La sobreabundancia de información no garantiza que nos convirtamos en más inteligentes ni que seamos capaces de establecer los vínculos que nos permitan reexplotarla desde nuevas persepctivas, pero también es verdad, al contrario, que la escasez de información es intrínsecamente limitativa, por cuanto el acceso a las fuentes es siempre complicado cuando no imposible. Esta reflexión sobre abundancia y escasez, acceso y restricción, infoxicación e insuficiencia, vienen al caso porque
Archive.org ha anunciado que ha alcanzado los 350.000 libros digitalizados de libre acceso bajo licencia Creative Commons, en una labor monacal de digitalización individualizada y perseverante que se ha convertido, según todos los indicios contables, en la biblioteca en abierto más grande del mundo.

A muchos nos parecía que sería Google Books quien ocupara ese primer lugar entre las bibliotecas digitales en abierto, pero ha sido el
Archivo Textual de Internet Archive quien ha impulsado callada y tenazmente un proyecto de digitalización -asistido por la
Northern Regional Library de California- que ha alcanzado esa exuberante cifra cercana ya al medio millón de libros digitalizados.

El proyecto tiene, a mi juicio, dos vertientes reseñables que todos los que andamos metidos en proyectos de digitalización deberíamos tener en cuenta: en primer lugar, abrazar como principio y divisa fundamental de su trabajo el de propiciar el acceso gratuito a todos los recursos que puedan encontrarse en la web e, indirectamente, a los contenidos analógicos que, bajo el dominio público, sean susceptibles de digitalización. Su buscador es capaz de recuperar 86 billones de páginas web y permite el acceso, como queda dicho, a 350.000 libros en papel.

En segundo lugar, el proceso mismo de digitalización, a razón de 1000 libros diarios, según informan, nos están enseñando que los procedimientos utilizados inicialmente por Google -máquinas de alto rendimiento capaces de guillotinar los libros para escanear las páginas mediante un sistema de alimentación similar al de una fotocopiadora-, no es siempre el más conveniente ni el que ofrece los mejores resultados. De hecho, tal como puede observarse en alguna de las imágenes adjuntas, la digitalización se parece más a la labor de un copista mediaval, reclinado sobre su escritorio penosamente en una ardua labor cotidiana, que a un proceso industrial y anónimo. El diferente tamaño de los originales, las calidades distintas de sus tintas y sus papeles, la fragilidad de los soportes, la originalidad insustituible de alguno de ellos, etc., han llevado a los responsables de Archive.org a optar por un protocolo de digitalización más cercano a lo artesanal que a lo fabril.

Liberar a los libros de los confines de la escasez, así se anuncia el proyecto y así deberíamos pensar y proceder en la creación de una verdadera y completa
biblioteca digital hispánica y
europea.