El término no es mío, es de
Kenneth S. Kosis, Catedrático de Neurobiología de la Universidad de California. Kosis habla, literalmente, de
Wikification of knowledge en un artículo publicado por la Universidad de Harvard, refiriéndose a uno de los fenómenos menos discutidos pero más determinante y trascendental de lo que está aconteciendo en la web, gracias a (o por culpa de, dirían otros) las tecnologías de generación colaborativa de contenidos: el desafío a las jerarquías tradicionales del conocimiento, la impugnación parcial de la condición inamovible de experto, la lucha por la legitimidad para enunciar cómo son las cosas.

La pugna aparente es, claro, entre expertos formados en las universidades y amateurs que contribuyen anónimamente a la generación colectiva y cuasi anónima de contenidos, entre autoridades reconocidas por los organismos capacitados para la acreditación y ciberblogueros de toda condición sin refrendo específico, entre especialistas avalados por redes profesionales o académicas y redes sociales compuestas por civiles afectados por un asunto concreto.
Las aplicaciones que nos permiten colaborar son extremadamente sencillas, de manera que casi cualquiera puede utilizarlas para expresar su opinión en torno a un tema determinado, contribuyendo en su medida a la generación de una inteligencia colectiva superior a la suma de las inteligencias individuales. Claro que el uso de estas tecnologías no sucede sin riesgos: aquellos que la utilizan siguen siendo jóvenes blancos con estudios superiores procedentes de familias sin apuros económicos, es decir, quienes contribuyen a crear esos contenidos no son una muestra representativa de todos aquellos que potencialmente podrían o deberían contribuir a la discusión digital; la privacidad de quienes aceptan cooperar no siempre está garantizada, es más, no está en absoluto asegurada, y sin embargo hay muchas personas que querrían preservar su identidad; si la tecnología democratiza el acceso, también hace crecer potencialmente el error, al incrementarse proporcionalmente la posibilidad de que se añadan y distribuyan datos falsos. Todo eso es verdad, pero más allá de los peligros inherentes a cualquier tecnología, está el desafío principal, que es el que conmueve los cimientos de nuestras certezas: ¿cabe equiparar y aún primar el conocimiento público por encima del conocimiento erudito? ¿Son real y necesariamente incompatibles? ¿No cabría pensar en un nuevo espacio de colaboración institucionalizado donde el conocimiento
wikificado sirviera para el avance de las ciencias y la extensión de la justicia social? El debate es complejo y sus ramificaciones pueden seguirse en el enfrentamiento entre el
Wikinomics. How mass collaboration changes everything, de Don Tapscott, y el
The cult of the amateur, de Andrew Keen.

Kosik pone varios ejemplos que abogan porque esa tensión se convierta en algo fructífero: muchas de las investigaciones contra el cáncer adolecen de muestras estadísticas suficientemente representativas y cualquier factor incontrolado o desapercibido, puede hacer absolutamente inútil los resultados de una investigación. "La única manera de incrementar el poder estadístico de una conclusión es incrementar el tamaño de la muestra, exactamente aquello para lo que las redes sociales están diseñadas". Herramientas como
Google Flutrends, alimentadas por la comunidad de usuarios que se registran, puede contribuir a dibujar un panorama geográfico y demográfico más exacto de la diseminación de una epidemia, más que cualquier otra herramienta diseñada hasta hoy. Las redes sociales pueden, también, denunciar casos que los intereses económicos más nefandos preferirían mantener ocultos: el caso de
Lois Marie Gibbs, que denunció los efectos nocivos que los residuos tóxicos ocasionaban sobre la población infantil de un área del Estado de Nueva York, muestran la potencia cívica de una herramienta como la wiki.
Ni podemos ni queremos prescindir de los expertos; ni queremos ni podemos prescindir de nosotros mismos. La wikificación del conocimiento nos permite plantearnos un futuro de esperanzadora colaboración.