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lunes, 21 de julio de 2008

Así ha denominado Ismail Serageldin, Director de la Biblioteca de Alejandría, a los wikipedistas, a todos aquellos que colaboran desinteresadamente en la construcción de uno de los experimentos de cooperación social más extraordinarios de la historia de la humanidad. En la clausura de Wikimania 2008, el director de la primera Alejandría dijo: "la maravillosa comunidad de los wikipedistas, que son los artesanos de una revolución global, donde el acceso al conocimiento es un derecho fundamental y compartir el conocimiento una obligación fundamental [...] están redefiniendo el sentido y el significado de varias palabras: comunidad, participación, creatividad, libertad de expresión". Una nueva Alejandría virtual celebrando su difusión en la Alejandría mítica, que la ampara y la proyecta reforzada hacia el futuro.



Con ocasión de este encuentro y del respaldo recibido por la más legendaria de las bibliotecas, es oportuno pensar en las razones que todavía encuentran alguno de sus detractores -o simplemente críticos- para devaluar su importancia: es cierto, como hace poco discutía con Jordi Gracia, que la Wikipedia no puede alcanzar el rigor o la profundidad que las investigaciones de un profesional de un ámbito científico determinado pudiera necesitar. Pero aunque eso fuera cierto, no me parece que sea un demérito infranqueable, un menoscabo que no pudiera planteársele, también, a la Enciclopedia Británica o a su equivalente alemán, la Enciclopedia Brockhaus, grandes obras compendiadoras a las que la Wikipedia aventaja en fiabilidad, extensión y actulidad, tal como se ha contrastado ya reiteradamente.



El problema de fondo al que todas las críticas veladas aluden, me parece, es al del cuestionamiento de los fundamentos históricos de la autoría, de la autoridad del texto, de los mecanismos de reconocimiento de la potestad para afirmar que una cosa es como es y no de otra forma. El libro tradicional, físicamente limitado, autocontenido, vinculado a un autor, constituía el fundamento tradicional del crédito atribuido al creador, al pensador, pero en el nuevo entorno virtual, el libro físico no existe, ni tan siquiera la editorial que antes intermediaba otorgándole credibilidad. En lugar de eso nos encontramos con enormes comunidades virtuales, obras inconclusas y en permanente ramificación sobre soportes intangibles, cuyo índice de prestigio proviene del cálculo que realiza un algoritmo matemático (el más común de los cuales es el de la cantidad y calidad de los de sitios que apuntan a una página web y la frecuencia con que lo hacen y se renuevan).



¿Es ese nuevo algoritmo un sustituto de los mecanismos de intermediación tradicionales, de los críticos, de los editores, de los medios de comunicación especializados? ¿No será ese el temor que conmueve a quienes ocupan posiciones profesionales ligadas a la concesión de premios y reconocimientos? ¿Es parangonable, por ejemplo en el mundo científico, un blog (por no seguir hablando de la wikipedia) bien referenciado a un artículo aparecido en una revista tradicional? ¿Hasta cuándo creen quienes han ejercido su labor de cedazo que los medios de atribución tradicional del crédito seguirán resistiendo la acometida de los nuevos medios digitales de generación y difusión del conocimiento?

Los wikipedistas y todos aquellos que se esfuerzan difundiendo conocimiento en la red son, como Ismail Serageldin ha afirmado, los artesanos de una revolución global.

7:55 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (0)