Sabemos que cada vez
leemos más en pantalla; que hacerlo es, en gran medida, una cuestión generacional, más lejana de las prácticas cotidianas cuanto más mayores somos, más cercana y anhelada
cuanto más jóvenes seamos; sabemos, finalmente, que a lo sumo
leemos el 28% del contenido que encontramos en esas pantallas ubicuas, y que la lectura que se practica es, en consecuencia, fragmentaria, incompleta, inconclusa. El tipo de competencia intelectual que pueda derivarse de esa práctica lectora novedosa es todavía desconocido, pero lo que si parece cierto es que si sigue creciendo a costa de las prácticas lectoras habituales -que son todo lo contrario, que exigen justo lo opuesto, que requieren de concentración, persistencia y recogimiento-, peligrarán algunas de las más altas capacidades cognitivas del ser humano. Reconquistar la lectura tradicional, en voz alta, de padres que leen a sus hijos antes de que ellos mismos puedan hacerlo, es el empeño, por ejemplo, de una campaña nacional hoy anunciada en Alemania,
Lesestart, comenzar la lectura.

En España, si debemos hacer caso a las estadísticas que el Gremio de Editores ha adelantado para el
primer trimestre de 2008, "los menores entre 10 y 13 años se consolidan con la población más lectora en España. Así 9 de cada 10 niños (91%) se consideran lectores en esa franja de edad, de ellos, el 78,8% afirma leer libros diaria o semanalmente mientras que un 12,2% afirma leer alguna vez al mes o al trimestre". La noticia sería sin resquicio alguna de duda extraordinaria si no se compadeciera mal con los datos de comprensión lectora que el
estudio de Pisa arrojó hace muy pocos meses: "
el nivel de comprensión lectora de los alumnos españoles de 15 años ha descendido de forma "muy notable", el de matemáticas es "ligeramente inferior" y el de ciencias apenas varía en comparación con 2003, según las conclusiones del Informe PISA 2006". España alcanzó, lo recuerdo, una puntuación de 513 puntos, 13 por encima de la media que la organización internacional establece como media imprescindible, situándose, aproximadamente, en el puesto trigésimo de la clasificación por países".

¿Leen mucho nuestros jóvenes y no entienden lo que leen? ¿Es posible que esa paradoja se dé? Si hemos de hacer caso a lo que los investigadores norteamericanos de la
Alliance for Excellent Education han descubierto en su estudio "
Literacy instruction in the content areas", esta aparente contradicción es omnipresente en las aulas, y lastra de por vida el rendimiento no solamente lector de los alumnos sino, esencialmente, su desarrollo cognitivo y competencial y, finalmente, su vida profesional y sus consecuciones personales. Es paradójico, sí, pero una vez que se ha aprendido a la edad de 5-7 años a identificar los signos y a casarlos con los fonemas, a desarrollar una elemental capacidad lectora, desaparece todo estímulo específico para seguir desarrollando contextualmente esa compentecia lectora, tan diferente en los distintos ámbitos del currículum escolar. Todo el peso de la responsabilidad suele caer, en todo caso, en el área de lengua y literatura, pero nadie repara que los modos de leer, escribir, decodificar y componer un texto o un mensaje son completamente distintos en esas diversas disciplinas, y que la enseñanza de la lectura y la escritura debe ser sostenida y transversal a lo largo de toda la secundaria. Cuando sucede lo contrario, pasa lo que las estadísticas de PISA demuestran: que aparentemente sabemos leer, pero no sabemos lo que leemos.
Esa paradoja se ensancha si interfiere en ese proceso de aprendizaje continuo un tipo de lectura digital que aboca a una experiencia a menudo incontrolada y caótica. No es que esa clase de lectura sea en sí misma mala o denostable, entre otras cosas porque será inevitable, pero convendría embridarla y compaginarla con la lectura tradicional, para que los índices de comprensión y, en definitiva, las capacidades cognitivas esenciales, siguieran desarrollándose con normalidad.

La
Stiftung Lesen, Fundación para la lectura, en Alemania, acaba de anunciar en la
DRUPA un programa que pretende llegar a 500.000 familias a través de sus pediatras, regalando paquetes de libros para que los padres lean en voz alta a sus hijos, para que sumen esos
32 millones de palabras en los que se calcula la diferencia de vocabulario entre los niños que han sido estimulados tempranamente y los que no han escuchado nunca una voz adulta leer.

Fernando Savater reclama hoy en la prensa "
Reconquistar las aulas", porque "luchar por reconquistarlas -para empezar, reforzando la indispensable autoridad del maestro- es el principio de cualquier regeneración democrática verdadera", y yo me atrevo a decir que
reconquistar la lectura es el principo mismo de la posibilidad de que una democracia plena exista, donde los jóvenes participen en la medida en que el futuro se lo demande.