En la Feria del
Libro de Leipzig, que terminó el 16 de marzo y que está recobrando el auge de sus
orígenes dieciochescos, posee un importante apartado dedicado a la
entrega de premios, en principio de la industria editorial alemana, pero abiertos, en uno de sus capítulos, a los
Libros más bellos del mundo, y por mucho que uno tenga ciertas afinidades digitales y practique la vida virtual, no deja de tener su corazoncito analógico de papel.

Los dos premios de este año, concedidos por la
Comisión de la UNESCO alemana, han ido a parar a dos rincones insospechados del mundo, al menos para mí, que aunque soy un apasionado del diseño editorial no tengo un conocimiento exhaustivo de autores y tendencias: la "Letra de Oro", concedida por la
Stiftung Buchkunst (la Fundación del Libro artístico) ha ido a parar este año a Venezuela, al libro
Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela, de Pedro Cunil, diseñado por Álvaro Sotillo, Gabriela Fontanillas y Luis Giraldo.

Un prodigio de equilibrio tipográfico y de exquista ilustración:

La Medalla de Oro ha ido a parar a un libro chino,
Hormigas, un canto minimalista a la belleza de la naturaleza con toda la delicadeza y sensibilidad de las culturas orientales:



"Un bello libro", decía Lao-Tse, tan a propósito en esta ocasión, "es como una mariposa. Se posa con ligereza sobre nuestra mano, nos lleva embargados de una flor a otra, y nos permite vislumbrar el cielo".