Hoy comienza la Feria del libro profesional
LIBER en Barcelona y quizás hubiera podido convocarse bajo el amparo e intercesión de Kafka. Su obra quizás más famosa es
La metamorfosis,
Die Verwandlung, que se tradujo no hace demasiado de manera quizás más ajustada como
La transformación, pero que en nuestro inconsciente lector siempre quedará como la metamorfosis de Gregorio Samsa. Pues bien: el Proyecto Gutenberg alemán acaba de lanzar una oferta para descargar en el teléfono móvil algunos de los textos canónicos de la literatura universal, entre ellos, como estandarte, el de
la metamorfosis, al precio de 1.99 €, una verdadera y quizás definitiva metamorfosis digital.

Para cualquier profesional de la informática puede resultar trivial el hecho de que un contenido adopte diversos formatos y sea distribuido por diversos canales, pero para un editor esto resulta un verdadero rubicón intelectual. Es posible que la legibilidad del texto de Kafka en una pantalla de teléfono móvil sea, todavía hoy, insufrible, pero no pasarán demasiados años hasta que dispongamos de terminales mejor adaptados a la lectura. Estará por demostrar, por contrastar, si la experiencia de la lectura en los diferentes soportes resulta equiparable o, por el contrario, deriva en prácticas y usos incomparables, como sostiene, por ejemplo,
Chartier (y muchos de nosotros seguimos y creemos).

También hace saltar por los aires las convenciones del precio fijo, liberado el contenido kafkiano de los corsés del papel, cuya cadena de valor inherente encarece los precios del producto final. De hecho, lo que pone de manifiesto la posibilidad misma de que un texto mute en digital y se mueva sin los lastres del papel, lo convierte en polimorfo, en multiforme, y en esta era donde proliferan los soportes y las situaciones de lectura, es una ventaja más que un inconveniente. No existe todavía legislación vinculante al respecto, y aunque en la misma Alemania el gremio ha emprendido una campaña que aboga por tratar a los textos digitales de idéntica manera, sujetándolos a las leyes del precio fijo, por el momento parece que Franz Kafka no se ha dado por aludido.

Digitalizar es fluidificar los textos, dotarles de la posibilidad de discurrir sin cortapisas, de ahí, quizás, la posibilidad de hacerlos circular trabas ni restricciones, tal como nos recuerda
Cory Doctorow en el último número de la revista
Minerva: "mi primera novela,
Down and Out in the Magic Kingdom, salió publicada en la mayor editorial de ciencia ficción del mundo. A la vez que salía de imprenta, la puse a disposición de los lectores en Internet, bajo una licencia Creative Commons. las dos primeras tiradas se han agotado, y el libro va ya por su tercera reimpresión. A través de Internet se ahn distribuido más de medio millón de copias. He logrado el éxito comercial sin exigir a cambio la destrucción de instituciones críticas como la libertad académica, el proceso legal, la libertad de expresión, la privacidad, el principio de extremo a extremo, o la posteridad. Si yo puedo, vosotros también podéis. Y si yo puedo, también pueden las empresas de entretenimiento... Y si no pueden, deberían morir, así de simple".

No sé qué les parecerá esto a las empresas editoriales ahora que celebran su cumbre iberoamericana y que se acerca la verbena de Frankfurt, pero en estos tiempos de innegable metamorfosis digital, yo me pondría bajo la advocación de Gregorio Samsa.