El proyecto
One Laptop per Child (OLPC) pretendía, en sus orígenes, fabricar ordenadores
baratos, para niños de países en desarrollo, con baterías que no necesitaran de conexión a la red electrica, y para conseguir ese objetivo,
Negroponte, el principal gurú de la revolución digital, implicó a instituciones y compañías privadas, pero parece ser que en ese merendero de intereses entrecruzados,
Intel no apoyó con la exclusividad demandada el proyecto y el OLPC pareció sucumbir. A través de
Pablo Odell me entero ahora de la puesta en marcha de una segunda fase que implica no sólo un cambio de socios, sino un profundo cambio de formato más parecido al libro tradicional, en una curiosa refundición analógico-digital.
La
brecha digital, tan profunda e insalvable, es una extensión, en cualquier caso, de otra brecha aún más insondable, la que separa a los alfabetizados de los que no lo están, o de los que lo están muy escasamente. En más de una ocasión se ha mostrado la concomitancia estadística entre los índices de lectura y el uso de soportes digitales: cuanto más propensión muestre un joven hacia una práctica frecuente y concienzuda de la lectura, más posibilidades existen de que compagine esa actividad con el uso de diversos soportes digitales, portátiles o de sobremesa.
Si esa ecuación es cierta y es necesario quebrarla de alguna manera, el hecho de proporcionar a los niños las condiciones mínimas necesarias para procurarles su alfabetización digital, es un gran paso adelante.

El nuevo
OLPC X0-2 se convierte en un soporte plural, múltiple, y para adquirir esa naturaleza polifacética, se convierte en un libro, digital, pero libro en su concepción de doble página abierta simultáneamente, sin teclado físico, solamente virtual, integrado en una pantalla táctil que se comporta -o trata de hacerlo- como si de un cuaderno de apuntes o un libro en papel se tratara. Resulta curiosa esa persistencia de los soportes digitales de acomodarse al tipo de composición que propicia la página en papel y que está tan profundamente inscrita en la experiencia lectora de los seres humanos.

Pero sería erróneo pensar que el nuevo X0-2 se queda ahí, porque en realidad se trata de una plataforma digital capaz de comportarse como un ordenador y/o como un libro, como una herramienta de comunicación y de trabajo colaborativo, como un simulador o un generador de proyectos.

En la presentación que Negroponte hizo en el MIT y que puede visualizarse en el video inferior, se señaló que "actualmente los países en desarrollo como China y Brasil están gastando 19 $ por estudiante y año en libros" de texto -añado yo-, de manera que una inversión prevista total de 75 $, que es el precio al que, aparentemente, será lanzado en torno al año 2010, debería ser lo suficientemente rentable y disuasorio para que la industria del libro de texto fuera acomodando sus materiales y contenidos analógicos a las exigencias del soporte digital. Aunque sólo fuera por eso, porque hay sobradas
razones
adicionales, relacionadas con los estilos de aprendizaje y la atención a la diversidad, valdría la pena que la industria editorial comenzara a pensar que existen determinados ámbitos de la edición abocados, inexorablemente, hacia la plena digitalización.
Solamente en la wiki de trabajo cooperativo desarrollada para el proyecto OCLC, existen censadas 656 aplicaciones relacionadas con la escritura, la música, el dibujo, el cálculo, etc., todo lo necesario para dotar a un colegio y a un estudiante de lo necesario para cumplir, con creces, las demandas que se le planteen. Uno de los probables futuros del libro, al menos para el ámbito educativo, parece ser irrevocablemente digital, y puede que Negroponte se salga esta vez con la suya y que cada niño tenga un libro (electrónico).