Ayer comenzó una de las ferias del libro más antiguas del mundo, la de
Leipzig, poco conocida y menos aún transitada por editores españoles, pero con un valor simbólico nada desdeñable, porque desde 1632 hasta bien entrado el siglo XX, fue el centro indiscutible del libro en Alemania y, por ende, para buena parte de la comunidad editorial internacional. Este año se encuentran en sus stands, por primera vez, cara a cara, los libros en papel, que llevan acudiendo solícitamente a la cita cuatro siglos, y los primeros dispositivos electrónicos, comercializados masivamente desde la semana pasada en dos cadenas alemanas de librerías.

Uno de los dispositivos electrónicos con más posibilidades de asentarse en el mercado, el Sony Reader, comenzó a venderse la semana pasada en dos de las cadenas más importantes de Alemania,
Thalia y
Libri, no porque los editores necesiten estrictamente a esas librerías para distribuir y vender sus contenidos electrónicos, sino por el daño colateral que podría causar a sus libros en papel.

De hecho, los editores alemanes, más acostumbrados que nosotros a un tipo de asociacionismo efectivo y resolutorio, montaron hace tiempo una plataforma propia,
Libreka, que asume el papel de canal específico de distribución de contenidos digitales, sin intermediaciones ni interposición de otros agentes.

La Feria del Libro de Leipzig es, al contrario que la de Frankfurt, una feria más abierta al encuentro con los lectores, más pensada para el contacto entre el autor y su seguidor, y es por eso interesante, por lo simbólico, constatar lo que la
prensa especializada alemana dice sobre el encuentro del papel con lo digital, la impresión que está causando en el lector tradicional. Para los profesionales alemanes la cosa parece decantarse hacia un futuro plural, hacia futuros del libro que dependen de la textualidad particular de cada contenido: los dispositivos digitales parecen más adecuados, dicen, como "instrumento de trabajo: como ayuda para los estudiantes, para lectores profesionales y para aquellos otros que necesiten acceder rápidamente a un título impreso". Y, al contrario, para "el lector que sabe cómo influye la tipografía, la puesta en página, el olor del papel [...] en la lectura, dudará en utilizar un libro electrónico".
Hasta tal punto parece ser la pluralidad de futuros la apuesta de los libreros y lectores alemanes, que
Hanns-Josef Ortheil, un escritor prolífico relativamente bien conocido, anuncia la creación de un nuevo concepto de librería capaz de seguir interesando a una comunidad de lectores conspicuos: 5000 títulos, solamente 5000 referencias, agrupadas en secciones perfectamente delimitadas bajo etiquetas como "Lo que debería leer a toda costa" o "Para entender mejor el presente", filtradas por tanto por el criterio de un lector competente, al estilo de lo que Baricco intentó ya en Italia, huyendo de las mesas abarrotadas y de la circulación incesante de títulos perecederos.
Gutenberg y Sony se conocen en Leipzig y están abocados a entenderse.