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viernes, 03 de octubre de 2008

Hay un bellísimo e irremplazable libro de Fernando Savater que se titula Amor a R. L. Stevenson, una pequeña joya literaria que relata la adhesión inquebrantable que la lectura de las aventuras de Stevenson procura, la devoción infantil y sin recovecos que la lectura de sus páginas propicia. Es posible que fuera precisamente la lectura de sus libros, como describe Savater, lo que provocara en Norman H. Strouse tal afición sin desmayo, tal atracción inmoderada, hasta el punto de construir un museo exclusivamente dedicado al escritor escoces en el que pueden verse desde objetos personales hasta los manuscritos de sus primeros libros.



Norman H. Strouse fue, aparentemente, dos cosas: un inmoderado amante de los libros, en particular un enamorado recolector de las obras de R. L. Stevenson, y el Presidente de la mayor compañía de publicidad del mundo, la J. Walter Thompson Advertising Agency, hoy JWT, aunque este último cargo, ocupado según cuentan los anales casi cincuenta años de su vida, con asiento en New York, parece haber sido, tan solo, la fuente que le procuró la financiación necesaria para amasar su fabulosa colección de inéditos y epistolarios y, sobre todo, construir en el Valle de Napa, en California, al otro lado de los Estados Unidos, cerca de Silverado, donde Stevenson fue a pasar su luna de miel redactando, al mismo tiempo, la crónica de los colonos o los mineros que ocupaban por entonces aquellas tierras.



Los colonos de Silverado fue aquella obra que Stevenson escribió no demasiado lejos del lugar donde tiempo después Strouse erigiría un monumento a su memoria, libro cuya primera edición, publicada por John Henry Nash, puede encontrarse en el Museo de Silverado. Entre las ediciones y objetos que pueden saborearse están, también, la mesa sobre la que Stevenson escribía, la biblioteca portatil que tenía en su casa de Samoa, las primeras copias de An inland voyage o A Child's garden of verses, libros raros y primerizos escritos en los albores de su amor por la irreductible Fanny.



Poco más se sabe de Strouse salvo que toda la vida tuvo a su servicio a Miss Shaffer, una bibliotecaria bibliófila y amante de Stevenson que le ayudó a catalogar y poner en pie en ese rincón destellante de California su amor por el autor.

Recuerdo, hablando de viajes, bibliofilia y amores entregados por Stevenson, un fragmento de Joshua Slocum, el primer viajero que circunnavegó el mundo en solitario (Navegando en soliario alrededor del mundo, se titula su obra), en la que recuerda cómo, en sus largos y solitarios días de travesía se tendía en la cubierta de su velero con un libro de Stevenson entre las manos, saboreando intensamente sus relatos, en las soledades inmensas de los océanos.

A veces, en mis horas de desaliento, mi imagino una tripulación de amantes de Stevenson, con Slocum, Strouse, Savater y yo mismo, rumbo a las costas de California, en peregrinación al Silverado Museum.

7:27 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (0)