En el artículo que la revista
Forbes sobre el futuro de los libros electrónicos,
The future of E-books que publicó en el año 2007, pronosticaba que el año 2009 sería el de la aparición de los primeros libros electrónicos con tinta digital en color. "
That first color E Ink technology is likely to be available in 2009", decía el periodista que redactó el aquel artículo premonitorio. Los primeros prototipos parece que pudieron verse en la Display Expo 2008, en Japón, y en abril de este 2009 recién inaugurado ya se anuncian novedades relacionadas con el papel electrónico y las tecnologías de presentación de contenidos. ¿Cambiarán estos nuevos soportes de manera definitiva nuestra manera de leer?
El libro electrónico, todavía en estado de prototipo, que ha incorporado la tinta digital en color como tecnología fundamental es el
FLEPia, un modelo todavía caro (unos 1000 €) que reducirá sus precios, aparentemente, hasta los muy asequibles 200 €. El color, sin duda, será un aliciente para que contenidos informativos y periodísticos se decidan a probar suerte.
En el fondo de la discusión sobre los futuros del libro, sin embargo, siguen latiendo los mismos interrogantes, con o sin color. La cuestión es si un periódico como el
Frankfurter
Allgemeine o Die Zeit, que todavía conservan el tamaño sábana, son susceptibles de ser volcados a un soporte digital sin perder en el camino parte del significado que lo constituye o, por utilizar la fórmula tradicional, si el nuevo medio a través del que se expresa el contenido no modificará hasta hacerlo irreconocible el mensaje que pretende transmitir. Y no hablo solamente del
Readius de Polymervision, que con su pantalla de polimeros retractil que jibariza los titulares de los periódicos que utiliza como ejemplo al tamaño con que muchos consultamos nuestras feeds particulares en Netvibes. Hablo de cualquier libro electrónico, de cualquier soporte digital, que no puede hacer otra cosa que uniformar, deformar y desfigurar la arquitectura original de los textos para adaptarlos a las posibilidades del contenedor y, en esa alteración ineludible, trocar el sentido original del contenido transmitido.

No pretendo deslegimitar el uso e introducción del libro electrónico, de ninguna manera. Pretendo, tan sólo, aportar algunas ideas para pensar formal y fundamentadamente cuál deba ser el papel reservado al libro electrónico, cuál la manera de generar contenidos específicos para ese tipo de soporte, cuál la forma en que sea más conveniente utilizarlos. Reproduciendo, simplemente, lo que los libros o los medios en papel ya hacen, no parece un camino demasiado prometedor. Se trataría, más bien, de generar un nuevo lenguaje, una arquitectura nueva, tal como hacen los creadores de novelas para
dispositivos móviles, plenamente conscientes de la inutilidad de intentar trasponer los géneros entre soportes.

La próxima semana nos sentaremos cuatro interesados en el asunto a debatir, una vez más, sobre "
El presente y el futuro del libro", esta vez en
Alicante, con la honesta intención de indagar sin prejuicios sobre el lugar quedará reservado para los medios en papel, sobre el que quedará destinado a los soportes digitales, sobre la aportación de la impresión digital a la prolongación de la vida de los soportes tradicionales y, también, sobre la función de las plataformas de gestión digital de contenidos en la red.