Enviado el lunes, 16 de marzo de 2009 8:43
Nuestros vecinos franceses, si uno se toma completamente en serio el texto de Olivier Querenet en
Le Monde, piensan que a la edición tradicional le quedan los días contados, que una manera de entender y gestionar la industria del libro está en acelerado trance de desaparición y que si no empleamos la imaginación suficiente para reinventarnos seremos una especie más, como muchas otras, que desaparecerá, sin que la naturaleza se inmute. El texto, descubierto gracias a mi compañero de fatigas
Juan Carlos Marcos, se titula significativamente "
L'edition française au crépuscule?", donde el signo de interrogación final parece más bien una concesión retórica que una incertidumbre real, porque el texto no deja lugar a dudas.

La industria editorial tal como la conocemos y, particularmente, su vertiente dedicada a los libros de ficción impresos en papel que abastecen las librerías independientes tradicionales mediante el envío regular de una cantidad determinada de referencias, es más una supervivencia del pasado que una realidad con futuro. En esa cadena de valor predigital quienes más amenazados se encuentran son, sobre todo, los grandes saurios pero, también, algunos pequeños roedores: por la parte que corresponde a los grupos editoriales sobredimensionados, tal como recoge la última edición de
Le Monde Diplomatique y revela Pascual Serrano en "
El grupo PRISA se tambalea", el crecimiento de los grupos de comunicación no suele hacerse sin contrapartidas desagradables que acaban afectando a quienes menos lo merecen; los distribuidores, por su parte, que necesitan de una capitalización extraordinaria para abastecer a los puntos de venta tradicionales, verán cómo la revolución tecnológica, la distribución digital, la reducción del número de novedades, la desaparición progresiva de las pequeñas librerías y el encogimiento de la demanda, acaba afectando a una actividad estrechamente vinculada con un modelo más industrial que digital; los pequeños roedores, pequeños libreros que han subsistido más por pundonor que por provecho, acabarán aplastados por la caída sucesiva del resto de los agentes implicados en la cadena de valor tradicional.

Ese es el panorama que dibuja Querenet para la edición francesa pero, o mucho me equivoco, o el diagnóstico es perfectamente extensible: "el libro desaparecerá del paisaje de las pequeñas ciudades para subsistir en puntos de venta cuya superficie tenga entre 600 y 100 metros cuadrados para ser rentable [...] En consecuencia, pocos libreros, una concentración de distribuidores que no comportará una caída de los beneficios de los grupos de edición, un libro impreso que costará más y más caro por su rareza y cuyo transporte representará un coste prohibitivo, de manera que sus ventas serán aún más reducidas". Y por si el dictamen no estuviera suficientemente claro, termina: "es tiempo de que la edición francesa" (que cada cual agregue aquí su nacionalidad) "reaccione y se implique. Señores dinosaurios, perdón, señores editores, un poco de imaginación y de creatividad, antes de que otro mundo se ponga en marcha sin vuestra presencia".
Aviso para navegantes que no quieran perecer extinguidos por el impacto del meteorito digital...