mucho tiempo por no disponer de ayuda suficiente a nivel de secretaría fundamentalmente.

10. Un conjunto de diferentes razones como las líneas de investigación prioritarias cambiantes cada poco número de años; la baja consideracion social, laboral y económica del investigador; la injusticia curricular que normalmente ha desfavorecido a quienes eran originales, inteligentes y sabían hacer sin dar demasiada lata; las célebres y nuevas inhabilitaciones a priori, según las cuales no se permite solicitar dos proyectos a la vez como investigador principal, perdiéndose los dos sistemáticamente al solicitarlos incluso por error; y muchas otras razones me obligan a recordar a estos jóvenes investigadores que el científico en España difícilmente puede llegar a realizar una investigación seria, competetitiva y con utilidad.

Además se cronifica como un ser en minoría de edad, bajo salario, becario permanente, sin fijeza en el trabajo, a la caza constante de dinero para investigar, finalizando todo ello casi siempre en la génesis de un ser desanimado, con pérdida de autoestima, por no decir solitario, taciturno, cansado de la vida (de la profesional al menos).

Pero muchos siguen adelante: el científico no sólo investiga por vocación, o por gusto, o por obligación desde instancias superiores (aunque nadie le obliga, ciertamente), sino también y sobre todo si lleva años investigando, por voluntad cajaliana con el convencimiento de que, a pesar de los obstáculos que el sistema español de ciencia y tecnología le pueda poner, unidos a los creados por su propio lugar de trabajo, él tiene una misión en esta vida y, humildemente, tiene que llevarla a cabo.



Javier Sáez Castresana dirige la Unidad de Biología de Tumores Cerebrales en la Universidad de Navarra. Ha trabajado anteriormente en el Instituto Karolinska (1988-1990), la Universidad de Harvard (1990-1992), y el CSIC (1992-1997).

16:26 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (1)

martes, 12 de febrero de 2008

Hace año y pico que escribí mis 10 razones para no ser historiador ni estudiar historia, el que hasta la fecha ha sido mi post más exitoso. Comentarios he recibido de todo tipo, desde de gente que comprendió a la perfección que lo que pretendía era decir claramente las razones por las que esta profesión es un absoluto fracaso, hasta gente que me ha acusado de carecer de vocación, ser un ignorante, un fracasado, de no amar la historia, de torpe y de cien mil bobaliconerías más.

Hoy el notiweb me ha enviado lo que faltaba para redondear mis argumentos: las razones cuantitativas para argumentar que ser historiador en España es un fracaso.


Según un estudio de la universidad de La Coruña, publicado hoy por El País, los licenciados españoles se cotizan al peso en el mercado de trabajo. Ahora que estamos en elecciones a Mariano y a José Luis se les llenará la boca de "palabros" de moda como "innovación", "competitividad", "nuevo mercado económico", "imasdemasi", pero detrás de tanta palabra hueca la realidad es que los titulados universitarios son el nuevo lumpen proletaritado, commodities cuyo valor en el mercado de trabajo es de 1200 euros al mes en el caso de ingenierías y arquitecturas. En otras palabras: años de estudio, preparación y experiencia cotizados a precio de teleoperador. Por esos salarios va a ser productivo su abuela, y va a innovar su puñetero padre.

Y si horrible es la situación para ingenieros y arquitectos, la situación de los de letras es para plantearse muy seriamente el abandonar la profesión. Las cifras clave son las siguientes:
  • Sólo un 57% de los licenciados en letras logran un empleo a los seis meses de salir de la universidad, frente al 92% de los ingenieros y arquitectos o al 76% de los graduados en Económicas, Empresariales y Derecho.
  • La mayoría (57%) no llega siquiera a mileuristas y su insatisfacción con la vida laboral queda patente en un dato: el 70% de los que trabajan está buscando otro empleo, un porcentaje de descontento que en las carreras técnicas cae al 35%.
Ante esto podemos argumentar inocentemente que qué malo es el mercado de trabajo que "desprecia" el valor de la Historia, pero resulta que, aparte de que las empresas vayan a la pela, es que luego resulta que lo que se enseña en facultades no vale literalmente para nada en el mercado de trabajo. El mismo estudio de la Universidad de La Coruña se hace eco de las carencias de formación de los recien licenciados en general y, ¡sorpresa!, los peor parados somos de nuevo los de letras. Nuestros futuros patronos, con los que realmente trabajaremos en el futuro (a no ser que te hagas profesor de secundaria o te enchufen en la carrera investigadora), nos acusan de tener "lagunas en informática e idiomas y desconocen el funcionamiento de una empresa y el papel que juegan en ella". Con semejante "base" no es de extrañar que seamos el juguete más roto del mercado laboral.

¿Soluciones para esto? Pues hay dos. La primera es mirar cara a cara al mundo de la empresa, y exigir a nuestra formación habilidades y competencias que nos permitan trabajar en el sector privado o crear nuestras propias empresas, como estoy haciendo yo con Histania Consultores o con mi proyecto más reciente, Loenviogratis.com, el que será el primer servicio postal gratuito de España. Y la segunda, dejarnos de bobaliconerías como las que inundan este post, de mirarnos al ombligo creyéndonos el summum de la cultura, y exigir una formación de calidad y responsabilidades a aquellos dirigentes y profesores universitarios que año tras año cobran sueldazos hundiendo a la profesión de historiador en el pozo de la mediocridad profesional y laboral.

8:24 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (5)

miércoles, 10 de octubre de 2007

Y para muestra, un botón. A estas horas una historiadora muy amiga mía está realizando la primera prueba de selección (un examen escrito) para una plaza de documentalista que oferta el Ateneo de Madrid. Es un trabajo por obra y servicio, entre octubre y mayo, para reconstruir unos fondos. La oferta fue publicada aquí y este es el PDF con lo que exigen los del Ateneo al que quiera currar con ellos, que es:

  • Ser licenciado.
  • Experiencia demostrable en trabajos de investigación en Archivos Estatales y Privados.
  • Conocimientos de Historia de España Contemporánea, y en particular Segunda República, guerra civil y represión franquista.
  • Serán valorados estudios de postgrado y cursos de formación.
  • Conocimientos informáticos y en ofimática (Word, Access, Excel, etc).

Las pruebas de selección consiste en un examen tipo de test de, supongo, historia de España o del Ateneo, una entrevista personal y la valoración del CV.

Vale. Y a cambio, ¿qué es lo que ofrece el Ateneo? Pues, nada.


O mejor dicho: no dicen nada. Tú apúntate, haz las pruebas de selección (que son hoy a las 11 de la mañana en Madrid en la sede del Ateneo), y ya veremos.

Y esto no me lo invento yo. La historiadora amiga mía ha llamado ya 3 veces por teléfono al Ateneo para preguntarles: “hombre, decidme las condiciones de horario, salarios y carrera dentro de la institución, que no quiero pedir un día de trabajo para hacer unas pruebas por un trabajo del que no sé nada”. Y el Ateneo ha dado la callada por respuesta (oficialmente dicen que “aún no lo sabemos”).

