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Los editores se reunen

Enviado el jueves, 19 de junio de 2008 7:11

Ayer comenzó en Sevilla el 6º Congreso de Editores de España, y aunque mi opinión solamente pueda estar basada en la lectura del programa, de los temas tratados y de los protagonistas invitados y, por tanto, pueda estar completamente equivocada, tengo la impresión de que esta reunión será una ocasión desaprovechada, un encuentro marcado por el temor a afrontar con decisión alguno de los principales retos que acechan a la industria editorial, en la disposición, quizás, de esperar y ver más que de pensar y actuar.


Algunas de las grandes cuestiones que la industria editorial tendrá que resolver en breve, temas que todos conocemos y que a nadie son ajenos, son: la extremada  ineficiencia del sistema de producción editorial, predigital, basado en tiradas arbitrarias, distribución caótica, devoluciones inasumibles, almacenamiento creciente y pérdidas previsibles; la irrupción definitiva e incontestable de las tecnologías de la impresión digital, tanto tiempo anunciadas y hoy ya plenamente operativas, que nos deberán obligar a repensar los procesos de creación, realización, producción y distribución; el papel de los nuevos mediadores digitales, que asumen o usurpan el papel antaño reservado a los editores, intermediarios analógicos entre un original y un lector; los nuevos tipos de licencias y la osadía de seguir pensando que el copyright es la única fórmula de amparo y protección de la propiedad intelectual; la discusión sobre el reparto potencial de derechos y beneficios sobre la venta, una vez que los procesos productivos se simplifican y que determinadas cargas de la estructura de costes tradicional se aligera;



el papel de los nuevos mediadores de contenidos vs. el papel tradicional de intermediarios culturales de los editores, todo en el contexto de una nueva economía de la atención y de la gestión del prestigio y el conocimiento; la nueva naturaleza del editor, que deberá comprenderse más como un administrador de contenidos que puedan asumir diversos formatos y ser distribuidos en diferentes soportes, que la de un mero transcriptor al papel de las obras de sus autores; los libros electrónicos y el espacio que estarán llamados a ocupar, quizás no el de la oferta editorial al completo, pero sí el de una parte representativa; las nuevas modalidades que la lectura ha asumido y las implicaciones que eso tendrá para la composición de páginas electrónicas y para la concepción de la obra misma; la profunda transformación de determinados subconjuntos de la industria editorial: los relacionados con la edición de contenidos científicos, profesionales, de referencia y consulta, cabeceras y prensa y, particularmente, por lo radical del cambio que comportará, de los libros de texto, llamados a su reconversión digital, a la construcción de objetos digitales reaprovechables y recomponibles. Cambios, claro, que requerirán nuevas habilidades a los editores, que transformarán las redes comerciales y los canales de distribución, etc.; las nuevas modalidades de autoría, que toman el libro como vector o como desencadeante para seguir creando contenidos originales, y los definitivos retos que eso plantea a las nociones añejas de autoría y propiedad.


Sé que una agenda no se elabora a solas sino que es fruto de la suma de voluntades y de una larga y compleja negociación, y por eso digo -quizás equivocadamente- que en su fijación parece haber primado el principio de la quietud y la contemplación en tiempos de mudanza antes que el de la reflexión valiente y la intervención rápida y consecuente. Puede que un Congreso como este no sea el lugar ni el momento para plantear una lista tan larga, extensa e intimidadora de temas como la planteada, pero entonces, ¿dónde?


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