La conferencia
Academic Publishing in Europe (APE) celebrada en el mes de enero del año en curso, previó, como parte de sus conclusiones, la presentación de un proyecto al séptimo programa marco de investigación de la UE con el título de APERA,
Academic Publishing in the European Research Area, iniciativa que ya ha sido respaldada por la
Federación de Editores Europeos, la
International Association of Scentific, Technical and Medical Publishers, la
International Association of Library Federations, y otras cincuenta y seis universidades de la unión. Es previsible que el plan masivo de digitalización y puesta a disposición en la red de las publicaciones científicas, se ponga en marcha este verano.

El proyecto, siendo en sí mismo de máxima relevancia, lo es aún más si pensamos que viene a sumarse a las iniciativas previas convenidas por la
European University Association, que instaba a centenares de universidades europeas a recordar y promover "el papel de la universidad como guardian y responsable del conocimiento
científico como "bien público" -como procomún, me atrevería a
precisar-; a impulsar que "los resultados de las investigaciones públicamente
financiadas deberán ser públicamente accesibles tan pronto como sea
posible"; a certificar que "el aseguramiento de la calidad mediante los procesos de
revisión por pares seguirá siendo una precondición para cualquier
publicacion científica, y seguirá siendo algo esencial en esta nueva
época de edición digital".

Las semillas que fueron ahora sembradas hace un año en el congreso internacional
Scientific Publishing in the European Research Area, han germinado ahora y se han sumado a la cosecha de esfuerzos por hacer del acceso a los bienes del conocimiento uno de los fundamentos de las políticas de investigación y de las políticas editoriales de la Unión Europea. Aún lejos todavía de las masivas puestas a disposición del público de
editoriales, universidades e instituciones norteamericanas, las decisiones por el libre acceso que se están tomando de forma únanime últimamente, apuntan hacia un horizonte editorial esperanzador en el que, realmente, los soportes digitales propicien la creación, la libre distribución y el libre uso de los conocimientos que nos serán, en este siglo XXI, más necesarios que nunca para abordar y resolver nuestros
problemas comunes (ojala que el nuevo
Ministerio de Ciencia e Innovación incluya entre sus
planes prioritarios el de la propagación de contenidos científicos en
la web).
APERA, no lo puedo evitar, es la pera (digital).