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lunes, 06 de julio de 2009

Pues sí: de aquellos barros vienen estos lodos, editorialmente hablando, claro. A nadie que conozca mínimamente el sector editorial le han podido chocar las cifras hechas públicas el viernes de la semana pasada y aireadas, con diversa fortuna y conocimiento, por los medios escritos de comunicación: un descenso de facturación, hasta junio de este año, en torno al 10%, con devoluciones que en el primer trimestre, tras la locura transitoria navideña de novedades y aguinaldos, pudieron llegar hasta el 50%. No se trata de que los libreros hayan padecido un trastorno psíquico transitorio o que hayan formado una coalición por las devoluciones masivas (CODEMA) -como se ha querido explicar en un regate táctico por parte del sector-, sino de la erupción definitiva de un trastorno estructural largamente anunciado.



Los demasiados libros es el título de aquel libro tantas veces citado de Gabriel Zaid y tan pocas veces aplicado o practicado. Con una cifra cercana a los 73.000 ISBN en el 2008 y un índice de compra y lectura inamovible, estancado, decreciente incluso; con una inercia industrial imparable, que sigue prefiriendo tirar el doble, soportar los sobrecostes industriales, almacenar las devoluciones y financiar los costes, antes que detenerse a pensar en la manera en que las tecnologías digitales pueden ayudarles a racionalizar la impresión y la difusión; con muchos editores independientes atrapados en el diabólico ciclo de financiación tradicional de novedades y devoluciones, que no pueden dejar de hacer girar porque si no los platillos caerían hechos pedazos; con una industria muy individualista, ajena casi por completo a las soluciones gremiales que convengan a todos (y el anuncio de la coalición digital entre Random House, Santillana y Planeta no deja de ser un parche transitorio), aunque la tengan a mano y no sea especialmente difícil de implementar; con un mercado latinoamericano estacionario y unas perspectivas de crecimiento europeas o norteamericanas en la exportación mesuradas; (y por sacudir a todos, ya puesto), con un gremio de libreros alérgico, en buena medida, a las nuevas tecnologías y a su implementación en los puntos de venta, con todo eso a nadie puede extrañarle que las cifras anunciadas no sean sino una afección largamente incubada.



No presumo de tener soluciones sencillas ni escatimo elogios a todos aquellos que llevan pensando tiempo en la necesidad del cambio, pero las estadísticas revelan que si no somos nosotros los que propiciamos rápida y decididamente la transformación que se nos demanda, es posible que tengamos que conformarnos (los dioses no lo quieran) con los articuentos telefónicos.

"Los demasiados libros son un hecho central para entender el problema del libro, contra los diagnósticos y remedios convencionales", decía Zaid. Quizás de esos barros poco atendidos vienen estos lodos editoriales.

6:22 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (2)