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viernes, 28 de noviembre de 2008

Mañana sábado 29 de noviembre comienza la vigesimosegunda Feria del Libro de Guadalajara, y aunque puedan ser muchas las novedades y variadas las discusiones que se mantenga, yo doy por hecho que uno de los asuntos más relevantes por irreversibles será el de la presentación del sistema Global Content Manager, o gestión global de contenidos, que implica la remodelación y reestructuración de gran parte de la cadena de valor editorial tradicional y, también, la mejor y mayor satisfacción del cliente final.



Bajo el título "eBooks: Dispositivos de Lectura y Comercialización de Contenido Digital. Cómo hacer negocio con el libro electrónico", el martes día 2 a las 12 horas en el Salón Alfredo R. Plascencia, en el Centro de Exposiciones Expo Guadalajara, se hablará, entre otras cosas, de la consunción de un sistema predigital de producción industrial y de distribución indisociablemente ligado -que implicaba, entre otros muchos efectos indeseables, la sobretirada, la devolución, el agotamiento, la descatalogación, el stockage y la amortización temprana de las existencias, los sobrecostes industriales y la insostenibilidad financiera-, y del alumbramiento de una nueva estrategia de fundamento digital que promete (y parece poder cumplir) acabar con cada uno de las secuelas y achaques mencionados.


Los sistemas de "gestión global de contenidos", que así lo llama una de las empresas que más pronto y valerosamente apostó por la vía digital, Publidisa, digitalizan, custodian originales, almacenan virtualmente, sirven contenidos en formatos electrónicos, comercializan bajo demanda en formato papel a través de la web del editor o del librero, convirtiendo en conceptos añejos y obsoletos las sobreimpresiones, las devoluciones cancerígenas, la acumulación inservible e incremental de las existencias, el páramo de los agotados e indisponibles, la paralización de la cultura y de la memoria cultural. Porque, de hecho, en el fondo, la industria editorial, siguiendo ese comportamiento predigital, se convierte, involuntariamente, en una lacra para la circulación de la cultura e Internet es, más allá de una tecnología, una manera nueva de hacerla resurgir, circular, disfrutar.


La conocida y admirada Librería Gandhi, en México, será una de las primeras librerías latinoamericanas en ensayar el sistema de gestión global, en la convicción de que los viejos tiempos solamente son eso, pretéritos y trasnochados.

8:13 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (0)

jueves, 27 de noviembre de 2008

El Ministerio de Cultura español ha lanzado una campaña,artera y engañosa, con la sibilina reduplicación de siereslegalereslegal. Para que no quepa lugar a dudas sobre la antinomia falaz que propone (se ve mejor en la pleyade de carteles que han colgado en todas las estaciones de ferrocarril y metro en Madrid), un gracioso símbolo de copyright (con la boca de la C abierta hacia la derecha) se gira progresivamente (hasta adquirir el aspecto de una C invertida que denota el símbolo del Copyleft) hasta convertirse en un rostro exaltado y sonriente que celebra la supuesta legalidad.



En la página promovida por el Ministerio para alentar la confusión, puede encontrarse un decálogo de razones que pretenden explicar las mentiras a las que estamos expuestos, en un ejercicio que solamente puede comprenderse si el objetivo es sembrar el desconcierto sin atenerse a lo que la Ley de Propiedad Intelectual española dice. No hace falta ser abogado ni jurista profesional para comprender la extensión y significado del artículo segundo: "La propiedad intelectual está integrada por derechos de carácter personal y patrimonial, que atribuyen al autor la plena disposición y el derecho exclusivo a la explotación de la obra, sin más limitaciones que las establecidas en la Ley".



Eso quiere decir que un autor bien informado,  al que se le haya advertido de que en el ejercicio soberano de su potestad puede disponer de sus contenidos como le parezca oportuno (desde la aplicación del copyright estricto hasta su plena liberación o renuncia patrimonial pasando por diversos grados de difusión o disponibilidad), y al que se le haya advertido que es meramente una ficción el imaginar que alguna vez vaya a vivir de los derechos que sus textos o escritos puedan llegar a generar (tan solo un 3% de los autores afiliados a CEDRO lo hace), y que sea finalmente consciente de los beneficios que puede obtener liberando y exponiendo su obra públicamente a los ojos de quien pueda estar interesado, puede rechazar con pleno conocimiento el uso acrítico del copyright.

