Hoy comienza en la gélida
Nueva York el encuentro de la edición digital por antonomasia,
O'Really Tools of Change, el seminario de herramientas para el cambio promovido por la Editorial
O'Really, un sello que comprendió hace ya tiempo que la gratuidad en la web era una herramienta estratégica sobre la que construir una pléyade de nuevos tipos de negocio, entre otros el mismo encuentro neoyorkino y la multitud de materiales que genera.

En el extraordinario y variadísimo
programa podemos encontrar mesas redondas, conferencias, talleres, demostraciones y presentaciones que tocan todos y cada uno de los temas que tienen que ver con los futuros del libro: impresión digital, libros electrónicos, uso de las redes sociales, posicionamiento en la web, modelos de negocio, propiedad intelectual en el ecosistema digital, en fin, todo lo necesario para repensar la evolución del mundo editorial en el próximo quinquenio (ya no me atrevo a decir en la próxima década).
Como aperitivo -y como consuelo para los que no podemos estar allí-, vale la pena ver o escuchar la intervención de su principal promotor, Tim O'Really, uno de los abogados que con más y mejor fundamento puede defender la estrategia de la gratuidad de contenidos en la web. O'Really, absolutamente pragmático (absolutamente norteamericano) y sin excesivas concesiones al altruismo, habla del libre acceso como de la herramienta estratégica con la que construir un futuro de múltiples vías a través de las que llegar a un mismo destino, el de hacer dinero. De hecho, el haber sabido generar una marca en torno a las que se agrupa o se arracima una comunidad de profesionales especializados que contribuyen, con su yuxtaposición, a forjar el reconocimiento y el prestigio mismo de lo que se ofrece, es lo que permite a O'Really ofrecer una panoplia de servicios adicionales como son, entre otros, los de congresos y seminarios especializados, o los de
escuelas de tecnología para profesionales. La gratuidad sirve para promover esa variedad antes insospechada de negocios, emparentados todos, de alguna manera, con el interés editorial.

En contra de las reticencias generalizadas, una de las más versadas de las cuales se publicó hace ya algún tiempo en el
Wall Street Journal, bajo el título
"Giving stuff away on the internet", el acceso gratuito a los contenidos en la web no es solamente algo que pueda estar unilateralmente financiado por la publicidad, algo casi inasequible para la gran mayoría de los sitios web, que tendrían que alcanzar cifras de visitas multimillonarias antes de poder pagar si quiera la factura de la luz; hay, al menos, cuatro vías complementarias de ingresos, cada una de las cuales, además, se diversifica tanto como la imaginación dé de sí: el contenido patrocinado por marcas que quieren asociar su nombre, por alguna razón, al del sitio en el que se distribuyen gratuitamente esos contenidos. En el caso de O'Really esa cifra crece anualmente en torno al 15% y sigue en alza; el comercio electrónico asociado a la visión o consulta gratuita del contenido que se vende, términos que no son antónimos, tal como el imperio editorial de
Harper & Collins y Paolo Coelho están demostrando; las suscripciones a diversas clases de servicios, como demuestra el caso de
Safari Books (en alianza con Pearson), un servicio editorial de agregación de contenidos a la carta; o, como queda dicho, la convocatoria de cursos, seminarios, talleres, etc., servicios formativos vinculados a la oferta editorial, todo ello basado en la concesión tan gratuita como interesada de contenidos en abierto.
¿Para cuando, dicho sea con el debido respeto, unas herramientas para el cambio en el solar patrio? (aunque sea una caja de herramientas pequeña, de la ferretería de al lado)