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Acertijos planetarios

Enviado el lunes, 05 de mayo de 2008 7:32

En estos pasados días de vacaciones -al menos en la Comunidad de Madrid-, se han sucedido en la prensa noticias editoriales que representan, exactamente, el espectro dentro del que se mueven los agentes que conforman el campo editorial nacional. Y lo que es más interesante, seguramente por inadvertido, es que esas noticias se han ubicado en secciones cuyos epígrafes revelan, claramente, la adscripción, la trayectoria y la estrategia de cada uno de esos agentes editoriales.


El viernes pasado pudimos leer un artículo de celebración de la edición independiente y revivificación de los valores fundamentales en "El sutil arte de cazar lectores" donde, tal como la ilustración inferior revela, los pequeños se abren paso por los instersticios que los grandes dejan, inevitablemente, reclamando constantemente, para ellos, los principios consititutivos del campo editorial: la investigación, la búsqueda de nuevos o antiguos valores, la calidad de la puesta en página, el riesgo inherente a las inversiones culturales, el largo plazo, la educación de los lectores... La reactivación constante del campo editorial procede, qué duda cabe, de los pequeños editores que al retomar el testigo de la edición artesanal, la reavivan y prolongan su vida. "[...] es indudable que el vigor de la edición independiente determina en buena parte la calidad y la riqueda de esa cultura", de la cultura editorial de un país, argumente irrevocablemetne Javier Santillán, fundador y director de Gadir.



El sábado, después de esa periódica llamada de atención sobre el vigor de algunos aventureros editoriales, Rodríguez Rivero nos recordaba que "según sus cifras" -refiriéndose a las que proporciona anualmente la Federación de Gremios de Editores de España-, "sólo 30 empresas -que facturan más de 18 millones de euros/año- se meriendan el 63% del pastel de la facturación del sector. El resto lo comparten las restantes 746 empresas, de las que 449 facturan menos de 600.000 euros. El número de las pequeñas no cesa de crecer: son ellas las que conforman, en términos generales, el segmento más abierto a la innovación y el experimento". Un refrendo, por tanto, una constatación que revela que la concentración editorial en España es creciente, aunque todavía "moderada" si la comparmos con Estados Unidos o Francia, y que la fusión de sellos no es sinónimo, automáticamente, de calidad o falta de ella, porque no conviene ser reduccionista ni maniqueo en estas atribuciones, y deberíamos convenir en que muchos grandes sellos (desde Seix Barral hasta Paidós pasando por Alfaguara o Alianza Editorial), siguen siendo referentes de la cultura editorial española.



En todo caso, el domingo, en las páginas salmón de el diario El País, las dedicadas a negocios -las dos noticias anteriores fueron publicadas, respectivamente, en la sección de Cultura y en el suplemento cultural del mismo diario-, José Manuel Lara, Presidente del Grupo Planeta, nos regalaba el titular del artículo en el que se quintaesencia la diferencia entre un pequeño editor, apegado a los valores fundamentales de la creación artística, y un gran empresario, orientado a la getión y optimización empresarial de sus recursos:  "La época de tormentas es buena para comprar", aducía José Manuel Lara, refiriéndose a la compra de Editis, el gigante editorial francés, reciente adquisición del Grupo Planeta.



Todos los editores viven y conviven en el mismo espacio editorial pero cada uno ocupa una posición que viene determinada por la importancia relativa que atribuya a los principios fundamentales de la creencia artística ("el culto por la estética es una especie de signo de los tiempo, y no somo ajenos a él. Creo que es por eso por lo que la mayoría de las nuevas editoriales cuidamos hasta la exasperación nuestra imagen...", dice Enrique Redel, diretor de Impedimenta) y la importancia que otorgue a la gestión, las adquisiciones, las fusiones y los beneficios financieros. Bourdieu avisó hace ya mucho tiempo que la preponderancia progresiva de esta última propensión tendía a colapsar el campo editorial, a anquilosarlo y envejecerlo, a hacerlo más conservador.



Y, por último, tres acertijos, que tienen menos de incógnita, sospecho, que de profecía, en esa marcada tendencia conservadora del campo editorial nacional: el precio fijo de los libros tenderá a desaparecer; el desembarco en el sector del libro de texto podría o no hacerse de la mano de Editis, sello originalmente especializado en esa subdisciplina, ya que, de otra forma, solamente quedaría la opción de adquirir Anaya (que ya es de Hachette), SM (que por su fundamentación religiosa no parece dispuesta a vender) o Santillana (y no sería la primera vez que tal operación se insinuara). Una irrupción, por tanto, que haría a Planeta más grande de lo que es; la inoperancia de las redes de distribución en España será sustituida por un modelo centralizado de servicios de colocación y comercialización, valiéndose de la extraordinaria capacidad de Editis para movilizar mercancías, de forma que el mediano editor dejaría supuestamente de preocuparse de agentes zonales y guerras de descuentos para dejarlo todo en manos de un solo operador.

Precio libre del libro + distribución centralizada + grupos editoriales más grandes = que cada uno saque sus propias conclusiones.

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