Enviado el martes, 22 de abril de 2008 5:41
En uno de los diálogos más famosos de Platón, el
Fedro, en el que Sócrates intentaba convencer a Fedro -y lo conseguía, como en todos sus diálogos, bastante amañados- de las inconveniencas de la invención y uso de la escritura y de los soportes que la acogían, se realizaba, en realidad, un ejercicio crítico interesantísimo sobre las nuevas formas de transmisión, conservación y jerarquía y esencia del conocimiento y de los contenidos tradicionalmente asociados a formas orales de diseminación y almacenamiento, de generación de la sabiduría.

Esas tres preocupaciones legítimas de Sócrates relacionadas con la manera en que transmitimos lo que sabemos, la manera en que lo guardamos y la forma en que lo ordenamos y jerarquizamos, inquietudes que tienen que ver, en última instancia, con la naturaleza del conocimiento y de lo bueno, lo bello y lo justo -que eran las cuestiones fundamentales del orden intelectual griego-, son más pertinentes hoy que nunca, porque nos enfrentamos a una transición digital aceleradísima que pone en cuestión, precisamente, esos tres fundamentos de nuestro juicio y, por extensión, de nuestra especie.
¿Qué pensaría Sócrates hoy si conociera el hiperespacio y tuviera que colegir las consecuencias previsibles de la transición digital que nuestros cerebros están padeciendo?

Estas y otras claves esta tarde en
Córdoba, en su 35º
Feria del Libro, en el
Festivial Hipertexto 2.0, al que amablemente me han invitado a participar sus organizadores.