Para promover la lectura entre quienes no han desarrollado las destrezas necesarias para gustar de ella, los expertos proponen, paradójicamente, una técnica que recuerda a la práctica dialógica de la construcción del conocimiento en la antigua Grecia, a una suerte de animación socrática de la lectura. Los entendidos la denoniman "
lectura dialógica" y, en lo esencial, consiste en la creación de comunidades o clubs lectores donde se dialogue comunitariamente en torno al contenido de un texto, apreciando sus matices, sus diversos significados, enriquecido por los múltiples puntos de vista que lo reinterpretan y lo reconstruyen, convirtiéndolo en un nuevo texto. Según Ramón Flecha, en su trabajo
Compartiendo palabras, la construcción de colectividades con personas de competencias diversas asegura la posibilidad de que quien no las posee acabe adquiriéndolas, convirtiéndose en un experto y selecto lector.

Los clubs de lectura que se encuentran regularmente en un lugar físico habilitado para ello es algo relativamente conocido, aunque escasamente practicado, mucho menos con la sistematicidad y dedicación que requerirían (a excepción, hasta donde yo conozco, del benemérito ejemplo de las
bibliotecas de Barcelona).

En los próximos dias del mes de noviembre se ha anunciado el inicio de un experimento de lectura colectiva en la red, de generación de una comunidad virtual de lectura, de una agrupación virtual de lectura dialógica, que leerá
The golden notebook, de Doris Lessing. Aun cuando el texto del libro que va a leerse esté disponible en la red, los integrantes y creadores del proyecto de lectura virtual advierten de la posible superioridad del texto en papel, del libro tradicional, para lo que ellos denominan la lectura lineal, es decir, ese tipo de lectura que se basa en la sucesión, en la acumulación procesual de argumentos que culminan en un final o una resolución fruto de las argumentaciones previas y que no necesita ni requiere ni incita a la consulta horizontal de otros textos o recursos informativos.

En todo caso, es curioso constatar cómo la promoción de la lectura, incluso en entornos virtuales, recurre al principio dialógico para fomentarla y hacerla más plena y gustosa, como si se tratara de una resurrección socrática o griega de construcción coloquial del conocimiento. Por una vez, al menos, los experimientos norteamericanos no nos resultan, sin embargo, novedosos: gracias a Juanjo Arranz -que me reconvino a tiempo-, pude saber que las bibliotecas de Barcelona concibieron y desarrollaron hace ya tiempo lo que denominan
Club de lectura virtual, proyectando virtualmente lo que hace tanto tiempo administran en su red de bibliotecas públicas, presencialmente.

Se trata de contextualizar previamente el texto elegido mediante el reparto de materiales que introduzcan a los lectores en sus recovecos; de plantear dudas, expresar opiniones y de compartir con el resto de los compañeros la experiencia renovada de la lectura colectiva, como destaca el
texto que explica su funcionamiento, de discutir con el mismo autor sus intenciones, su significado, de recrear en suma el contenido mismo de la obra haciendo de la lectura un placer compartido.
En el mundo anglosajón sedenomina
close reading a esa lectura detenida y comentada, solidaria, que potencia el gusto por practicarla, y esa "lectura próxima o cercana" puede practicarse, también, usando el espacio virtual de la web cuando resulte necesario.