Me han preguntado en muchas ocasiones, sobre todo últimamente, cuál es el futuro de la creación literaria, cuál el futuro de los soportes, si es que eso puede conjugarse en singular. Esa pregunta no tiene una fácil respuesta, o al menos no una respuesta simplificada, que es la que suelen demandar quienes están obligados a convertir en un mero titular lo que suele necesitar de un desarrollo argumental más extenso. Borges -santo laico al que siempre se recurre- decía: "la literatura no es agotable, por la suficiente y simple razón de queun solo libro no lo es. El libro no es un ente incomunicado: es una relación, un eje de innumerables relaciones. Una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto que por la manera de ser leída".

Si un libro no es -y no disiento un ápice de la afirmación precedente- un ente incomunicado sino una relación o un eje de innumerables relaciones, y si las nuevas tecnologías nos permiten -de una manera harto sencilla y casi trivial- construir nuevas tramas y dibujar nuevos argumentos a partir de un corpus primigenio que lo amplía, lo disgrega, lo reinterpreta y lo enriquece, ¿de quién es el sentido del texto? ¿Quién su último y verdadero autor?

Estas quitas y reflexiones no son nuevas. Algunos gigantes de las ciencias sociales -Foucault, Barthes, Bourdieu, Chartier, Petrucci- se plantearon estos mismos problemas hace ya décadas, pero las nuevas tecnologías agudizan y recrudecen el dilema: si una comunidad web dedicada a la
fanfiction, a la creación de historias en red a partir de una historia original, desarrolla nuevos personajes, agrega nuevas tramas o, también, amplía el papel de un personaje secundario, o concibe una situación novedosa en la que dos personajes del texto original consumen su relación de una manera inesperada, ¿es una usurpación de la propiedad intelectual, un asalto a la marca o, por el contrario, como afirmaba Borges, una expresión cabal y legítima de la potencialidad inscrita en el mismo libro, en el mismo texto?

En el fenómeno global de
Harry Potter y de la proliferación tumultuosa de
comunidades de escritores amateurs, pueden encontrarse encarnadas algunas de las claves de este debate, alguna de las fricciones casi inconciliables entre los supuestos legítimos propietarios de los derechos y aquellos que, apropiándose del texto, se convierten en cocreadores generando argumentos inesperados y desenlaces imprevisibles. Ni la idea arcaica de autoría asociada a un volumen indisoluble, ni el concepto de propiedad intelectual, apegado a la materialidad autocontenida del soportes, son ya los mismos, y la
fanfiction -un fenómeno quizás desdeñado por los académicos más encopetados-, pueden arrojar una nueva luz sobre el fenómeno de la creación contemporánea y, por ende, sobre el futuro o los futuros de la creación literaria.

Todas estas preocupaciones son las que han llevado a
Pura Fernández a organizar el curso de la UIMP
Editando al autor. El escritor en la sociedad de la comunicación, los próximos días 14-16 de julio, y aceptando su generosa invitación me adentraré en el tenebroso mundo de Hogwarts con una charla titulada
"Las guerras de Harry Potter o la lucha entre el concepto clásico de autoría y la generación colectiva de nuevos contenidos". Espero haber abierto el apetito a mi legión de lectores, que atestarán, con seguridad, la sala de conferencias.