Resumiendo. Los candidatos a este trabajo ponen un título universitario + experiencia + conocimientos técnicos específicos + formación extra + informática a nivel de usuario. El Ateneo a cambio no dice nada: ni sueldo, ni horario, ni posibilidad de carrera, ni el número de plazas ofertadas (que resulta que son 2 no porque lo digan ellos, sino porque se les ha colado el detalle en el título del PDF).

Mi impresión: prepotente, miserable, tercermundista y manipulador. Vamos, lo normal en el mercado de trabajo de la Historia.

Esto es lo que puedo demostrar (si no me crees llámales por teléfono). Y ahora la rumurología. La historiadora amiga mía, al enterarse de que solo se ofertaban dos plazas, y de que las pruebas de selección son tan, digamos, “oscuras” (un examen que no podré revisar, una entrevista y CV valorados vete a saber con qué criterios), concluyó lo siguiente: “estas plazas están dadas”.

Evidentemente esto no puedo probarlo, pero durante mis largos años por la universidad pública he conocido multitud de casos de becas y trabajos en los que la administración hacía el proceso de selección por “cubrir el expediente”. Las plazas estaban en efecto dadas, y se convocaban a candidatos para hacer bulto y disimular. Es decir, se manipulaba a profesionales desesperados por trabajar en lo suyo para beneficiar a ciertos “protegidos”. No sé si esto pasa en este caso, pero me recuerda muuuuucho a casos parecidos. Tanta falta de transparencia es ya una señal peligrosa.

Pero bueno. Tampoco tengo que llegar tan lejos. La madre del cordero está en el sueldo. Y eso también se lo calla el Ateneo. Es más, voy a creerles que todavía no lo saben. ¿Por qué convocan entonces las plazas? Pues porque tienen la seguridad de que se van a presentar un buen volumen de candidatos, porque en nuestra profesión no es que abunden las oportunidades laborales, y saben que con pagarles el sueldo miserable que hay ahora mismo en el mercado (900 euros aprox.) la mayoría se van a dar por contentos y van a tragar con estas condiciones pésimas de trabajo. Y si no quieren los que queden primeros da igual, que siempre habrá algún chaval o chavala menor de 30 que vive con los padres y que aceptará tanta precariedad creyendo inocentemente que es el precio que tiene que pagar para conseguir experiencia y un trabajo mejor en el futuro.

En definitiva: la gente que ahora mismo se están examinando a estas horas (seguramente después de pedir un día de vacaciones en sus trabajos) lo hacen por un probable salario de teleoperador, por 8 meses de trabajo sin posible continuación, por un horario desconocido, por unas plazas que a lo mejor ya están dadas, y a cambio ponen su disponibilidad, profesionalidad, experiencia y conocimientos. Solo falta que pidan un inglés perfecto.

Por esto yo abandoné la profesión. Porque estoy harto de que engorde tanto jerifalte manipulador. Y hasta que el mercado de trabajo de la Historia no sea normal (sueldos mínimos de 1500 euros netos, carrera, contratos indefinidos, transparencia en ofertas y procesos de selección, proyectos innovadores que creen empleos) uno tras otro iremos abandonando esta profesión “de nuestros amores”.

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jueves, 05 de julio de 2007

Aunque a los historiadores nos parezca que nuestra profesión es lo más bonito del mundo, y que sin ella no se puede vivir, la realidad es que al mundo de fuera le trae al fresco lo que hacemos. Nuestra imagen es rancia y aburrida. Los personajes antiguos, los libros viejos, el arte del siglo XVI… todo produce un sonoro bostezo en nuestra sociedad actual, que solo quiere divertirse.

Pero es solo eso: imagen. Y en nuestra mano está cambiar lo que los demás perciben de nosotros mismos y de lo que hacemos. La clave está en pensar de otra manera: dejar de mirarnos al ombligo, ver nuestros activos culturales desde un punto de vista radicalmente distinto (incluso “descacharrante”), y dar a la masa algo que le parezca irresistible.

Os pongo un caso real. Ayer vendí a una empresa una visita cultural por Madrid en la que se visita el Puente de Segovia (s. XVI), la Fuente de la Cibeles (s. XVIII), la Puerta del Sol (s. XIX) y el Parque del Retiro. Podía haber soltado un rollo de lo bonito que es el arte neoclásico, o lo antiquísima que es la Puerta del Sol. Pero para la mayoría de la gente Historia + Arte = bodrio. En cambio mi cliente no dudó en comprarme la idea. Y no lo hizo porque las piedras eran antiguas y bonitas, sino porque le plantee una visita desde un punto de vista actual, con inmejorable imagen pública, políticamente correctísimo, ecologista, y con un toque del buenrrollismo que tanto esta hoy de moda. Le vendí una ruta sobre el agua.

Voy a tranquilizar a los talibanes de la Historia: en mi visita hay rigor, hay piedras, hay arte (y mucho). No voy a contar chorradicas, me documento en libros, tesis y hasta en la web de Madri+d. Pero a la gente le da igual todo eso, lo que quiere oír son historias divertidas, y si además les hace sentirse más cultos sin esfuerzo pues mejor que mejor.

Por eso el tema del agua me pareció tan bueno. Más de moda imposible, con el bombardeo mediático del cambio climático (que cada vez me creo menos) y de la Expo de Zaragoza del año que viene. Además, ¿quién no va hoy de ecológico? Pues bien, si enseñamos Madrid no desde nuestro punto vista “historiadorcentrista” (como a mi me gusta la historia y el arte te tiene que gustar a ti) sino desde el punto de vista de lo que la gente quiere escuchar, tendremos público, un producto, y lo más importante para nuestra profesión, un sentido e ingresos.

No voy a contar todo el proceso de producción de esta visita, podéis consultarlo en mi otro blog, El Blog del Google Humano. Pero sí me gustaría que quedase bien claro un mensaje: reinventémonos. Los historiadores somos muy buenos técnicos, pero también una panda de prepotentes patéticos y soberbios que quiere imponer su punto de vista. Por eso no nos hacen caso, porque la sociedad no quiere oír hablar ni de historias ni de piedras: quiere divertirse, aprender algo sin esfuerzo, y sentirse integrada.

Por lo tanto, ofrezcámosle contenidos que cumplan esas 3 premisas. Mi visita lo consigue, y precisamente usando los mismos activos culturales que podrían haber generado una ruta del montón.

Con esto del agua me ha salido una metáfora estupenda: más ideas refrescantes es lo que necesita nuestra profesión para dejar de estar estancada.

8:41 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (5)

lunes, 04 de junio de 2007


Me gustaría invitarte a la conferencia que el próximo 19 de junio a las 18:30 voy a impartir esa prestigiosa institución. En mi intervención hablaré de mi proyecto empresarial, Histania Consultores Culturales, sus 3 años de andadura, modelo de negocio y objetivos futuros.



También presentaré mi nuevo proyecto, Google Humano, una nueva web en la que me presento como explorador de información y gestor no convencial de conocimiento.

Merecerá la pena ir por las ideas sorprendentes que manejaremos tanto los ponentes como el público. No te arrepentirás.



