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jueves, 09 de octubre de 2008

No son demasiado comunes en lengua española las memorias de editores o las reflexiones sobre la cultura escrita a la manera en que anglosajones y franceses, sobre todo, suelen hacerlo. Por supuesto que entre nosotros existen extraordinarias excepciones, dignas de toda atención, desde las recientes memorias de Herralde o Muchnik, por citar a dos editores en activo, o las de Martínez de Sousa o García-Posada, por poner el caso de un "lexicógrafo, bibliólogo, ortógrafo, ortotipógrafo y técnico editorial" autodidacta, como se califica a sí mismo el primero, y un crítico reputado el segundo. En todo caso, no son muchas las editoriales que se han atrevido a desarrollar de manera sistemática colecciones en torno a la memoria de su propio oficio y al significado profundo de la cultura escrita y sus mutaciones, excepciones hechas, quizás, de la colección LEA, de Gedisa (que me temo, al menos, bastante apagada), o al conato de colección que Constantino Bértolo construyó en Debate, "Ensayo literario". La editorial Trama recobra el aliento y el interés por estos asuntos irrenunciables para los editores con el lanzamiento, ahora, de las memorias de Hubert Nyssen, La sabiduría del editor (con vocación de continuidad, esperamos todos).




El alma de la inimitable editorial Actes Sud es quien nos transmite, más que sus memorias, algunos destellos de sabiduría, o de sensibilidad editorial, de amor por la escritura y su transmisión. Al cabo de su lectura, me quedan, sobre todo, dos rescoldos que quiero compartir: ser editor es, finalmente, demostrar un "tenaz deseo de grandeza", inextinguible ante las múltiples adversidades del oficio, pero siempre recompensado por el encuentro con el texto y con el autor, con la obra fundamental. "En ese tenaz deseo de grandeza" -reconoce Nyssen- "me dije aquella tarde" -al leer el texto de La ballena de Paul Gadenne-, "y me sigo diciendo hoy, se reconocen por sus alianzas los autores y los editores".



Ser editor es, también, no quedarse atrás, no vivir de las ascuas de la memoria, no conformarse con las evidencias más reconfortantes. "La mejor manera de preparar el futuro no es desatendiendo el presente, menos aún dando marcha atrás. Y sería por lo menos ridículo tomar como ejemplo a aquello que, cuando se inventó la imprenta, clamaron contra el apocalipsis o el naufragio. El misoneísmo nunca ha sido la clave de la sabiduría".



Lo dijo hace más tiempo aún Ernst Rowohlt, el gran editor alemán: "editar un libro es una tarea más enloquecida que escribirlo", algo que requiere, sin duda, ese descabellado y tenaz deseo de grandeza

17:18 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (0)