Reconozco que fui uno de esos pésimos estudiantes que suspendió la asignatura de física y la de matemáticas sistemáticamente. Ahora que puedo contemplar las cosas con cierta perspectiva y cierta calma -durante mucho tiempo la pesadilla de un examen imprevisto me atormentaba-, sé que en buena medida mis aptitudes son realmente limitadas en cuestiones numéricas y espaciales pero sé, también, que los métodos que por entonces se utilizaban para explicar determinados conceptos y el comportamiento de algunas variables, se parecían más a los que rigen la comunión de los creyentes que a una comunidad científica. ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si en vez de un texto al que le acompañara un simple dibujo sobre el funcioamiento de una
polea -por centrarme todavía en la física- contáramos con un conjunto de
objetos digitales que representaran esa situación y que pudieran agruparse, reagruparse y parametrizarse tal como el profesor deseara produciendo diversas situaciones posibles y reproduciéndolas indefinidamente? Y qué decir del
cubo, ese paralelepípedo cuyas tridimensionalidad se me atragantó toda mi vida escolar. Buena parte del futuro de la educación, y de los libros de texto, por tanto, pasarán, sin duda alguna, por la generación de objetos digitales.

Esto parece ser tan cierto que
Red.es, el Ministerios de Educación y el Ministerio de Industria, han puesto en marcha el proyecto
AGREGA, que no es otra cosa que una biblioteca o un repositorio de objetos digitales de libre uso y acceso divididos por materias y niveles.