Enviado el miércoles, 26 de marzo de 2008 10:16
La editorial
Penguin, una de esos sellos
editoriales admirados unánimemente por todos los que nos dedicamos al libro,
basó gran parte de sus éxitos en la innovación de los formatos y los soportes.
De hecho, como muchos ya saben, pasa por ser la editorial que más hizo desde la
época de los años 30 del siglo XX por popularizar el libro, por hacerlo
asequible y deseable, por propiciar el encuentro entre los libros y sus
posibles compradores. Así lo reconocería, más tarde,
Allen Lane:


Ese mismo espíritu de innovación y riesgo controlado, es el
que parece inspirar su más novedosa iniciativa, We tell stories, contemos historias.
Muchos críticos literarios dicen que no podemos seguir escribiendo
como lo hemos hecho hasta ahora, remedando las maneras de los escritores
decimonónicos del siglo XIX, cuando nuestra comunicación está hecha de los
lazos que tejemos con los teléfonos móviles, internet y sus múltiples
aplicaciones, sobre todo aquellas que nos permiten tejer una red más o menos
tupida y continua de relaciones sociales, de comunicación sin tregua, entre
narradores y receptores, permanentemente intercambiables. Puede que sea así, y
puede que la experimentación creativa deba recorrer esos nuevos territorios
inexplorados mediante la utilización de las herramientas que tenemos a nuestro
alcance.

En su nueva página web de hipernarrativa digital, Penguin, bajo el título de Contemos
historias, propone la reintepretación digital de seis
narraciones clásicas durante seis semanas por seis distintos autores, todo un
reto que no faltarán algunos que califiquen de impío.

La primera historia, Los 39
escalones de John Buchan, reinterpretada por Charles Cumming,
se convierte en un viaje geográfico visual apoyado en el uso masivo de Google
Earth y de las herramientas editoriales mash-up que ellos mismos proporcionan,
un deambular al mismo tiempo literario y sensorial que requiere, para que
avance, de la participación del lector, de una interactividad comparable, en
todo caso, a la que requerirían las páginas de un libro para ser pasadas una
tras otra.

La segunda narración, la que ha sido publicada esta segunda semana, está basada
en The
Hunted Dolls' House, de M. R. James, y es Toby Litt quien acomete
la exégesis digital: Slice,
que así ha sido titulado el periplo digital, se convierte en la historia de una
adolescente norteamericana que debe trasladarse con su familia a los Estados
Unidos y que, para informar a sus amigos de su devenir y sus accidentes,
mantiene un blog y se comunica, instantánea y continuadamente mediante Twitter,
con sus amigos.
Hace pocos meses, la nueva y prometedora editoral 451 Editores, iniciaba su andadura con una colección titulada 451.Re: que asumía como divisa que la literatura era siempre, según el estupendo prólogo de Javier Azpeitia, recombinación y reciclaje, de manera que los títulos que la componen se atreven con la reinterpretación iconoclasta de los clásicos españoles, convirtiendo al Mío Cid en un agente de seguros machista y escasamente edificante.

451 se ha "conformado", sin embargo, con el papel, y Penguin somete a sus clásicos a la misma centrifugación pero haciendo uso de las aplicaciones y medios digitales que señorean ya nuestras vidas. En cualquier caso, sea como sea, contemos historias.