Datos prácticos:

 

Conferencia de Miguel Ángel López Trujillo, Explorador de Información

Martes 19 de junio – 18:30

Escuela de Negocios CEU

Carrera de San Francisco 2, Madrid

 

La asistencia es gratuita pero las plazas son limitadas. Para inscribirse envíe un mensaje a Inmaculada Hernández en la dirección ihernandez.en@ceu.es.


Más información:

Web de Histania

Web de Marca Propia


9:21 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (1)

jueves, 17 de mayo de 2007

Hoy se celebra el Día de Internet. Con él nos felicitamos de lo mucho que nos ha cambiado la vida esta maravillosa revolución, y lo usamos como excusa para convencer al que no se haya apuntado aún a este tren a que se suba y que disfrute de las ventajas que ofrece. Uno de esos escépticos más tozudos es, precisamente, nuestra bendita disciplina: la Historia.


Después de más de una década de despliegue de Internet me entristece comprobar que ni la Historia profesional ni los historiadores estamos sacando todo el jugo que deberíamos a la Red. Hacemos un uso bastante superficial de ella, y hemos volcamos algunos contenidos valiosos, pero en lo que en innovación se refiere estamos por detrás de muchas otras disciplinas. Igual que en la vida real.

Y sin embargo nuestro futuro está ahí. Las posibilidades que Internet ofrece a la Historia son enormes, y no es tarde ni mucho menos para aprovecharse de ellas. Voy a permitirme apuntar unas cuantas.



Contenidos

La aplicación más obvia. Los historiadores llevamos siglos generando información valiosa; no en vano somos los “científicos” del laboratorio de la experiencia humana. Internet nos ofrece otro canal para divulgar nuestra información, y rápidamente nos hemos puesto a usarlo.

Desgraciadamente el medio digital no es igual al “medio papel” (en este vídeo se explica bastante bien), y el vuelco de contenidos se ha hecho siguiendo la lógica de los medios tradicionales (libros, artículos). Internet en cambio ofrece otras posibilidades: blogs, foros, wikis, open access, vídeos, podcasts, audiolibros, webs personales, museos digitales, etc. Estas posibilidades no se usan “oficialmente” por la comunidad de historiadores porque se las considera de segunda división (es decir, que no cuentan en la carrera académica a efectos de empleo y financiación de proyectos), y quizás porque es conocimiento “en proceso”, frente al aspecto “terminado” de libros y artículos (aunque estos también se quedan obsoletos). Seguramente pese también la mayor vida de la documentación en papel (a priori, siglos) frente a los inestables bits, y que el avance tecnológico haga ilegible información al desaparecer los interfaces para leerla (como sucede hoy con las tarjetas perforadas).

Estos medios, en cambio, cuentan con 2 grandes ventajas: flexibilidad y universalidad. Frente a artículos y libros que tardan años en publicarse, y que luego son imposibles de actualizar, los textos digitales tienen publicación inmediata y posibilidad de enmendarse. Además son medios abiertos, que permiten ser leídos a priori por toda la humanidad, por lo que podemos beneficiarnos de las aportaciones enriquecedoras de otras personas.

Seguramente un modelo híbrido papel+digital es la solución para tener lo mejor de los 2 mundos, pero todavía queda mucho para que los historiadores generemos contenidos adaptados a los medios de la Red, en vez de volcar lo que ya está hecho para formatos analógicos. Tampoco hace falta un prodigio de imaginación; basta con adaptar a nuestro mundo modelos ya aplicados: una Wikipedia (o Citizendium) de Historia de España, un blog sobre como un doctorando avanza en una tesis doctoral, un podcast sobre curiosidades de la Historia, un “Youtube” con reportajes sobre temas de Historia o repositorio de vídeos caseros de acontecimientos históricos (por ejemplo, las próximas elecciones autonómicas y municipales), una web+blog donde los historiadores divulguen su obra y entren en contacto con el mundo, un Menéame con interpretaciones sobre temas históricos…

 

Comunicación

Muy pocos temas históricos tienen una audiencia masiva, pero muchas audiencias minúsculas es lo que hace grande nuestra profesión (y lo que está haciendo grande a muchos negocios). Internet es el medio ideal para llegar a esas audiencias: barato, ágil y universal. Vídeos, teleconferencias, podcasts, tele en directo, radios digitales, presentaciones de diapositivas. Pero también hacer tertulias digitales, vía chat o (aún mejor), vía voz sobre IP.

Un correo electrónico, un enlace a la cuenta de Skype o a una web personal, estratégicamente colocado al lado de estos medios de comunicación, garantizarían al historiador que su público se comunicase directamente con él. Y tan satisfactorio como investigar y escribir es recibir las opiniones del público. Es más, estos medios digitales nos permiten a muchos, simplemente, tener público.

 

Comunidades

Revolución pendiente uno. La comunidad de historiadores sigue siendo analógica, y fácilmente controlable por la casta dirigente. Internet en cambio permite crear redes sociales con facilidad, en la que el prestigio no se obtiene por ser director de un departamento o por rendir pleitesía al catedrático de turno, sino por la calidad de lo que uno ofrece en Internet y por lo que da desinteresadamente a la comunidad. Los jóvenes lo han entendido, y hay numerosas redes sociales para hacer amigos. Los mayores aún no nos hemos dado cuenta del poder que tiene este medio.

La comunidad de historiadores hispana de mayor éxito es Historia a Debate, pero su interfaz es demasiado rígido. Tienen que haber otras comunidades más anárquicas, en la que cada uno pueda colgar contenidos con más espontaneidad y en la que se pueda ganar una credibilidad ante el colectivo. Y si aún así no se está contento en esa comunidad siempre queda la posibilidad de crear una comunidad nueva donde hacer las cosas de otra manera. Imagínense un MySpace de Historia Antigua, en el que cada historiador cuelge sus trabajos, sus vídeos, sus interpretaciones alternativas. O un Neurona con historiales profesionales públicos para que busquemos historiadores con los que queramos relacionarnos. Además, siempre podemos hablar en un chat de historiadores y hacer una quedada para conocernos, confraternizar, y planear cosas juntos.

 

Empresas

Revolución pendiente dos. Aparte del empleo público los historiadores tenemos capacidades y habilidades útiles para el mundo empresarial. Podemos vendernos para trabajar por cuenta ajena (¿un Infojobs de historiadores con currículums adaptados al mundo de la empresa?), pero, mejor aún, Internet nos da los medios para crear empresas por poco dinero y con alcance universal.

Una simple página web, un blog, y un teléfono móvil pueden bastar para ofrecer nuestros servicios al mundo. Así comenzó Histania Consultores Culturales en 2003, y desde entonces no hemos dejado de crecer, ofreciendo aquello que los historiadores sabemos hacer muy bien: buscar y gestionar información, comunicar con efectividad, formar y educar, generar productos de entretenimiento inteligente, buscar elementos de diseño.

Evidentemente le toca al historiador añadir una capacidad más a su larga lista, la de ser empresario. Pero afortunadamente con muy pocos activos fijos, y con un punto de equilibrio realmente bajo, la aventura de crear Historiadores SA nunca ha estado tan al alcance de nuestras manos.


En definitiva, Internet es una bendición para nuestra profesión. Yo estoy luchando por sacar todos los beneficios que pueda de ella. Y hay campo de sobra para todos. Aprovechadlo.

