LoginRSS 2.0 Feed

viernes, 19 de septiembre de 2008

Ayer comenzó a comercializarse en Alemania, al precio de 19.95 €,  la primera versión en papel de una enciclopedia virtual en un curioso viaje de lo digital a lo analógico que también podemos encontrar, recurrentemente, en el caso de los blogs. Este apego al papel desvela significativas recurrencias que conviene tener en cuenta para comprender la convivencia de los soportes, los futuros compartidos del libro.



La Wikipedia es, probablemente, el mayor experimento de generación colectiva de contenidos al que hayamos podido asistir gracias al sustento de una tecnología que hace posible la producción distribuida y solidaria de conocimiento. De más está decir que su éxito ha sobrepasado cualquier expectativa, poco acostumbrados como estamos a la entrega altruista de nuestro tiempo y nuestro saber por el mero prurito del reconocimiento ajeno (algo que sí ha existido en otros sistemas económicos en otras culturas). El caso es que Bertelsmann, el mayor editor sobre la tierra, decidió -valiéndose del punto segundo de la licencia GNU que permite utilizar comercialmente los contenidos difundidos virtualmente- realizar una selección de 50.000 entradas entre todas las que componen la versión alemana de la enciclopedia virtual, basándose en las estadísticas que reflejan las voces más solicitadas durante los dos últimos años -entradas que tienen que ver, claro, con contenidos inusitados en las enciclopedias tradicionales, en este caso la sólida Brockhaus alemana, que no incluye referencias a series televisivas o a prácticas sexuales o estrellas de la canción.



Los editores de Bertelsmann, además, decidieron que copiarían únicamente el o los párrafos introductorios de cada entrada de la web, donde se sintetiza el contenido que posteriormente se desarrolla, no solamente por los problemas de extensión y número de páginas que podría originar un volcado masivo de contenidos sino, también, porque la mayor fidelidad y pertinencia de las voces se encontraba en esos renglones iniciales (cuanto más extensa es una entrada, según ellos, más deslices, descuidos o inexactitudes se encuentran). En todo caso, esa extensión de dos o tres párrafos por entrada, es superior a la que pueda encontrarse en la versión comprimida del Brockahus o de cualquier otra obra enciclopédica jibarizada.



El hecho de que el gran editor multinacional apueste por una versión analógica y tradicional que puede seguir encontrándose gratuitamente en la web -al contrario de lo que hace la Enciclopedia Británica, apostando por una versión completamente móvil en alianza con Apple-, quiere decir (presumo) varias cosas: que los hábitos de consulta y lectura de muchas personas aún no han variado y no es presumible que lo hagan en los próximos años; que el papel aún confiere autoridad, otorga crédito, sigue siendo garantía palpable de solvencia y fidelidad; que el tipo de lectura al que el papel obliga, sucesiva, progresiva, procesual, sigue proporcionándonos un tipo de satisfacción intelectual más completa que el que la lectura deslabazada y no siempre coherente de la web nos obliga; que puede seguir existiendo un componente de prestigio o realce social por el hecho de adquirir una enciclopedia en papel que depositaremos en las estanterías de nuestra biblioteca; que, ante todo pronóstico, alguno de los canales tradicionales de comercialización del libro -venta directa o a crédito-, siguen vivos.

Los caminos de ida y vuelta entre lo analógico y lo digital, antes que mermar relevancia a alguno de ellos, paracen reforzarse mutuamente. Hablemos, pues, de futuros del libro.

11:27 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (3)