Seguro que estaréis de acuerdo en que es mucho más agradable trabajar con alguien con quien se comparte algo más que un interés profesional. En mi opinión, una de las mayores recompensas de trabajar en proyectos internacionales, más allá del aprendizaje profesional, es el enriquecimiento personal de conocer gentes de diferentes países, con diferentes culturas y formas de trabajar y de vivir.
Por otra parte, una relación amigable y de confianza entre los diferentes participantes puede ser fundamental para asegurar el éxito de un proyecto. Aunque no sea un área ortodoxa de la gestión de proyectos, el gestor o coordinador no debería perder de vista el componente social de un proyecto.
Además, una vez terminado el proyecto, es a menudo la experiencia personal más que los resultados lo que determina la voluntad de continuar trabajando juntos, en nuevas colaboraciones.
¿Cómo favorecer las buenas relaciones dentro del proyecto? En primer lugar, realizar al menos un social event en cada una de las reuniones que se mantengan. Lo más habitual es organizar una cena, pero si la reunión dura tres o cuatro días, podemos tomarnos una tarde libre para visitar la ciudad donde nos encontremos o los alrededores. Lo mejor es dejar esto en manos del organizador local, pero no está de más que el gestor del proyecto se interese y proponga alguna alternativa. Igualmente, al final de cada jornada puede ser una buena idea salir a dar un paseo, tomar un refresco o una copa, y dejar a un lado la tensión del trabajo. ¡Es en estos momentos en los que se nos suele ocurrir cómo solucionar el problema que nos ha tenido ocupados todo el día!