12:17 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (1)

miércoles, 25 de abril de 2007

Una idea que os lanzo.

¿Se le ha ocurrido a alguien preguntar a los gurús y a los directores de recursos humanos de las principales empresas del país por qué no contratan a nadie de humanidades? O dándole la vuelta al argumento, ¿sabéis de alguien que haya preguntado a estas personas qué tienen que saber hacer los profesionales en humanidades para que una buena empresa les contrate y les ofrezca una carrera profesional de éxito?

Estas entrevistas serían valiosísimas fuentes de información para nosotros, y un gran medio para hacer conscientes a las empresas de que existimos y de todo lo que podemos aportar.

Si a alguien sabe si esto se ha hecho antes, o si le atrae empezar un proyecto así, que me lo diga y hablamos.

6:57 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (2)

jueves, 19 de abril de 2007

Y al respecto de mi post anterior, una de las razones por las que se fomenta el mileurismo es porque infravaloramos nuestras habilidades y competencias.

Yo era uno de ellos. Como historiador pensaba que solo debía tener derecho a "bequitas", "trabajillos", un "sueldecillo". Cutrería trae cutrería. Y así me fue: eterno becario, mileurismo, y hasta 6 años trabajando sin contrato para una de las 6 universidades públicas de Madrid dando clases de historia en español e inglés, diseñando cursos para estudiantes de Estados Unidos, y hasta haciendo y coordinando actividades por toda España.

Hoy, como emprendedor, me he puesto el salario que merece mi amplio currículum y numerosísimas habilidades, y no baja de 3000 euros por una consultoría independiente. Esto es lo que hay. ¿Quieres un profesional, como yo, con más de una década de experiencia, formación internacional, premiado, que te aporte ideas nuevas y valor añadido? Págalo.

Y a los demás os aconsejo que hagáis lo mismo.

9:19 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (3)

En España los titulados universitarios son un producto maravilloso porque cumple sin chistar la regla de las 3 "b": bueno, bonito y barato. El fomento de la cutrería tiene sus consecuencias: un país cuya productividad baja, una masa trabajadora cualificada y desmotivada, y un poder político que no puede ocultar su ineficacia hasta para debatir soluciones. El notiweb de hoy nos regala el artículo de El Mundo "Los grados de cuatro años fomentarán el mileurismo" cuya lectura, como mínimo, asusta.

Si saco a colación este texto es porque me da la impresión de que no sabemos ni a donde vamos ni lo que queremos. Pero en lo que a mi me atañe, que es el mundo de las humanidades, las cosas no pueden estar más claras.

Los sectores críticos consideran que esta filosofía [educar para más para competencias y menos para contenidos] desvirtúa la educación superior, la deja a expensas de las demandas del mundo laboral y reduce la capacidad innovadora de un país. Otros, en cambio, creen que la adquisición de competencias aumenta el atractivo de los titulados de cara al mundo laboral. Tanto es así, que las carreras de Humanidades no han dudado en subirse al carro. «No me gustaría que se pensase que las titulaciones de letras no forman en competencias», advierte José Fernández, decano de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.

Todos los historiadores sufrimos en carnes propias una educación saturada de contenidos y que no forma en competencias. Hasta que no estudié en las universidades anglosajonas no recibí clases específicas para aprender algo tan básico para un investigador como escribir ensayos académicos. A diferencia de otros países, en España ni siquiera  nos hemos puesto de acuerdo para desarrollar un sistema estándar de hacer citas a pie de página. Hablar de aprender a usar recursos electrónicos, o proponer meter en el menú de asignaturas un curso para transferir las habilidades del historiador al mundo de la empresa es poco menos que una quimera. Si mi disciplina, la Historia, no innova, es porque vive subvencionada por el Estado en su torre de marfil de los contenidos. Nadie le exige bajar a la arena de la lucha económica diaria.

La crítica de que formar en habilidades y no en contenidos fomenta el mileurismo no vale porque el mileurismo surgió y crece desde hace décadas con el sistema existente. El problema es mucho más global. De nada nos vale tener una universidad excelente si el mercado o no acepta lo que se le ofrece o no lo absorbe. La palabra clave, por muy denostada que esté hoy en día, es diálogo. Empresa y universidad tienen que dialogar. Porque no se puede consentir, en efecto, que la universidad sea la escuela donde se forma a un nuevo proletariado que por un salario miserable sirva de masa de obreros cualificados para empresarios caraduras. Pero tampoco se puede consentir que la universidad esté tan al margen de la sociedad que, como en el caso de los historiadores, nos pasemos 4 años discutiendo si los fenicios se rascaban la oreja con la mano derecha o con la izquierda, para luego ser escupidos al mercado de trabajo sin que ni siquiera un solo profesor haya dicho explícitamente qué podemos aportar a una empresa.

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jueves, 12 de abril de 2007

Magnífico artículo del diario El Mundo el que nos regala hoy el notiweb, La escasa apertura de la Universidad impide la incorporación de profesionales, con la alegría añadida en que es la opinión de prestigiosos historiadores (entre otros grandes científicos y humanistas) la que se tiene en cuenta. Hay grandes frases para la posteridad como éstas:

"Para atraer personajes prestigiosos se necesitan proyectos atractivos"
"La Universidad debería contratar libremente, como en EE.UU."
"Es necesario permitir a los docentes compatibilizar actividades"
"Las facultades españolas tienen escasa vinculación con la empresa"
"La universidad debe ser más universal, generosa, culta y menos envidiosa y corta de miras. Capaz de llamar a los mejores, y no de meter a amigos"
"El sistema actual debe rehacerse y pensar en una estructura diferente"


Y aquí añado yo mi contribución: si la universidad quiere sobrevivir debe vender riqueza. Y lo digo muy conscientemente porque la universidad, todavía, se vende sola (después del bachillerato, universidad), pero los que estamos en el mundo real sabemos que es uno de los lugares más ineficaces para educarse y encontrar un sitio en el mundo laboral. Hay entidades educativas alternativas que se están comiendo el "nicho de mercado" de la universidad. Y si encima los profesores están mal pagados únicamente los mediocres, a los que no contratarían en otro sitio, se convertirán en docentes.


¿Soluciones? Ir al mundo de hoy. La sociedad, las empresas, las redes, el márketing ofrecen ideas que pueden ser muy bien adoptadas por la universidad. Lo que pasa es que ésta está habituada a tener el mercado cautivo de jóvenes de 18 años que busca formación barata y que desconoce lo que realmente le va a demandar el mundo profesional. Si surgiera un bachillerato y universidades paralelos que demostrase con cifras un mayor nivel de eficacia e integración en el mercado laboral, y que fuese publicitado a los cuatro vientos para que todo el mundo lo supiera, las universidades perderían a la inmensa mayoría de su clientela.

Eso es exactamente lo que ha pasado al nivel de postgrado, porque los mejores másters los imparten empresas y universidades privadas, mientras que la pública imita descaradamente a los mejores y ofrece además el título de doctor que tiene poco encaje en el mundo actual.

