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lunes, 07 de abril de 2008

En el año 2004 la National Endowment of the Arts Survey de los Estados Unidos, realizó una encuesta a nivel nacional sobre las prácticas lectoras de sus ciudadanos, y las conclusiones fueron sintetizadas en un título conciso y extraordinariamente significativo: "La lectura en peligro".



Las conclusiones del estudio y la encuesta pueden resumirse en el siguiente decálogo:

1. El porcentaje de los adultos norteamericanos que leen literatura ha descendido dramáticamente en los últimos veinte años.
2. El descenso en la lectura de ficción es paralelo a un descenso generalizado de toda clase de lectura.
3. La proporción de ese descenso es cada vez más acusada y está acelerándose.
4. Las mujeres leen más literatura que los hombres pero, en cualquier caso, se documenta un descenso acusado en ambos grupos.
5. La lectura de ficción está descendiendo en todos los grupos raciales, blancos, afroamericanos e hispanos.
6. La lectura está descendiendo en todos los niveles educativos.
7. La lectura está descendiendo en todos los grupos de edad.
8. El descenso más acusado en los niveles de lectura se documenta en los grupos más jóvenes de edad.
9. El descenso en la lectura presagia una acusada erosión en la participación cultural y cívica.
10. El descenso en la lectura está correlacionado con un uso creciente de todas las variedades de medios electrónicos, incluyendo Internet, videojuegos y dispositivos digitales portátiles.



El problema, como he querido resaltar en alguna ocasión haciéndome eco de los expertos más acreditados, no es que dejemos o no de leer o que leamos de otra manera sino cuáles serán las consecuencias -cognitivas, intelectuales, cívicas y democráticas- que tendrá ese descenso incesante de la lectura. Toda nuestra memoria está proyectada hacia el exterior gracias a los soportes digitales, de manera que no es para nadie ya un secreto que sufrimos una atrofia generalizada de esa capacidad; ya no leemos secuencialmente sino que seguimos la dirección siempre oscilante y anárquica de los hiperenlaces; el exceso de información potencia nuestas capacidades de procesamiento y discriminación, de los lóbulos frontales de nuestro cerebro, en aparente detrimento del recogimiento y la reflexión necesarios para que el conocimiento se asiente; la disponibilidad cuasi infinita de diversos conocimientos en la red nos proporciona la acreditada ficción de que poseemos ya ese conocimiento por el mero hecho de resultar accesible, pero existe una distancia insalvable entre la página de resultados de un buscador y la comprensión que alcancemos de los hechos que buscamos.


La cuestión no es demonizar o no los soportes y medios digitales, cosa que no me propongo, sino reflexionar sobre los peligros que la capacidades y competencias asociados a la lectura corren -como el informe norteamericano anuncia- en un entorno que no las necesita ni las cultiva.

6:32 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (22)