La asociación francesa
L'autre livre, que celebra su próximo encuentro anual los días 28 y 30 de noviembre, ha precedido la convocatoria de su 6º Salón de la Edición Independiente con un decálogo sobre las condiciones mínimas necesarias para la supervivencia de los agentes editoriales emancipados de disciplinas empresariales que comprometan la independencia de su juicio y discernimiento selectivo (no de los bancos, de los distribuidores o de los libreros, tampoco de los medios de comunicación). Ser editor independiente es una tarea titánica casi tan imposible como un Papa laico, pero hay algunos que lo consiguen...

En más de una ocasión he citado la caracterización que
Javier Pizarroso -fundador de
Mono Azul Editora- proponía del editor independiente:
Porque publicamos lo que nos da la gana…
Por qué nadie nos dice lo que tenemos que publicar…
Porque nos gusta pelear con el mercado…
Porque somos neoliberales sin saberlo…
Porque todavía tenemos el paladar con regusto a compromiso social
Porque queremos ser únicos en manos de nuevos lectores
Porque la literatura independiente necesita de edición independiente
Porque la literatura dependiente necesita de editores independientes
Porque somos masoquistas
Porque no somos héroes
Porque somos unos cobardes para ser dependientes
Porque nadie nos ha explicado nunca lo que quiere decir independiente
Porque somos adolescentes grandes
Porque la palabra ilusión nos riñe todas las noches con un palo
Porque la hoja de cálculo excel nos espera como Caronte en la Estigia
Porque la palabra independiente no significa nada
Porque de la nada es de donde parte toda creación

Tampoco debemos olvidar que entre nosotros no han sido poco los intentos, quizás infortunados y centrífugos, de establecer las bases de un asociacionismo representativo. La
Comisión de Pequeñas Editoriales, bibliodiversas, se dio hace ya tiempo un
manifiesto en el que, entre otras cosas, aseveraba y defendía lo siguiente:
"Afirmamos que, en este contexto, edición e independencia
son nociones que han de seguir de la mano y que, por
ello, hoy más que nunca, nos confesamos editores
independientes conscientes de que el adjetivo
«independiente» constituye una apuesta editorial
socialmente necesaria. Declaramos pertenecer a un numeroso colectivo de
editores medianos o pequeños que, desde su opción
personal, apuestan por la calidad, defienden el valor
simbólico de la edición y se sienten cómplices de los
autores, de los libreros, de los bibliotecarios, y, en
fin, de los lectores y ciudadanos comprometidos con los
valores que el libro encarna".

Es reciente la creación de
Contexto, nuevos editores para nuevos tiempos, jóvenes ardorosos que urden su independia solidariamente, que buscan la complicidad estructural que debe darse automáticamente entre editores valientes, distruidores valerosos, libreros heroicos y lectores virtuosos. Mucho me temo, sin embargo, que el impulso inicial haya quedado ahogado por las banalidades cotidianas y las dificultades del día a día.
En todo caso, los miembros de
L'autre livre, el otro libro, proponen la siguiente receta:
1. Apelar a los poderes públicos para que intervengan ante los bancos para que sostengan la actividad de los editores y concedan préstamos a bajo interés;
2. Aportar ayudas públicas a las iniciativas de cooperación y de reagrupamiento de editores independientes (mutualización de los medios de producción, de difusión, de distribución, creación de sitios en Internet, etc.);
3. Plantear la reforma del CNL (Centre National du Livre), tanto en su objeto como en los mecanismos de atribución de las ayudas;
4. Conseguir que la atención dedicada a la producción de los editores independientes sea recogida como un criterio para la atribución del sello de Librería independiente de referencia (LIR) prevista por el Ministerio de Cultura;
5. Crear una "Carta de L'autre livre" entre los libreros independientes y los editores independientes que deseen defender solidariamente una edición de calidad. Podría denominarse como "Carta de El otro libro";
6. Instauración de una tarifa postal específica para el libro, según la petición realizada en el año 2006;
7. Trabajar para la aproximación entre los editores independientes y las bibliotecas. Precisar en la misión de los bibliotecarios su vocación de acogida a los editores independientes;
8. Incluir en la misión de servicio público de las cadenas de televisión la necesidad de tener en cuenta la edición independiente y la defensa del pluralismo;
9. Instauración de un porcentaje de derechos (por ejemplo, el 1%) sobre las obras de dominio público. Los fondos recaudados mediante este derecho podria ser gestionados paritariamente por las organizaciones representativas de los profesionales del libro;
10. Crear un Observatorio del libro independiente, que permita y propicie el intercambio de información entre los independientes.

La bibliodiversidad es la manifestación de la pluralidad intelectual y cultural de un país, basada en la existencia de un tejido de agentes editoriales independientes que fundamenta su actividad en la preexistencia de una red de libreros, distribuidores, periodistas y estudiosos que compartan objetivos y complicidades. Sin editores indendientes, la cultura de un país será siempre un poco más pobre, más indigente, más vulgar.