Así que aún no han sonado las campanas del apocalipsis para la universidad. Pero que sepa que el mercado de la gente de más de 30 años lo tiene perdido y bien perdido. Si mañana un amigo que quisiera mejorar su formación me pidiese consejo le diría bien claro: "invierte los 6.000 euros para hacer un curso con esta empresa o escuela, pero por favor, ni se te ocurra ir a la universidad".

Si quieres alumnos y profesores, véndeles riqueza, no miseria.

10:17 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (0)

lunes, 09 de abril de 2007



Si estás en Madrid el miércoles 11 y tienes espíritu emprendedor no debes faltar a la 2º reunión de "Iniciador" (antes Beers & Entrepreneurs). Olvídate de que eres de letras y que no tienes nada que aportar a un grupo de tecnólogos. Olvídate de las reuniones serias de empresarios que promueven las instituciones públicas. Esto es más informal. Es un grupo de gente abierta que desea conocerte y colaborar. Hablas de lo que quieres hacer, de lo que puedes aportar y te tomas unas cervezas. Buen rollo de verdad, no forzado por lo "políticamente correcto". Un lugar donde hacer contactos, hacer proyectos, hacer empresas, y donde sorprenderse de lo que se puede alcanzar colaborando de verdad.

La mayoría de los asistentes vienen del mundo web, de la comunicación y del diseño. Pero también estamos los emprendedores de contenidos, empresariales, informativos, culturales: Histania, Evoluziona, Audio Learning Courses. Lo que nos une es trabajar juntos, crecer e innovar.

                  

Será a las 19.15h (para empezar a las 19.30) en el Tempo Club, enfrente de la Plaza de los Cubos (no olvides volver por aquí antes de ir para ver si por algún motivo ha cambiado).

Nos vemos allí.

14:12 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (0)

lunes, 02 de abril de 2007

Si buscan creatividad e innovación éstas florecen en el entorno empresarial emprendedor, que se comunica por medio de blogs. Algunas bitácoras (como ésta y ésta) no son sólo jugosas fuentes de información para gente inquieta como yo, también son el medio para conocer y comunicarse con personas que creen en lo que tú haces y están dispuestas a colaborar contigo

Uno de ellos es Andrés Pérez Ortega, uno de los especialistas más importantes de España en “Personal Branding”. Mejor visiten su web y blog, pero les resumo lo esencial de sus ideas. Los profesionales somos hoy una commodity, un producto “genérico” del que da igual coger éste o aquel. En román paladino: “das una patada al suelo y te salen 100 licenciados”. El “Personal Branding” propone desarrollar una marca de cada uno de nuestros perfiles y carreras profesionales. Ganaremos valor al encontrar aquello bueno que nos diferencia, lo convertimos en una marca para poderlo comunicar rápida y sencillamente, y subiremos nuestra apreciación profesional y nuestro precio en el mercado. Convertirnos en marca no es deshumanizarnos. Antes al contrario: es rescatar al individuo de la despersonalización.

En uno de los últimos posts de Andrés habla de “desprogramarnos” de todo lo que nos han enseñado, ya que mucho es mentira. Léanlo y reflexionen. Pero yo voy a hacer otro ejercicio: ¿y si aplicamos las ideas de Andrés a “desprogramar” toda una disciplina científica: la Historia.


Andrés nos dice: “El propósito de una Marca Personal es aumentar al máximo las probabilidades de que te elijan. (…) Se trata de conseguir que piensen en ti como en alguien a tener en cuenta. Por lo tanto, una de las primeras etapas es descubrir aquello que puedes ofrecer. Encontrar la respuesta a la pregunta ¿Y qué puedes ofrecerme por lo que merezca la pena pagarte? Es lo que yo denomino, definir el producto. Si no tienes nada que pueda ser útil a otros, olvídate de todo lo demás.”

Y aquí surge el problema. ¿qué ofrece hoy la Historia para que la sociedad de hoy elija pagar por ella? Pues, prácticamente nada. Como dice Andrés, “un listado enorme de certificados académicos y similares”.

Los que estamos en este mundo sabemos que las ciencias históricas están hoy plagadas de “certificados”, que la gente acepta sin cuestionárselos, hasta el punto de convertirse en clichés: “la Historia es cultura”, “hay que saber Historia”, “el pueblo que desconoce su historia está condenado a repetirla”, “es una asignatura ‘bonita’”, “¿eres historiador? Jo, qué culto eres”. Bla, bla, bla. Palabrería, porque si vas a una entrevista de trabajo y dices que eres Doctor en Historia no saben ni qué ofreces, ni qué sabes hacer, ni por qué tienen que pagarte más que a la señora de la limpieza.

Ya está bien de creernos los reyes del mambo porque la sociedad “nos respete” sin saber muy bien por qué. Si hoy hay historiadores es, en gran parte, porque el Estado los financia. Algunos son funcionarios, otros son caciques de un departamento universitario, y a la mayoría de nosotros nos dieron un título que es papel mojado, nos explotó como becarios, y “¡a la puta calle!” como dice Gregorio Antúnez en Cámera Café. El mundo de la Historia tiene que dejar de mirarse el ombligo y plantearse de una vez por todas qué puede hacer por el mundo de hoy. Y eso, como dice Andrés, implica “salirse del sistema”.

En ello ando. Y lo hago por el camino del emprendizaje, creando una empresa llamada Histania, en la que me planteo qué puedo ofrecer como historiador a la sociedad en la que vivo para que ésta quiera pagarme por ello. No la puedo ofrecer mis diplomas por muchos que sean, ni el hablar dos idiomas, ni el haber sido profesor en Estados Unidos, ni siquiera haber recibido un premio por haber hecho un gran plan de empresa. No quiere oír como me he convertido en un profesional de prestigio, sino qué hay en los activos que yo manejo (la Historia, el Arte, la Literatura, la Filosofía, el Patrimonio, en suma, la Cultura) que puedan convertirse en riqueza. Porque señores, aunque no lo crean, la cultura es un poderoso activo: una novela histórica puede convertirse en el guión de una película, un libro de escasa tirada puede ser la base documental de un reportaje, un viejo archivo administrativo puede ser un centro de información para una empresa, unas fotografías antiguas puede ser un excelente elemento de diseño gráfico.

Y Andrés, en ese aspecto, nos da salidas: todo el mundo, hasta el conservador y atrasadísimo mundo de la Historia, tiene algo valioso que ofrecer, pero está tan asfixiado por papeles mohosos y clichés manidos que hay que desenterrarlo para que empiece a brillar. Cuando los historiadores encontremos nuestras “joyas” nos llevaremos una enorme sorpresa: hay gente dispuesta a pagar por aquello que merece la pena. Y lo sabrán no porque lo digan cuatro papeles emitidos por el Estado, ni porque la gente repita, sin saber muy bien por qué, que la Historia es “importante”. Lo sabrán porque apreciarán un valor tan elevado en aquello que ofrecemos que muchos pensarán que pagar por nuestros servicios no es tirar el dinero o proteger una ciencia en extinción sino, simplemente, invertir.

7:55 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (0)

lunes, 26 de marzo de 2007

El pasado viernes el Ministerio de Cultura anunciaba a bombo y platillo la buena nueva de que el sector cultural en España, según un reciente estudio,  pesaba un 3,2% del PIB (un 4% si se tenían en cuenta las actividades ligadas a la propiedad intelectual ). “Por encima de sectores como la energía”, apostillaba, triunfalista, la nota de prensa del Ministerio.

