Enviado el jueves, 27 de noviembre de 2008 6:14
El Ministerio de Cultura español ha lanzado una campaña,artera y engañosa, con la sibilina reduplicación de
siereslegalereslegal. Para que no quepa lugar a dudas sobre la antinomia falaz que propone (se ve mejor en la pleyade de carteles que han colgado en todas las estaciones de ferrocarril y metro en Madrid), un gracioso símbolo de copyright (con la boca de la C abierta hacia la derecha) se gira progresivamente (hasta adquirir el aspecto de una C invertida que denota el símbolo del Copyleft) hasta convertirse en un rostro exaltado y sonriente que celebra la supuesta legalidad.

En la página promovida por el
Ministerio para alentar la confusión, puede encontrarse un
decálogo de razones que pretenden explicar las mentiras a las que estamos expuestos, en un ejercicio que solamente puede comprenderse si el objetivo es sembrar el desconcierto sin atenerse a lo que la
Ley de Propiedad Intelectual española dice. No hace falta ser abogado ni jurista profesional para comprender la extensión y significado del artículo segundo: "La propiedad intelectual está integrada por derechos de carácter personal y patrimonial, que atribuyen al autor la plena disposición y el derecho exclusivo a la explotación de la obra, sin más limitaciones que las establecidas en la Ley".

Eso quiere decir que un autor bien informado, al que se le haya advertido de que en el ejercicio soberano de su potestad puede disponer de sus contenidos como le parezca oportuno (desde la aplicación del copyright estricto hasta su plena liberación o renuncia patrimonial pasando por diversos grados de difusión o disponibilidad), y al que se le haya advertido que es meramente una ficción el imaginar que alguna vez vaya a vivir de los derechos que sus textos o escritos puedan llegar a generar (tan solo un 3% de los autores afiliados a CEDRO lo hace), y que sea finalmente consciente de los beneficios que puede obtener liberando y exponiendo su obra públicamente a los ojos de quien pueda estar interesado, puede rechazar con pleno conocimiento el uso acrítico del copyright.
Probablemente sea demasiado pedir a un Ministerio o una institución que tiene como mandato gestionar los derechos derivados de la aplicación estricta de un tipo de licencia, que practiquen una pedagogía integral que muestre a los autores y los usuarios el conjunto variopinto de posibilidades que la ley permite, pero, afortunadamente, existen medios para enterarse de lo que se oculta con cierta premeditación.
Joost Smiers presentó esta semana en Madrid su nuevo libro,
Imagine no copyright, en una evocación lennoniana. En un artículo previo donde Smiers expone sus convicciones sintetizadas, "
Abandonar el copyright: una bendición para los artistas, el arte y la sociedad", podemos leer una contrapropuesta razonada que desvela la mentira de las supuestas diez mentiras ministeriales: "El
copyright otorga a las corporaciones culturales un control absoluto y
abusivo sobre el uso y distribución de un número cada vez mayor de
representaciones artísticas que se traduce en unos enormes beneficios
económicos: deciden unilateralmente lo que vemos, escuchamos o leemos y
en qué entorno lo hacemos, determinando no sólo nuestra sensibilidad
estética, sino nuestra concepción de la realidad.
Joost Smiers –autor del polémico Un mundo sin copyright (Gedisa, 2006)–
y Marieke van Schijndel defienden que es posible configurar una
situación de igualdad de condiciones –es decir, un mercado sin
copyright y sin el dominio de un reducido número de corporaciones
culturales–, un nuevo paradigma en el que puedan prosperar múltiples
formas libres de expresión artística sin poner en peligro el derecho de
todos a ganarse la vida y la salud de nuestras democracias.
La afirmación de que tanto los creadores como el dominio público se
beneficiarán enormemente de la supresión del copyright es un mensaje
que no se suele oír. Smiers y Schijndel demuestran que un mercado en
igualdad de condiciones puede beneficiar los intereses de un gran
número de creadores que en la actualidad no perciben ni un céntimo por
sus creaciones y recuperan con vigor la idea de que, como ciudadanos,
podemos incidir decisivamente sobre la estructura de las condiciones de
producción, distribución y promoción de las expresiones artísticas y,
por consiguiente, sobre la vida cultural de nuestras sociedades".
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