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viernes, 11 de abril de 2008

El reverendo Thomas Frognall Dibdin escribió en el año 1809 un libro titulado The bibliomania or Book Madness. Containing some account of the history, symptoms, and cure of this fatal disease, en cuyo título aparecía por pimera vez, acuñada, la palabra bibliomanía, un libro de casi 800 páginas en su edición original y que, en su capítulo sexto trató de los "Síntomas de una enfermedad llamada bibliomanía. Medios probables para su cura".



Parece que, como en muchas otras ocasiones, la historia no hizo justicia a quien bautizó a un fenómeno que no era nuevo, a una dolencia que muchos otros antes que él habían padecido: la bibliomanía. Pero fue el reverendo Frognall quien, siendo coadjutor en Kensington, antes de ser enviado a su retiro definitivo en la rectoría de St Mary's, y  habiendose convertido ya en un reputado bibliógrafo al servicio del segundo Conde de Spencer, George John, acuñó el término que describe y define nuestra dulce dolencia.



Al final de su vida, en el año 1832, acuñó un nuevo concepto para describir un sentimiento aparentemente contrario a la bibliofilia, la bibliofobia, aunque todos los que padecemos la primera sabemos que experimentamos episodios arrebatados de la segunda. El libro recogia en su título el nuevo término: Bibliophobia, or Remarks on the Present Depression in the State of Literature and the Book Trade.



Tras la primera edición de su bibliomanía, vocablo que no puede esconder cierta crítica larvada o cierta presunción de desarreglo y enfermedad, un crítico escribió, bajo seudónimo, el panfleto Bibliosophia: or Books Wisdom, en el que el airado afectado ensalzaba "el orgullo, placer y privilegios de esa gloriosa vocación, la del coleccionista de libros".



Bibliomanía, bibliofobia, bibliosofía...



En una de las cartas que Lord Chesterfield dirigió a su hijo Philip, cuajadas de consejos de todo tipo para conducirse en la vida social, acababa previniéndole de manera vehemente: "Mucho cuidado con la bibliomanía". Así se lo transmitiré yo también a mis hijos.

9:21 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (0)