Sin embargo, si esta realidad económica es analizada en profundidad y la sazonamos con el día a día del profesional de la cultura, entonces las conclusiones ya no son tan brillantes sino plagadas de agujeros negros.


Comencemos bajándole los humos al titular. Para empezar, la parte correspondiente a la edición de libros y prensa se come solita el 43,9% de ese PIB del 3,2%. Resulta cuando menos curioso este dato en un país en que se lee tan poco (el 45% de la población se declara no lectora, y el 15,4% son lectores ocasionales). Pero es que además el sector del libro está tremendamente concentrado (apenas 80 empresas facturan más de 6 millones de euros, mientras que 384 facturan menos de 0,6 millones de euros), con tiradas a la baja (menos de 2000 ejemplares por tirada en el caso de las humanidades), y con 75% de la edición dedicado a la novela (y un 11% a las humanidades, que van a la baja desde hace años). En el sector de la prensa, las cosas aún están más concentradas en un puñado de periódicos generalistas, deportivos y económicos (más los gratuitos, que están reventando el mercado tradicional de la prensa “de pago”).

El siguiente pedazo del pastel lo corta la radio y televisión, con un 19,2%. Llamar “cultura” a toda la producción de radio y televisión es, como mínimo, discutible. Y además este tipo de empresas están ya concentradas en unos poquísimos grupos de comunicación y, de nuevo, su oferta de trabajo cultural no es precisamente abundante. Si a eso añadimos su frecuente política de “tirar de becarios” (más numerosos que en ningún otros sector) para hacer muchos trabajos, el panorama “cultural” no es precisamente edificante.

A continuación viene el mundo del cine y vídeo, con un 12% del pastel PIB. De nuevo otro sector concentrado, endogámico a más no poder (siempre hacen películas los mismos), y encima a contrapelo de los gustos del público que rechaza sus productos. La producción de películas es baja, su distribución está mediatizada por las “majors” americanas, y encima es una industria cobarde que vive mucho del poder político, la subvención, y que no innova aunque le pongan la receta delante de los ojos (“Alatriste”, sin ser una maravilla, caló directamente con lo que quería ver la gente: aventura, evasión inteligente, e historias propias). De aquí, quizás, podría salvarse la producción de documentales, aunque su exhibición en televisiones es escasa (en los cines, nula).

Finalmente, lo que queda del pastel del PIB se reparte entre el sector interdisciplinar (?), con un 10%, y sectores ya muy minoritarios: artes plásticas (4,5%), escénicas (3,6%), patrimonio (2,6%), archivos y bibliotecas (1,8%), y música grabada (1,9)%.

En resumen: los grandes grupos empresariales se comen el pastel, hacen negociazo con un producto generalista (la sociedad demanda básicamente novelas de evasión, tele, radio, prensa y pelis), y si ofrecen trabajos "culturales" lo hacen en condiciones precarias (tampoco es que den tanto dinero). Luego hay microempresas que o sobreviven con su nicho de mercado o hacen apostolado por ideas minoritarias. El ejemplo típico es la editorial pequeña, pero claro, el empresario bastante tiene con seguir adelante y mantener el trabajo de 4 gatos. No tiene pinta de que este panorama vaya a cambiar, porque dudo que a la sociedad española, de la noche a la mañana, le dé por variar sus consumos culturales.

Con estos argumentos se explica mejor algo empíricamente sabemos los que nos dedicamos al sector cultural: no hay dinero, y hay poco trabajo y mal pagado. Por mucho que el Ministerio, los estudiosos, y los másters de gestión cultural se empeñen en convencernos, ese PIB del 3,2% se lo quedan los peces gordos. El resto lo maneja maneja el Estado (mejor hazte funcionario) y las migajas quedan para pequeños proyectos que viven con poco dinero y poca gente (aunque, imagino, con sobresalientes réditos culturales).

Y claro, la escasez conduce a la cutrez. No lo verán en ningún estudio, pero sé de buena tinta que hoy los másters de gestión cultural se están convirtiendo en un sabroso producto que absorbe a muchos recién licenciados de ciencias humanas y artísticas, les saca 6.000 euros para beneficio de sus organizadores, y los devuelve a un mercado de trabajo, el cultural, que está demostrado que ni puede absorberlos ni mucho menos pagarlos de acuerdo con su (ahora mayor) nivel de formación. Y así pasa: recientemente me he enterado por fuentes solventes de que hay estudiantes de esos másters que en sus prácticas en museos y asociaciones de gobiernos autonómicos son puestos, sin ningún pudor, a cuidar salas o a grabar datos.

No niego que haya oportunidades de negocio y empleo en el sector cultural, pero fuera del trabajo por cuenta ajena para un gran grupo empresarial (que tampoco pagan tan bien) lo más digno probablemente sea el emprendizaje cultural tipo Histania. Y aquí el informe del Ministerio sí da algunas claves para enfocarnos. Si el PIB del sector se analiza por fases de desarrollo se observa que un 52,2% del mismo se lo lleva la fase de creación y producción, un 19% la de fabricación, y un 15,2% la de difusión y distribución. Así que en esos ámbitos, sobre todo en el primero, es donde tendría posibilidades de funcionar una empresa de servicios. O en otras palabras: el sector cultural, a pesar de su escasez endémica de dinero, si ofrece oportunidades en algún sitio es en la creación de nuevos productos y contenidos.

Nota 1: los datos del sector del libro me los proporcionó el profesor Ángel Badillo de la Universidad de Salamanca.
Nota 2: Para un resumen de los datos del estudio del sector cultural realizado por el Ministerio recomiendo consultar el power point con las conclusiones.

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jueves, 22 de marzo de 2007

Y de Historia no digamos. El título de este post es la rotunda afirmación que Alejandro Ulzurrun, experto en temas educativos de la Comisión Europea, hizo durante el seminario sobre el Espacio Europeo de Educación Superior organizado por la CE la semana pasada. La noticia, enviada por el notiweb de hoy, tiene varias afirmaciones a cual más interesante.

La primera es el reconocimiento, como ya se ha dicho, de que la universidad es una "fábrica de parados". Lo más grave es que lo es desde hace ya 2 décadas (al menos en el ámbito de las humanidades) y a nadie le ha importado un bledo solucionar esta realidad. Ya sé que somos una rama del conocimiento con poca influencia en el mundo de hoy (apenas somos unos estudios "bonitos"), pero que se acepte como algo "natural" que 5 años de estudios de Historia (mínimo, algunos hicimos 15) te lleven al desempleo me parece un síntoma de que nuestra sociedad está enferma.

Después Ulzurrun afirma que es necesario vincular más a la Universidad con la empresa, y que, además, que la Universidad tiene la responsabilidad de integrar a los estudiantes en el mercado de trabajo. El director general de Universidades, Javier Vidal, apostilló a Ulzurrun afirmando que a las universidades les iba a costar mucho tragar ("les va a suponer un cambio enorme", dijo más suavemente) porque "tendrán que perder parte de su autonomía, ya que no están acostumbradas a que les digan cómo enseñar».

