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martes, 06 de mayo de 2008

André Schiffrin, el azote de la concentración editorial y el crítico de la desnaturalización del oficio de editor, presenta hoy en Madrid sus memorias, Una educación política, un recorrido biográfico por el exilio y el retorno y, sobre todo, la historia de la forja de una voluntad política expresada a través de los libros.



Muchos conocimos a Schiffrin gracias a La edición sin editores, ese libro que delataba la progresiva sustitución de los editores tradicionales, amantes de un oficio y defensores de ciertos valores culturales, por ejecutivos ajenos a la edición, preocupados por el margen de contribución y el expurgo de los catálogos. Ese proceso de desfiguración del oficio y reemplazamiento de sus actores tradicionales sucedió hace ya décadas en Estados Unidos y Schiffiin venía a advertirnos de cómo los vientos intercontinentales -como la globalización económica estrechamente entendida- acaban trasponiendo fronteras y llegando al resto de los países. Francia, su segunda patria, o su patria materna convertida, muchos años después, en patria de adopción, ha sufrido ese proceso de progresiva centralización y fagocitación de los pequeños editores tradicionales, subsumidos todos en la maquinaria insaciable de grandes grupos empresariales la mayoría de ellos ajenos al negocio propiamente editorial -como ocurrió, de manera flagrante, con el Vivendi.
 


A esa advertencia que muchos recogimos le siguió un libro más oscuro, El control de la palabra, en el que se adentraba en el efecto censor y enmudecedor que la concentración empresarial de los medios de comunicación puede ejercer sobre la libre expresión del pensamiento, sobre la publicación y edición de libros, esos vehículos de ideas ("Milhojas de ideas", los denominaba Gómez de la Serna) que nos sirven para debatir, entre otras muchas cosas, sobre nuestras formas y modalidades de convivencia, sobre la manera de organizar nuestras vidas, sobre nuestra política común.



Ahora, tiempo después, Schiffrin nos revela en Una educación política, cómo, en el fondo, la vocación por expresar y defender ideas a través de los libros -y eso me trae a la memoria las Conversaciones de Einaudi, en las que defendía, precisamente, el papel políticamente pedagógico o didáctico, de formación de conciencias, de la edición-, no es otra cosa que la encarnación en papel de los principios políticos que cada uno defienda y pretenda propagar, que política, ética y estética, por mucho que se empeñen algunos, nunca están separadas. "En Europa, irónicamente" -dice Schiffrin- "hasta los sindicatos y las cooperativas han decidido que su actividad editorial no era suficientemente rentable y que es mejor invertir en otra cosa. Este punto de vista miope ha llevado también a la desaparición de los importantes periódicos vinculados al movimiento obrero. Los nombres de los periódicos aún están allí, pero sus políticas han cambiado, a menudo hacia la derecha. Las consecuencias han costado a los sindicatos y a sus miembros mucho más que el dinero que habían invertido en medios de comunicación propios. Sólo cabe esperar" -concluye Schiffrin-, "que la experiencia de los últimos años demuestre a la gente lo importante que es disponer de medios de comunicación independientes". Ojalá que este libro nos devuelva la fuerza y convicción necesarias para seguir defendiendo la edición independiente.

7:51 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (3)