Probablemente sea demasiado pedir a un Ministerio o una institución que tiene como mandato gestionar los derechos derivados de la aplicación estricta de un tipo de licencia, que practiquen una pedagogía integral que muestre a los autores y los usuarios el conjunto variopinto de posibilidades que la ley permite, pero, afortunadamente, existen medios para enterarse de lo que se oculta con cierta premeditación. Joost Smiers presentó esta semana en Madrid su nuevo libro, Imagine no copyright, en una evocación lennoniana. En un artículo previo donde Smiers expone sus convicciones sintetizadas, "Abandonar el copyright: una bendición para los artistas, el arte y la sociedad", podemos leer una contrapropuesta razonada que desvela la mentira de las supuestas diez mentiras ministeriales: "El copyright otorga a las corporaciones culturales un control absoluto y abusivo sobre el uso y distribución de un número cada vez mayor de representaciones artísticas que se traduce en unos enormes beneficios económicos: deciden unilateralmente lo que vemos, escuchamos o leemos y en qué entorno lo hacemos, determinando no sólo nuestra sensibilidad estética, sino nuestra concepción de la realidad. Joost Smiers –autor del polémico Un mundo sin copyright (Gedisa, 2006)– y Marieke van Schijndel defienden que es posible configurar una situación de igualdad de condiciones –es decir, un mercado sin copyright y sin el dominio de un reducido número de corporaciones culturales–, un nuevo paradigma en el que puedan prosperar múltiples formas libres de expresión artística sin poner en peligro el derecho de todos a ganarse la vida y la salud de nuestras democracias. La afirmación de que tanto los creadores como el dominio público se beneficiarán enormemente de la supresión del copyright es un mensaje que no se suele oír. Smiers y Schijndel demuestran que un mercado en igualdad de condiciones puede beneficiar los intereses de un gran número de creadores que en la actualidad no perciben ni un céntimo por sus creaciones y recuperan con vigor la idea de que, como ciudadanos, podemos incidir decisivamente sobre la estructura de las condiciones de producción, distribución y promoción de las expresiones artísticas y, por consiguiente, sobre la vida cultural de nuestras sociedades".

siquieresserlegalleeeinformate.com

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miércoles, 26 de noviembre de 2008

De forma involuntaria pero no inesperada, Roberto Saviano se ha convertido, junto con Salman Rushdie, en símbolo o icono de los escritores perseguidos, es decir, del pensamiento perseguido, de la expresión lúcida y el análisis comprometido contra las abominaciones del crimen organizado y la extorsión como sistema tolerado de governanza global, antidemocrática. En una entrevista exclusiva en el diario The Guardian, Saviano había precisado ya cuál es el asunto central que a todos nos atañe: "se trata de la libertad de expresión", reconocía ante el periodista que le entrevistaba "pero, sobre todo, se trata de la libertad del lector, porque lo que me ha puesto en peligro es la lectura. Si lo que he escrito no hubiera acabado en manos de 20.000 personas, no habría generado ningún problema. Lo que me ha puesto en peligro es que, por mi causa, millones de personas han decidido tomarse cierto interés en cosas que a mí me interesan".


Autor de Gomorra, el libro denuncia, el libro contra quienes gobiernan la vida de millones de personas sin plebiscito democrático o, al menos, sin otro reconocimiento que el que la fuerza y la brutalidad concitan, dijo ayer en una entrevista que mantuvo en Estocolmo con Rushdie:

"Hoy hay muchos canales en el mundo para expresarnos, como por ejemplo la televisión o Internet, pero eso no debe confundirnos. Ya saben ustedes lo que se dice: cuando hay una inundación, lo primero que falta es el agua potable".


Hoy prefiero agregar esta entrada a la anterior, para amplificar su sentido, y callarme por un día, buscando a tientas el agua potable en la red.

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lunes, 24 de noviembre de 2008

De nada valdrían los soportes, los nuevos o los antiguos, si no pudiéramos utilizarlos para expresar aquello que deseáramos y tuviéramos la oportunidad de propagarlo sin restricciones, sin temer por nuestras vidas, por nuestra integridad, por nuestro patrimonio y nuestros allegados. Podemos seguir teorizando sobre las ilimitadas potencialidades de los soportes digitales como plataforma de comunicación irrestricta o sobre la salud rebosante de la industria editorial y de las ferias internacionales donde los intercambios comerciales prevalecen, pero mientras casi un centenar de escritores sigan padeciendo fementidamente en el mundo persecución y encarcelamiento, tortura y escarnio, lo más esencial de nuestras libertades habrá sido también encarcelado.



La asociación internacional con sede en Londres Writer in Prison pretende, gracias a la diseminación de sus voluntarios en más de cincuenta países en todo el mundo, alzar la voz para proteger a quienes han sido injusta e ilícitamente encarcelados mediante argumentos arteros que atentan contra el derecho fundamental de la libre expresión. No es casualidad que la mayoría de encierros y confinamientos se produzcan en aquellos países (Cuba, China, Burna, Turquía) cuyos sistemas políticos, dictatoriales, no admitan la más mínima disonancia o desacuerdo, la más pequeña discordancia con el discurso monolítico del aparato estatal.



Según el informe del año 2008 que Katja Behrens presentó en la última Feria de Frankfrut, durante el año 2007 padecieron casi 900 escritores de diversos quebrantamientos: 18 autores asesinados; presumiblemente asesinados 37; desaparecidos 18; encarcelados 217; procesados 155; detenidos temporalmente 109; amenazados de muerte 231; maltratados 104; secuestrados 4; y la noticia más esperanzadora, gracias, entre otras cosas, a la intervención de la red de Writer in Prison, 94 liberados.