Este es un tema capital: las universidades son administraciones del estado que no rinden cuentas ni a los gobiernos ni a la sociedad. Son como Franco, que solo admitía los juicios de Dios y de la Historia. Hace mucho que pasaron los tiempos en que su función educativa bastaba para justificar su existencia porque hoy, desgraciadamente, los estudios universitarios son una "commodity" (o como dice el castizo, "das una patada al suelo y te salen diez licenciados"). Si las universidades quieren tener un papel influyente en el mundo de hoy hay que dar "valor añadido" como dicen los especialistas en márketing, y eso significa transmitir conocimientos y habilidades reales que permitan la participación de los estudiantes en la economía actual. Desgraciadamente, como sugiere D. Javier Vidal, ¿como hacer que cambien su manera de funcionar unas instituciones que no están acostumbradas a que nadie las tosa, a las que nadie les pide responsabilidades por su negligencia, y a la que no se las castiga por lanzar cada año al mar del desempleo a miles y miles de jóvenes?

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lunes, 19 de marzo de 2007

Pongamos las cartas encima de la mesa. Vamos a analizar para qué sirve hoy en día la Historia y como son tratadas las personas que trabajan en esta ciencia. Y lo haré con frialdad y sinceridad por medio de un diálogo con un interlocutor ficticio que podría ser cualquiera de vosotros.


¿Para qué sirve la Historia?

Para saber lo que pasó antes de nosotros, y tenerlo de referencia para nuestras acciones futuras.

¿Saber Historia, es una necesidad vital?

No.

¿Entonces, por qué perder el tiempo con ella?

Por dos razones:

-         Porque nos evita reinventar la rueda y repetir errores que otros cometieron.

-         Porque permite aprovecharnos de experiencias anteriores para crear nuestro propio conocimiento. Si no transmitiéramos el conocimiento generado por una vida la humanidad jamás habría progresado.

¡Qué bonito! Pero esto parece filosofía, o un método de trabajo aplicable a otras muchas disciplinas. ¿Por qué, aún así, estudiar y hacer Historia como actividad profesional, es decir, con dedicación exclusiva?

Porque sacar conocimiento del pasado es un trabajo largo y duro que emplea técnicas muy depuradas. Y además el pasado es interpretable, es decir, sacaremos conocimientos diferentes en función de las necesidades de las épocas en que vivimos. Es, en resumen, una fuente inagotable de conocimientos, de ahí que a las sociedades más avanzadas les parezca necesario que haya un grupo de profesionales que se dediquen a trabajarse esos conocimientos complejos para transmitirlos a la sociedad.

¿Para qué sirven, entonces, los historiadores?

Son los profesionales que tienen los conocimientos y dominan las técnicas para convertir los hechos del pasado en conocimiento organizado.

¿Pero eso da para vivir?

Depende del valor que le dé la sociedad al conocimiento que generan.

Hoy en día se considera que tener unos conocimientos básicos del pasado es imprescindible para la educación de una persona, de ahí que la Historia esté presente en los planes de estudio del mundo desarrollado, y que la educación sea una de las salidas profesionales básicas del historiador.

Más allá de la educación obligatoria, el conocimiento del pasado es optativo en la sociedad. Hay entornos en que los datos que ofrece la Historia son muy valorados. Uno de ellos es el entretenimiento, ya que el ser humano tiene un acusado sentido de la curiosidad y los cambios producidos a lo largo del tiempo son sorprendentes. Otro de ellos es el reconocimiento social, ya que saber del pasado es obligatorio en el mundo de hoy para ponerle a una persona la etiqueta de “culto”, y eso crea un mercado de “comunicación de conocimientos históricos” (libros, revistas, documentales, webs, visitas turísticas) a públicos amplios. Otro entorno es la política, ya que el pasado de nuestra comunidad humana o de nuestras ideas nos mueve a entregar el poder a un partido político u otro.

Hay otros entornos donde, en cambio, los conocimientos históricos no son valorados: entornos sociales consumistas, numerosos entornos empresariales, etc. Eso no quiere decir que se desprecie a la Historia, sino que las técnicas y conocimientos que domina el historiador no tienen uso práctico en esos mundos, o lo tienen muy limitado y por eso no se valora.

Entonces, ¿ser historiador significa que no tienes muchos lugares donde trabajar?

Depende.

Para empezar, el ser “culto” no le sobra a nadie, y es apreciado informalmente. Los problemas surgen de la imagen social de la Historia profesional, cuya actividad parece limitada a la enseñanza, el entretenimiento o la investigación.

La mejor manera de contrarrestarla es vendiendo las habilidades y técnicas del historiador, que sí son transmitibles a otros trabajos: capacidad de documentación, comunicación, investigación, análisis, organización, idiomas, etc. Estas habilidades y técnicas pueden ser perfectamente complementadas con las de otras profesiones (manejo de herramientas informáticas, gestión y creación de empresas, etc…), lo que nos produciría un profesional muy completo, pero a costa de abandonar el mundo de la Historia como investigación o educación y de aprender una segunda profesión.

 
No me interesa. Yo quiero ser historiador puro y duro.

Perfecto. Si descartamos el mundo de la educación, que tiene además un fuerte componente vocacional y exige también el dominio de la pedagogía, nos queda el mundo de la investigación. A día de hoy esta investigación esta financiada en su inmensa mayoría por el dinero público, que por su propia naturaleza es siempre limitado. La investigación pública desde hace dos siglos ha creado una infraestructura de profesionales que hace un doble trabajo: alta educación e investigación profesional.

Estos profesionales, por la naturaleza de su trabajo, tienen una vida profesional larga y una dedicación exclusiva. Las consecuencias positivas son unos resultados de investigación de calidad. Las consecuencias negativas son la creación de unos entornos de trabajo monolíticos, ya que las personas siguen en su puesto de trabajo durante décadas, con el riesgo de que se apropien del espacio público para su uso exclusivo personal. Además, la falta de fondos, los puestos de trabajo monolíticos, y la difícil aplicación práctica de los conocimientos generados por esos historiadores hacen que la sociedad demande un número escaso de historiadores para satisfacer sus necesidades.

Por consiguiente, si uno quiere ser historiador-investigador tiene que ser consciente de que el mercado de trabajo es muy reducido, y que el corporativismo dentro del escaso número de profesionales que lo practican es muy grande. Con lo cual las dificultades para formar parte de ese mundo profesional son enormes.

Entonces, si es tan difícil trabajar de esto: ¿por qué hay tanta persona que estudia historia en la universidad?

Hay gente, con una cierta edad y con una vida profesional resuelta, que quieren enriquecerse culturalmente y ven en los conocimientos históricos un excelente camino para autorrealizarse.

Otra cosa es la gente joven que, ante la presión social por tener una carrera universitaria, deciden embarcarse en 4-5 años de estudio exclusivo de la historia. A esas edades se toman decisiones por impulsos, gustos e idealismos, y tampoco hay mucha información disponible. Si se dijese claramente que estudiar historia implica el estudio de una segunda profesión para salir adelante, muchos estudiantes se plantearían estudiar directamente la profesión “alimenticia” y luego ya se “enriquecerían” con la Historia. Y si fuesen públicos los datos de integración laboral, por ejemplo en el sector de la investigación, se podría contrarrestar el idealismo juvenil del “sé que es muy difícil, pero aún así yo seré de esos pocos que triunfarán”.

