No creo que sea excesivo afirmar que en España apenas existe la formación editorial, lo que no deja de ser una paradoja para una industria que pasa por ser la primera en su ámbito, el cultural: existe formación reglada para los periodistas, para los cineastas y, por su puesto, para los amantes de las bellas artes, pero nada similar ocurre en el ámbito editorial. La cuestión es tanto más grave cuanto en tiempos de transformación y convulsión digital como el que vivimos, las competencias y conocimientos de los editores debería renovarse y alinearse con lo que las editoriales van a necesitar en los próximos lustros. Más que de formación editorial casi podría hablarse de deformación editorial.

En el último programa radiofónico de
Libros al aire, un programa de Crisol de Culturas para
Radio Círculo y
Radio Bogotá dirigido por Jenny Alexandra Rodríguez, tratamos precisamente de un asunto que carece de explicación plausible y racional: ¿cómo es posible que un sector como el editorial carezca casi por completo de una formación reglada cuando su facturación justificaría una educación sistemática y continua de sus profesionales? No hace falta saber demasiado del tema para caer en la cuenta, además, de que esa formación, de existir, debería mantener las pericias y conocimientos tradicionales implicados todavía en el desarrollo de los productos editoriales añadiendo todas aquellas enseñanzas y preparaciones que la era digital trae consigo.

En nuestro país, al menos, las escalas teóricamente más básicas, las relacionadas con la formación de los profesionales de la preimpresión y la producción, están bastante bien cubiertas porque forman parte de los ciclos de formación profesional, y hay
institutos y profesores muy comprometidos con esa docencia. También existen cursos de postgrado específicos que abarcan áreas muy especializadas, como pueden ser los máster vinculados al
diseño y gestión de la producción gráfica o
corrección y calidad lingüística, por poner solamente dos ejemplos de la proliferación de una oferta muy ceñida a objetivos específicos. Existen, finalmente, escuelas de formación de calidad muy diversa que con más ahinco que éxito luchan por ocupar un espacio dentro de la formación del sector editorial, en algunos casos mediante extrañas concesiones de los respectivos gremios, y me perdonarán si no doy nombres.
Silvia Senz se queja desde hace mucho tiempo, reiteradamente, no tanto del arribismo y el amateurismo como de la desprofesionalización y menoscabo de los profesionales del sector, algo por demás agravado por la progresiva falta de interés de los gremios en la formación de sus empleados.

Hay tres reglas para escribir una buena novela. Desafortunadamente, nadie sabe cuáles son. Esa broma de editores británicos define bastante bien nuestra formación editorial actual: existen tres reglas para editar un buen libro. Desafortunadamente, nadie sabe cuáles son, podría replicarse sin demasiado margen de error. La
ANECA, en España, no dispone por otra parte de ningún baremo que mida la calidad de los títulos de postgrado, de manera que el único ranking oficioso contrastado es el que publica anualmente el diario
El Mundo con sus
250 Máster más destacados divididos por áreas de conocimiento.
Entre los de letras y humanidades, en los primeros puestos, figuran, precisamente, dos Máster en Edición, seguramente -sin desdoro de los demás- los únicos dignos de tener en cuenta, por la consistencia de su planteamiento pedagógico, la calidad y profesionalidad de sus profesores y el índice de inserción laboral que procuran. Aún así, la presbicia de las empresas privadas hace peligrar el único reducto de la formación editorial seria en nuestro país.
Con algo de suerte -y lo dejo para mejor momento- quizás podamos ver en los próximos años una oferta formativa bien estructurada, que forme a los editores polivalentes del futuro, en instituciones y lugares expresamente construidos para eso.