LoginRSS 2.0 Feed

Tusquetiana

Enviado el viernes, 19 de junio de 2009 5:42

Este fin de semana Beatriz de Moura celebra sus cuarenta años de editora en una fiesta a la que asistirán muchos de sus autores. La semana pasada Fernando Aramburu, el autor de Fuegos con limón, valoraba en El Cultural su relación con su editora no tanto por el hecho de que su original fuera hace ya tiempo aceptado y editado, sino por la calidez de la relación personal, por el interés sincero demostrado por la artífice de Tusquets. En El autor y su editor Unseld relató su larga relación personal y profesional -indiferenciables- con algunos de los más acreditados creadores del siglo XX, un vínculo o una aleación de confianza e interés mutuos a lo largo de una vida y una obra, un proceso de maduración y crecimiento compartido, una demostración de fidelidad aún en las horas más bajas y más duras -de uno o de otro-. La sensación que siempre he tenido las ocasiones que he tratado a Beatriz de Moura es que su demostración de interés y afecto a Fernando Aramburu -al resto de sus autores- no es fingida, sino profundamente sincera, una de las pocas editoras que siguen demostrando la franca estima por sus autores, por sus obras, lo que no es poca cosa en los tiempos que corren. Decía Aramburu en "Pan de higo": " Acostumbrado al editor de provincias que nos sujeta a deuda eterna porque propició la publicación modesta, mal distribuida y peor remunerada de unos textos juveniles nuestros, me asombró que Beatriz (editora de algunos genios) se mostrara agradecida conmigo".


Esta es una nota breve y estrictamente personal de homenaje a quien considero una de las grandes editoras en lengua española del siglo XX y de, todos esperamos, varios decenios del siglo XXI. Su catálogo, construido durante curenta años, es como un gran árbol de raíces profundísimas que ha crecido frondoso, tupido y denso de autores, líneas de creación y pensamiento, títulos indispensables. Si uno padece la modesta afección de encontrar placer en hojear los viejos catálogos de las editoriales, encontrarán que el de Tusquet es inabarcable, un cofre insondable repleto de tesoros y continuas sorpresas, desde la radicalidad del pensamiento francés de los años 60 a la mejor literatura contemporánea; desde la ciencia más inquietante hasta la poesía más sublime; desde las memorias gozosamente recuperadas, hasta el sexo más salaz o refinado. Por si eso fuera poco, disfrutamos de esa riqueza a los dos lados del Atlántico, en un lazo cultural que nos une impagable.



He tenido la oportunidad de compartir una mesa con Beatriz de Moura en dos ocasiones: en la primera aceptó una invitación para compartir una tarde con tres jóvenes editores que velaron sus armas ante su atenta y solítica vista. De ese encuentro recuerdo, agradecido, que nos contara sin sonrojo y con todo desembarazo que se había arruinado tres veces; que había persistido tercamente, aún con todo, en su alocado empeño; que había intentando al menos en dos ocasiones aliarse tácticamente con dos grandes grupos editoriales y, afortunadamente, las cosas habían ido mal, le habían obligado a persistir en su independencia; que antes era más fácil editar, porque todo estaba por hacer, y que su valor en comparación con la valentía de los nuevos y jóvenes editores era pequeña; que perseguir los propios sueños con ahinco parece ser la única fórmula de concitar la felicidad.



A mi me pareció, sin duda -además de su pasado de mujer culta, de la izquierda caviar catalana, hija de diplomáticos brasileños afincados en España-, una mujer feliz, conforme con su condición y sus logros, sin alharacas, sincera.



La última vez que tuve la suerte, fortuita, de compartir una mesa, fue en la entrega del Premio de la Fundación Lara que obtuvo Isaac Rosa. No le correspondía sentarse a mi lado -tenía reservada su silla en la mesa de los más notables invitados-, pero decidió cambiar su asiento y compartir casi dos horas de entusiasta conversación conmigo, y volví a percibir el mismo afecto inconmovible y veraz por sus autores: me contó, por ejemplo, cómo le llegaron los originales de Ramiro Pinilla y cómo pasó un verano completo leyendo los originales inéditos, alborozada por la calidad del texto. Y Beatriz de Moura irradiaba el mismo interés, después de cuarenta años de oficio, que hubiera podido manifestar un joven editor recién llegado al oficio. Esa misma experiencia ha sido relatada en algunas otras ocasiones, con otros autores desconocidos en su momento -Conversaciones con editores-, la experiencia de la sorpresa renovada por la literatura de calidad y el agradecimiento del editor por convertirse en el canalizador de ese texto.

Solamente tengo dos reproches que hacerle a Beatriz: que no me haya invitado a la fiesta y, sobre todo, que no me haya descubierto (todavía).



Compartir:

añadir a furl añadir a del.icio.us añadir a technorati añadir a blinklist añadir a digg añadir a google añadir a stumbleupon añadir a yahoo añadir a meneame ¿Qué es?

Enviar Comentario
Titulo
 
Nombre
 
Correo electrónico
Comentario  
Por favor, escriba el código que ve a su izquierda (en mayúsculas):