A esto se añaden unas condicionantes sociales que afectan a más disciplinas. Una, ya mencionada, es la presión social por tener un título universitario, a pesar de que estas titulaciones en el mundo de hoy son una “commodity”, es decir, algo que no te distingue positivamente por tenerlo pero sí negativamente por no tenerlo. Otro, un sistema educativo anticuado que enseña durante años habilidades obsoletas que no son valoradas en el mercado de trabajo. Otro más, un mercado de trabajo que exige (y obtiene) profesionales eficaces al menor precio posible porque le interesa más el volumen de ingresos (que benefician a los dueños de las empresas) que la calidad de lo que sé produce (que beneficiarían al conjunto de la sociedad). Y otra más, un entorno político que busca satisfacciones rápidas y superficiales que anestesien cualquier movimiento que aspire a la mejora de la sociedad fuera de los cauces establecido por el poder. Uno de esos métodos es mantener indefinidamente a la gente joven en el sistema educativo, para retrasar lo máximo posible su incorporación a un mercado de trabajo insatisfactorio y que podría provocar crisis sociales.

Estoy confundido. ¿Qué me aconsejas, ser historiador o no?

Depende de nuevo. Es una decisión personal, y tener buena información es clave.

Si decides ser historiador debes saber que la salida profesional con mayor oferta laboral es la enseñanza. En ese sector tratarás con la Historia a diario, pero a un nivel inferior a que tratarías si fueses investigador, porque tu obligación es transmitir y no generar conocimiento. Si la pedagogía te atrae, pues adelante, pero si te atrae la investigación y lo que quieres es ganar dinero para vivir la educación te puede frustrar, aunque siempre dispondrás de tiempo libre para dedicarte a ello en plan amateur.

Si decides ser investigador hay que tener en cuenta que el mercado de trabajo te va a exigir muchísimo (obtener un doctorado, investigar y hacer publicaciones, probablemente ir a vivir al extranjero) sin garantías de que seas un candidato con posibilidades de ser elegido para un puesto de trabajo, ya que estos son escasos, suelen estar muy alejados físicamente de tu lugar de residencia, y las personas que toman las decisiones ponen por encima sus relaciones sociales o de poder antes que la valía profesional de la persona que se contratra. A cambio de tantas dificultades se obtiene un trabajo tremendamente satisfactorio, y con escasas responsabilidades sociales.

Luego está el camino de la historia-entretenimiento, y eso implica compaginarlo con una segunda profesión que habrá que aprender: literatura, mundo audiovisual, informática, periodismo, etc. Es también un camino satisfactorio, pero las ofertas de trabajo no salen como “historiador” sino como técnico en otras disciplinas.

Y finalmente está el camino “habilidades y capacidades”. Es decir, se abandona por completo el ejercicio de la historia-investigación, y se rescata lo que uno sabe hacer para aplicarla en una segunda profesión que habrá que aprender y dominar. Por ejemplo, se usa la capacidad de investigación para trabajar en consultoría, junto con el dominio de herramientas informáticas e idiomas. También es un paso duro porque significa abandonar una vocación (muchas veces con la sensación de haber perdido el tiempo), aprender (y ya con unos añitos) otra profesión, empezar de cero en otro mundo laboral, sufrir desprecio social por los años invertidos en haberse formado y ejercido como historiador (que no son reconocidos), y entrar en el mercado de trabajo actual que es cruel, ofrece malas carreras profesionales y con sueldos bajos a pesar de la alta capacitación de los trabajadores. La parte buena es que hay un mayor contacto con la sociedad y sus demandas (algo imposible en el mundo “entre algodones” de la investigación pública), y que hay una mayor oferta de empleo que con un simple título de “historiador”.

También está la parte emprendedora, que es que con los conocimientos combinados empresa-historia uno se plantee el romper moldes y reestructurar el funcionamiento de la empresa que le emplea o crear una empresa propia que utilicen las habilidades del historiador. Eso sería ideal para nuestra disciplina ya que aplicaríamos nuestras habilidades, estaríamos en contacto con las necesidades de nuestro mundo, ganaríamos valor ante la sociedad, crearíamos empleo y generaríamos nuevo conocimiento.

No hay un camino ni mejor ni peor. Lo único que está claro es que desarrollarse profesionalmente es muy duro y exige , además de trabajo, imaginación y probar por nuevos caminos. Además, como el mundo de la Historia no tiene una aplicación práctica evidente a primera vista, hay que apostar mucho esfuerzo y tiempo por ella para sacarle sus rendimientos sociales y económicos. El premio es la satisfacción. El precio, muchos sacrificios.

9:30 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo | Enviar comentario (1)

viernes, 16 de marzo de 2007

Si el ser historiador es un fracaso en España, qué decir de la situación en Iberoamérica. Para muestra aquí van las 3 últimas perlas del debate "Historia y Trabajo" de la maravillosa web de opinión "Historia a Debate". Espero que nos hagan reflexionar.


Saludo a todos soy un joven chiapaneco egresado de la carrera de historia y hoy 1 de febrero de 2007 cumplo un año de haberme titulado, en La Universidad Autono de Chiapas Facultad de Ciencias Sociales y bueno estoy desempledo tras pasar un año entero buscando trabajo. Solo púde trabajar dos meses un mes como capturista y otro como bibliotecario de una universidad privada y ahora pienso si en verdad la historia en chiapas tiene un futuro alagador. Esta carrera en chiapas no lleva ni 20 años soy parte de una 5 generacion de la escuela creo que todavia falta por egresar la 10. En mi afanosa busquedad de empleo me ha pasado de todo desde la burla al no creer que la historia sea una carrera profesional hasta que en los pocos espacios existentes para ocuparnos esten cerrados para muchos y abiertos para muy muy pocos.

Victor Manuel Martinez Sumuano
Universidad Autonoma de Chiapas. Mexico

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Saludos,veo tu preocupación con aprehensión tu situación y debo señalar que en otros paises americanos la situación no la creo mejor como tú bién lo dices se le ha dado cabida a otros profesionales que nada tienen que buscar , provocando necesariamete la no incorporación de los profesionales del ramo , dejando este importante conociemto en manos de personas que no se identifican con la carrera.

En mi país Venezuela la Escuela de Historia de la Universidad Central (fundada en el siglo XVIII por Real cedula de Carlos III) , hace cinco años no tenía mas de doscientos alumnos y va en franco descento de la matrícula, ya que sus egresados no tienen campo.
 
Miguel Stabile
U Simón Bolívar
Caracas
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Excelente comentario de Víctor Manuel Martínez y no solo es el problema del compañero, es el de muchos que estudian la historia y otras carreras sin posibilidad de empleo, en una América Latina que a diferencia de Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Brasil, esta inmersa en el neoliberalismo que solo produce desempleo, miseria.
 
Gerardo Badilla Alvarez
Universidad de Costa Rica


7:28 | gestionado por Miguel Ángel López Trujillo |