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El asesinato de Murder One

Enviado el miércoles, 07 de enero de 2009 10:43

A cualquiera que le gusten los libros, la novela negra, sobre todo, y haya adquirido un billete de una línea de bajo coste para pasar un fin de semana en Londres, le sonará el nombre de la irresistible librería Murder One, céntricamente situada en el eje donde se concentran las mejores librerías de esa ciudad, en la famosa calle Charing Cross, entre Leicester Square y Tottenham Court. Veintiún años después de haber sido fundada, cerrará próximamente sus puertas, asediada por la bajada de las ventas, por el precio libre de los libros, por los descuentos ofrecidos por las grandes cadenas vecinas y, quizás, por el descenso generalizado de los índices de lectura.


Entre las soluciones que suelen aducirse para la preservación y fomento del futuro de las librerías suele estar la de su especialización. En principio, solamente cabría competir con las grandes cadenas generalistas si la oferta se diferencia lo suficiente como para captar a un cliente asiduo, a un lector impenitente, forofo incondicional de una materia o un tema, dispuesto a llegarse hasta donde sea necesario para encontrar la pieza excepcional que no pueda encontrarse en ningún otro lado. Puestos a competir en un ecosistema de recursos limitados, la especialización siempre ha sido una estrategia victoriosa.



Muchos lo hemos creído y lo hemos propalado, y nuestras ciudades se han visto progresiva y sosegadamente pobladas de librerías especializadas, entre las que se cuentan algunas de las que más visito y admiro. En el cierre anunciado hace dos días de la librería apenas se menciona el descenso de la demanda como una de las principales razones que ha conducido a una situación insostenible (en contra, dicho sea de paso, de esos argumentos que defienden que en tiempos de crisis los libros son un refugio barato) y, estoicamente, Maxim Jakubowski, uno de sus copropietarios, asegura que saldará sus cuentas con sus proveedores, marchándose con la cabeza alta y los bolsillos vacíos.



En el mes de marzo se celebrará el XXI Congreso Nacional de Libreros, y en la propuesta de temas para la presentación de ponencia se abre un capítulo ya ineludible: "una nueva revolución en el mundo del libro: digitalización de libros, ebooks, impresión bajo demanda y el nuevo papel de las librerías en este entorno". Sin duda alguna, aunque Jakubowski no lo haya mencionado como uno de los sospechosos del asesinato de Murder One, el entorno digital y el conjunto de servicios, aplicaciones y ventajas que ofrece, habrán contribuído a su desaparición. Así lo mostraba, no hace demasiado tiempo, la portada de The New Yorker, en la que un atribulado librero de barrio comprobaba cómo su vecina prefería adquirir sus libros en Amazon antes que acercarse a su puerta.

En todo caso, el futuro de las librerías será en buena medida digital si no quieren perecer acusando vanamente a las grandes librerías virtuales de su exitosa estrategia de captación de clientes. Y ni siquiera la especialización basta.

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