Es posible, sin embargo, que estas cifras sean excesivamente optimistas, y que la realidad cotidiana en los países que conculcan sistemáticamente las libertades individuales sea mucho más comprometida, tal como muestra la página del Independent Chinese Pen Center, que recoge y denuncia el encarcelamiento de 48 escritores; o si consultamos la lista de los escritores recluidos que mantiene el PEN Club de New York.



En los años 90 se construyó el malogrado y espirado Parlamento Internacional de Escritores cuyo órgano de expresión, Autodafe, pretendía, entre otras muchas cosas, generar una red de ciudades refugio donde los escritores hostigados pudieran reconstruir sus vidas. Hoy los nombres de José Luis García Paneque, Normando Hernández González, Huang Jinqiu, Dolma Kyabo tantos otros, siguen diciéndonos que mientras ellos no sean plenamente libres nosotros no lo seremos tampoco, y que mientras no utilicemos la potencia de los medios electrónicos para denunciar el quebrantamiento de sus vidas, todo será chachara digital.

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jueves, 20 de noviembre de 2008

Hoy hemos atisbado todos los que nos dedicamos al libro un rayo de esperanza en la justa recompensa que han recibido un grupo de pequeños y jóvenes editores independientes. Podrá discutirse hasta la saciedad si no habría más editores independientes que hubieran merecido un reconocimiento similar, pero desde luego, en este caso, son todos los que están. Contexto, tal como ellos mismos anunciaban en su página promocional, "nace de la iniciativa de las jovenes editoriales independientes Libros del Asteroide, Barataria, Global Rhytm, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso con el objetivo de promover conjuntamente sus catálogos y desarrollar, a través de muy diversas iniciativas, otros proyectos relacionados con el mundo editorial". Hoy han recibido el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial 2008.


En el año 2002 la editorial Archipiélago que yo dirigía junto a Amador Fdez.-Savater, publicamos un número titulado Editar en tiempos de gigantes, un número que trataba de razonar justificadamente sobre la esencia y necesidad de la edición independiente. Como homenaje actual a la vigencia del proyecto de Contexto, y como homenaje postrero (y póstumo) a Archipiélago, rescato la introducción que escribí en aquel número e incluyo de manera permanente, como recurso bibliográfico a disposición de los lectores, las contribuciones de algunos de los más importantes editores nacionales del siglo XX y de algunas otras figuras internacionales: Manuel Borrás, Jorge Herralde, Alejandro Sierra, Mauricio Jalón, Alfredo Ladman, José Antonio Sánchez Paso, Luis Suñén, Constantino Bértolo, Klaus Wagenbach y Bertrand Py.


Claro que existe la edición independiente, vaya esta afirmación por delante como respuesta, por una parte, a los últimos debates y porfías entre editores y empresarios culturales en torno a la vigencia o no de esta concepción del trabajo editorial y, por otra parte, como divisa de este número que Archipiélago dedica a la labor de los editores que entienden su labor como un compromiso cultural e intelectual a largo plazo asumiendo en su trabajo volcado hacia el futuro la creación y formación de sus potenciales lectores y los riesgos inherentes a las inversiones de una empresa cultural incierta, frágil y, a menudo, tentada por valores conservadores y comerciales.

No quiere decir esto, porque se trataría de una simple ingenuidad o de una hipérbole interesada, que la edición independiente sea intrínsecamente una edición de calidad, pero negar su existencia o intentar igualarla a otras modalidades de la edición sería tanto como decir que existe una sola lengua con un único término indiferenciado, y estaremos todos de acuerdo en que desde los orígenes de la lingüística algo quedó, por lo menos, inequívocamente claro: que los términos de un sistema son solidarios pero su valor distintivo proviene y resulta de la presencia simultánea de los otros. Lo mismo ocurre en el campo editorial, cada vez de manera más clara y evidente si cabe: existe la edición de vanguardia, la que defiende, busca y promociona a la vanguardia artística, la que acoge los valores del experimentalismo y las nuevas tendencias, la que explora nuevas vetas –lenguas, geografías, etc.- haciendo en buena medida de la necesidad virtud porque existe la edición comercial basada en la publicación de títulos, autores y temas populares, asequibles, consabidos; existen las editoriales que asumen y aceptan que las empresas culturales son empresas de producción de ciclo largo, empresas arriesgadas y expuestas a la incertidumbre porque existen empresas editoriales que conciben la edición como un negocio de ciclo corto, a un plazo extremadamente breve, en el que las inversiones realizadas deben proporcionar rápidos y crecientes rendimientos; existe por tanto la edición volcada hacia el futuro y la producción de libros basada en la inmediatez, el long-seller y el best-seller que a muchos gusta llamar libro de impacto seguramente porque es agresivo como un arma arrojadiza; existe la edición de