LoginRSS 2.0 Feed

Monólogo íntimo de un libro electrónico

Enviado el miércoles, 14 de enero de 2009 8:30

En el mes de enero del año 2004, con ocasión de la presentación del Almanaque del bibliófilo en la Biblioteca Nacional de Nápoles, Umberto Eco imaginó la vida interior de un libro electrónico, el monólogo mudo, íntimo y algo desquiciado que ese dispositivo híbrido mantenía consigo mismo, añorando ser algo distinto a lo que el destino le abocó a ser. Cuantos más libros electrónicos se suceden y más dispositivos multifuncionales se inventan, más sentido cobra, sin embargo, el texto de Eco, que no es una mera añoranza de un orden bibliográfico arcaico, sino una reflexión sobre la relación entre la cultura escrita y sus soportes, sobre su íntima e intrínseca relación.


Porque son potencialmente capaces, precisamente, de acoger toda clase de contenidos —libros, periódicos, revistas, blogs—, en su virtud está su yerro o su imperfección, porque todos los textos parecen el mismo, son formalmente violentados y, por tanto, significativamente transformados; si nos tomamos en serio a McLuhan y a su aseveración histórica -el medio es el mensaje-, la uniformidad esencial a la que los libros electrónicos someten a textos formalmente dispares, concebidos y editados siguiendo determinadas convenciones formales privativas, se verían despojados de parte de su significado esencial al ser volcados a un contenedor incapaz de manejar esas sutilezas formales.



Eco imagina en Monólogo interno de un e-book (única traducción completa y libre que se ha publicado hasta ahora, siento que en alemán), a un libro electrónico que despierta a la conciencia de su existencia cuando le vuelcan o graban un contenido titulado, precisamente, Del libro al libro electrónico, un libro inexistente que, sin embargo, le enseña que los libros tradicionales en papel poseían una única personalidad, acogían un solo contenido, eran plenamente conscientes de su significado y, por tanto, del sentido que transmitían y portaban, seguros de sí mismos, duraderos e invariables, constantes y tenaces en su presencia física y en su consistencia intelectual. "¿Somos mejores que nuestros antecesores? ¿Seremos más felices que ellos? No estoy tan seguro de eso. Ya veremos. De momento, me contento con haber venido al mundo", dice el libro electrónico, en su discurso algo triste y ensimismado. Este dispositivo electrónico genérico se ve poseído por el furor letraherido de su propietario, que graba cantidades ingentes de textos (de Melville a Kafka pasando por Tolstoi y Conrad), saltando del uno al otro sin lógica ni concierto, en un delirio textual que solamente origina desconcierto y crisis de identidad en el pobre libro electrónico: "No sé", dice después de que su propietario volcado miles de nuevas páginas repentinamente sobre él, "si duraré mucho tiempo. Soy un libro desencuadernado y nervioso. Poseer muchas vidas y muchas almas es como no tener ninguna vida ni ninguna alma. Y, además, debo tener cuidado de no encariñarme demasiado con un texto, porque el día siguiente mi usuario podría borrarlo". Y finalmente, en una confesión trágica, reconoce: "me gustaría tanto ser un libro de papel, uno que contuviera la historia de un hombre que hubiera visitado el infierno, el purgatorio, el paraíso. Viviría en un universo tranquilo, donde las diferencias entre lo bueno y lo malo estuvieran claras...".



Hans Magnus Enzensberger, poco antes, en La piñata de Seattle, analizando las limitaciones de ese libro electrónico cuyo nombre, en alemán, evoca a una pequeña criatura necesitada de cuidados (Kindle en lugar de Kind, cuyo diminutivo podría ser también, en la Baviera donde vive Enzensberger, Kindle), reclama la perduración de los libros en papel por las mismas razones que Eco, porque los contenedores electrónicos son todavía como una piñata festiva de la que salen, agitándolo, toda clase de contenidos heterogéneos: "quejarse sobre el estado de las cosas sería vano. Sin embargo, permítaseme para terminar, mencionar un par de pequeñeces: como sistema operativo, el libro es difícilmente mejorable. No necesita baterias ni antenas. Puede hojearse, regalarse o tirarse a la basura. Y, además, no está indicado para ninguna práctica monopolística. Su sistema operativo funciona desde hace siglos. No se queda anticuado en diez años. Los libros pueden cogerse. Siempre están a mano. Pedimos indulgencia para los lectores que seguimos encontrándolos más cool que un envoltorio de plástico duro".

¿Sería concebible una conversación entre un libro electrónico y un libro en papel, como imagina Eco? ¿O podríamos pensar al menos en un diálogo reposado entre aquellos que se dedican a cavilar sobre el futuro de la cultura escrita? Lo veremos el próximo miércoles, en Alicante.

Compartir:

añadir a furl añadir a del.icio.us añadir a technorati añadir a blinklist añadir a digg añadir a google añadir a stumbleupon añadir a yahoo añadir a meneame ¿Qué es?

Comentarios

# re: Monólogo íntimo de un libro electrónico

14/01/2009 11:00 por Silvano Gozzer
Es una pena comprobar como los mitos se hacen inevitablemente viejos (y nostálgicos, por supuesto), supongo que la realidad para Eco ya no está tan abierta como antaño y la posmodernidad comienza a dejarlo rezagado.
La brecha entre los escritores 1.0 (como Eco) y 2.0 (como Paulo Coelho, http://twitter.com/paulocoelho, siento no tener un escritor de más relumbre de ejemplo, pero desde luego es el más vendedor) se hace cada día más grande, el futuro no pasa tanto por el formato o el dispositivo de lectura, sino más bien por la distribución y divulgación del contenido.
No hay duda que el libro es un invento perfecto (hay gente dispuesta a pagar hasta diez mil euros por ellos http://tinyurl.com/7mh9vz) pero lo importante de los libros es el contenido, y esto es independiente del objeto: Gutenberg ha muerto.
Enviar Comentario
Titulo
 
Nombre
 
Correo electrónico
Comentario  
Por favor, escriba el código que ve a su izquierda (en mayúsculas):