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Que levante la mano aquel que, amando los libros, no ha sufrido la irresistible tentación de hacerse ilícitamente con alguno de ellos, en una biblioteca, en una librería, en la casa de un amigo o de un conocido, en una feria o una exposición. La bibliocleptomanía es un síntoma y un sentimiento parejo, me atrevería a decir, a la bibliofilia, suelen manifestarse juntos, reforzándose, y sólo un imperativo cívico y legal, nos impide a algunos pasar a los anales de la bibliocleptomanía documentada. El Conde Guglielmo Libre Carucci, que vivió entre los años 1803-1869, pasa por ser uno de los santos patrones de la cofradía de los bibliosalteadores.


Durante la Edad Media parece que el robo de libros estaba a la orden del día y cabían dos medidas disuasorias para intentar evitar los hurtos: atar los ejemplares con cadenas a las estanterias, práctica muy extendida pero, finalmente, eludible, o extender amenazadores anatemas contra aquellos que se atrevieran si quiera a pensar en la posibilidad de distraer un volumen. Es casi universalmente conocida la fórmula disuasoria utilizada en la Universidad de Salamanca contra los distraedores de libros: "Hay excomunión reservada a su Santidad contra cualesquiera personas que quitaren, distrajeren, o de otro cualquier modo enajenaren algún libro, pergamino o papel de esta biblioteca, sin que puedan ser absueltos hasta que esta esté perfectamente reintegrada",



pero es poco conocida, sin embargo, la que puede encontrarse en el Monasterio de San Pedro, en Barcelona, más colérica e inquietante, mucho más maléfica y gravosa que la salmantina: "Para aquel que robara, cogiera prestado o no retornara un libro a su legítimo propietario, que se transforme en una serpiente en su mano y se la desgarre. Que queda paralizado o todos sus miembros malditos. Que sufra el dolor pidiendo en voz alta clemencia, y que no se le permita recuperarse de su agonía hasta que se descomponga. Permítase a los gusanos de los libros que roan sus entrañas... y cuando vaya a alcanzar su castigo final, permítase que se consuma eternamente en las llamas del infierno". Uff, escalofríos me entran solo de pensarlo...



Nada de esto, sin embargo, pareció arredrar al elegante Conde italiano quien, en el año 1840, residiendo en París y siendo profesor de matemáticas en la Sorbona  y editor del famoso Journal des Savants, fue protagonista del que se conoce en los anales delictivos como l'affaire Libri: en el año 1841 Libri fue nombrado secretario de la comisión encargada de la catalogación de una gran cantidad de manuscritos históricos depositados en las bibliotecas públicas del Estado francés. En lugar de pensar en la manera más rigurosa de catalogar aquellos valiosos tesoros bibliográficos, sin embargo, Libri ideó la mejor manera de sustraerlos a lo largo de siete años, una gigantesca colección que, por pura codicia, acabaría vendiendo en distintas pujas y subastas. La policía comenzó a cobrar conciencia de las dimensiones del inmenso robo porque los primeros libros desvalijados comenzaron a aparecer en subastas parisinas y siguió la pista al Conde hasta el otro lado del Canal de la Mancha, donde había comenzado a traficar con la valiosa mercancía vendiendo 1923 manuscritos antiguos a Lord Bertram Ashburnham por un valor de 8000 libras, piezas que pasarían más adelante a formar parte de la selecta Biblioteca Laurenciana.



En el año 1848, avisado del peligro que corría si permanecía en territorio francés -donde una corte le sentenciaría dos años después a diez años de confinamiento incomunicado-, emigró urgentemente a Inglaterra, con decenas de miles de manuscritos de contrabando, piezas que vendería en el mercado de los ansiosos bibliófilos ingleses -nada preocupados por sus orígenes- y que le servirían para sufragar su elegante retiro en Italia, donde moriría, sin sanción alguna ni condena divina conocida, en el año 1869.

[A propósito, me voy de vacaciones, una semana entera. Quedan avisados libreros, bibliotecarios, amigos y otros descuidados poseedores de libros]

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Comentarios

# re: Locos por los libros (III): el Conde Libri-Carucci patrón de los bibliocleptómanos

14/03/2008 8:21 por Alejandro
Bueno, ya veo que nadie borró nada, solo fue mi inepcia con los ordenadores. Sea como sea, excelente entrada. Poco más se puede añadir. Yo no solo he tenido tentaciones ladronas sino que he caido en ellas. Su blog, por cierto, hace que me entren ganas de crear uno sobre los presentes del libro en vez de sobre sus hipotéticos futuros. Lo malo es que ambos temas me parecen igual de vaporosos, no merecen la pena.
Felices vacaciones.
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