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A comienzos del siglo XIV, con tan sólo quince años de edad, Francesco di Petracco, el poeta y humanista del Renacimiento que luego sería conocido como Petrarca, estudiaba Leyes en la Universidad de Montpellier, alejado de su familia y de la larga sombra de su padre, Pietro di Petracco, un notable y riguroso notario que sospechaba que su hijo gozaba de excesivos deleites bibliográficos que le hacían descuidar el objetivo para el que había llegado a aquella universidad.


Sospechando que el estudio de las leyes le procuraba menos contento que el que le ocasionaban las lecturas poéticas, Pietro di Petracco decidió presentarse, de improviso, sin previa advertencia, en las habitaciones de su hijo, donde halló pilas de libros amontonados que nada tenían que ver con las doctas leyes que tenía que estudiar, siguiendo la tradición paterna.



En un arrebato de furia, obcecado por el escarmiento que pretendía administrarle, Pietro encendió una pira con todos los volúmenes que encontró en aquella  habitación, para desesperación de su hijo, y tan solo en última instancia, impulsado por cierto afán didáctico, su padre salvó dos ejemplares de las brasas: la Eneida de Virgilio y la Retórica de Cicerón, el primero "como ocasional relajo para la mente", el segundo "como ayuda a sus estudios legales".



Petrarca siguió estudiando leyes en la Universidad de Bolonia para aplacar, en cierta medida, la cólera familiar, pero cuando su padré murió en el año 1326, Francesco abandonó los denostados estudios y se dedicó, en buena medida, a la persecución y asechanza de tesoros bibliográficos, con la voracidad propia de uno de los impulsores del espíritu humanista del Renacimiento. En una carta a un amigo en torno al años 1346 que vivía en Avignon puede leerse: "Por favor, si me estimas, encuentra a alguien educado y de confianza y envíale a rastrear la Toscana, que vacíe las estanterías de los monjes y de cualquier otro erudito, y mira si aparece alguna cosa que pueda saciar -o, debería decir, incrementar- mi sed". En ese mismo texto, y en un reconocimiento explítico del mal de bibliofilia que padece, Petrarca confiesa haber sido afortunado y "largamente, si no completamente,  liberado de casi cualquier deseo humano por la gracia divina", a excepción, eso sí, de "un deseo insaciable que he sido incapaz de controlar", el  inextinguible deseo de poseer más libros ante la "imposibilidad de tener suficientes".



"Quizás", revelaba de nuevo a su íntimo amigo, "tenga más de los que necesite", pero esa auscultación no parece que fuera capaz de contener su voracidad buscadora: "sucede lo mismo con los libros que con cualquier otra cosa -el éxito en encontrarlos desata la codicia por poseer más. Hay algo especial sin embargo en los libros: el oro y la plata, las joyas y la púrpura, los vestíbulos de mármol o los campos bien cuidados, las pinturas y los caballos... y cualquier otra cosa del mismo tipo, puede procurar placeres pasajeros, mientras que los libros pueden caldear el corazón con palabras de amistad y consuelo, procurando una estrecha relación con nosotros, viva y elocuente".

Lo poco que de vida ya me alcanza
y el morir con Tu presta mano aferra;
Tú sabes que en Ti sólo hallo esperanza.

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Comentarios

# re: Locos por los libros (VIII): el insaciable buscador Francesco di Petracco

18/05/2008 10:03 por María García Salvadores 1A UCM 2007
Un amigo siempre puede marcharse , pero un libro lo puedes encontrar en cualquier momento de tu vida.
Se puede decir que los amigos nos aportan multitud de sensaciones , tanto positivas como negativas , ya que nos cuentan historias o sucesos que nos llegan al corazón en muchas ocasiones.Se puede decir que de manera similar sucede con los libros , que nos pueden transportar a mundos imaginarios y fantásticos sin tener que salir de nuestro cuarto .
Si tenemos ganas de emocionarnos , compraremos una novela romántica , si preferimos un poco de suspense e intriga , una de terror.
Por ello , nunca debemos de utilizar la lectura como forma de entretenimiento y aprendizaje , ya que es una de las cosas básicas que no pueden faltar en nuestra vida.

# re: Locos por los libros (VIII): el insaciable buscador Francesco di Petracco

19/05/2008 5:08 por Jose
¡Que gran comentario María¡ El que quiera entretenimiento que prenda la televisión y el que quiera aprendizaje que vuelva a la escuela. Los verdaderos lectores nos dedicamos a otras cosas y estas no pueden faltar nunca en nuestra vida.
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