Los norteamericanos denominan al fenómeno de la creación colectiva de contenidos como la encarnación de un hecho incontrovertible:
we are the media, nosotros somos los medios, no somos ya, meramente, receptores indiferentes sino agentes creadores. Que se lo digan si no a los encargados de
Encarta, que han tenido que tirar la toalla ante el empuje irrefrenable de la Wikipedia y de otros proyectos de generación agrupada de conocimiento. El desdén hacia esas manifestaciones altruistas amparadas en licencias Creative Commons es una de las reacciones predecibles de los Grupos Editoriales, pero yo me tentaría la ropa y me andaría con cautela, examinando mi modelo de negocio, antes de despreciar la expansión irreprimible de la edición colectiva.

El caso de
World66, cuyo significativo alias es
la guía de viajes que tú escribes, representa, junto al caso de la Wikipedia y alguno de los mencionados últimamente en el ámbito de la educación, uno de los más acabados ejemplos de cómo los usuarios nos hemos convertido en aquello que tanto deseaba Roland Barthes, en autores-lectores, en agentes y usuarios, simultáneamente, sin dependencias ni intermediaciones editoriales, valiéndonos de las herramientas que la revolución digital pone en nuestras manos. Ya sabemos que otros autores, como Jenkins, denominan a este fenómeno, de manera a mi gusto enrevesada,
convergence culture, cultura de la convergencia, porque quizás en un entorno electrónico confluyan y se aglutinen bajo una única forma distintos medios y formatos manejados por personas que mezclan y remezclan contenidos originales para generar obras derivadas con otro valor.

De hecho la licencia bajo la que se difunde y comunican los contenidos abundantísimos de estas guías de viaje universales (149,869 artículos sobre 79,285 destinos) escritas por miles de usuarios es la de
Creative Commons Attribution-Share Alike 1.0 Generic, que permite, precisamente, que los contenidos se manipulen y combinen para generar obras derivadas cuya única limitación es de la volver a compartirse bajo las mismas condiciones citando la fuente de donde se extrajo el material original. El procedimiento es tan sencillo como abrir un cuadro de diálogo con un mínimo de herramientas de edición de contenidos para sumar nuestra contribución al patrimonio colectivo de los espíritus nómadas.

Mis colegas editores se preguntarán, una vez más, cómo se ganan la vida los desarrolladores y administradores de este sitio, y como hoy me siento generoso después de saber que uno de nuestros
imperios editoriales se tambalea pero no se derrumba, lo contaré,
porque es público: muchas empresas relacionadas con el mundo de los viajes han decidido introducir publicidad contextual en las entradas que los usuarios consultan, o bien han resuelto patrocinar el sitio para intentar vincular consistentemente la marca a un lugar de referencia para los espíritus inquietos.
Nosotros somos los medios, y mada va a hacer retroceder este fenómeno irresistible, así que convendría que los pequeños, medianos y grandes imperios editoriales pensaran no en la manera de contener la ola, sino en la mejor forma de navegarla. De nada.