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Locos por los libros (V): Samuel Pepys o la biblioteca de un caballero

Enviado el viernes, 04 de abril de 2008 6:35

La biblioteca de un caballero, según dejara establecido Samuel Pepys, debía tener "en pocos libros y en el espacio más reducido", la máxima variedad de materias, estilos y lenguas "que su propietario pueda portar". La cantidad que Pepys estableció después de una vida dedicada al acopio, el coleccionismo, el espurgo y la catalogación, fue de 3000, cantidad que hoy puede verse íntegra e inalterable en el Magdalene College de Oxford.


Samuel Pepys es quizás uno de los diaristas más conocidos de la historia de la literatura. Sus Diarios (digitalizados en Pepys' Diary), comenzados el 1 de enero de 1660 y concluídos el 31 de mayo de 1669, consignados taquigráficamente para eludir, seguramente, el fisgoneo indeseado o, quizás, las inconveniencias e incomodidades que hubieran podido derivarse de sus observaciones sobre la vida de la Restauración inglesa, fueron el primer libro que ocupó aquella selecta biblioteca.



La ordenación de sus 3000 libros -que nunca fueron los mismos y que rotaban de acuerdo con sus intereses e inquietudes pero que siempre se mantuvieron en esa cifra- respondía a criterios casi decorativos, porque su ordenación se realizaba por tamaños, desde los más pequeños en octavo hasta los grandes infolios que ocupaban, como puede verse en la foto superior, los flancos de su escritorio. Esa ordenación por dimensiones y tamaños le obligaba a una reordenación continua de los ejemplares que componían su biblioteca y, lo que resultaba aún más trabajoso y prolijo, a la renovación de sus catálogos, uno que listaba los títulos por el número correlativo que se le asignaba, asociado a su tamaño y a la estantería que le correspondía, y otro alfabético.



Pepys hizo construir estanterías en roble -del mismo material que los navíos que se construían en los astilleros de los que era administrador- numeradas y protegidas mediante cristales -las primeras, se dice, que fueron concebidas de esa manera para proteger sus libros-, e hizo encuadernar uno a uno sus ejemplares en piel dorando sus lomos e inscribiendo títulos y autores, en un ejercicio de equilibrio formal que era trasunto de la puntillosidad y exactitud con que conducía su propia vida. El olor a roble, a cuero encerado y a papel antiguo, hacen todavía hoy de la visita a su biblioteca una experiencia sensorial incomparable.



Para que sus libros no pudieran sufrir quebranto alguno tras su muerte, Pepys estableció en su testamento que fuera su sobrino, el hijo de su hermano John, quien disfrutara de su legado hasta su propio fallecimiento, momento en el que disponía que su biblioteca pasara intacta a uno de los colegios de la Universidad de Oxford, fuera el de Magdalene -donde finalmente quedó- o el Trinity. En cualquiera de los dos casos, no obstante, quedaba terminantemente prohibido añadir o sustraer un solo ejemplar a la colección original, porque la biblioteca de un caballero debía consistir, ni uno más ni uno menos, en tres mil ejemplares debidamente elegidos y cuidados.

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Comentarios

# re: Locos por los libros (V): Samuel Pepys o la biblioteca de un caballero

04/04/2008 8:17 por MS
Proteger, protegidas: con ge y no con jota. Su blog es muy bueno, pero mejoraría si cuidara más la ortografía.

# re: Locos por los libros (V): Samuel Pepys o la biblioteca de un caballero

04/04/2008 15:10 por Ludovico
¡Qué vigente está el legado de Mr Pepys!

Yo tengo un pacto con mi mujer: Me deja comprar libros, a condición de que por cada libro que entre en casa salga uno de casa.

Eso sí, que perdone Mr Pepys, pero tengo algunos más de 3000.

Este post mío es una chorrada, pero me hizo gracia enterarme de la propuesta de D. Samuel y quería compartirlo.

# re: Locos por los libros (V): Samuel Pepys o la biblioteca de un caballero

05/04/2008 4:16 por Merovingio
Por si a alguien le interesa, este link está muy bien
http://www.pepys.info/
Qué bueno el mensaje de MS. Desde luego no es la única falta de ortografía. Las hay de todo tipo en lo que escribe Joaquín pero yo ya no me atrevo a decírselo. Según cuentan, leer mucho ayuda a no cometerlas. Estoy entonces de acuerdo en que se fomente y cuanto más, mejor.
Mucho menos todavía se me habría ocurrido poner "chorradas" (cito sus propias palabras) como las de Ludovico. Con gente tan sincera a la hora de hablar de sí mismo, no hace falta añadir más.
Salud para todos.
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