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jueves, 13 de marzo de 2008

Corre la leyenda urbana de que el Presidente del Gobierno en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, regaló a sus ministros en la navidad de 2006 el libro de David Bornstein Cómo cambiar el mundo como un acicate para propulsar el cambio y  movilizar las voluntades revolucionarias adormecidas o como un breviario de perfección, quíen sabe. Advierto a mi multitud de entregados lectores que la entrada de hoy estará teñida del mismo afán desprendido y bienhechor, de ciertos tintes de heroismo social y entrega desinteresada, porque a Bornstein se le olvidó incuir en su libro una de las iniciativas más globales y ejemplares de promoción de la lectura y dotación de los recursos necesarios para su fomento, y creo que no coviene olvidar un propósito de esas dimensiones.



Room to read nació, según puede leerse en numerosas entrevistas, de la decisión entusiasta, fruto de una profunda crisis profesional y personal, de John Wood, un ejecutivo de Microsoft, joven, exitoso y adinerado que influido por un viaje al Nepal en solitario y la destilación de las lecturas del Dalai Lama, creyó imperativa e insoslayable la necesidad de proporcionar a los niños y jóvenes del sudeste asiático la posibilidad de acceder a aquello que había hecho de él lo que era: los libros y la lectura. Hasta ahí la historia teñida de romanticismo nepalí, tintes esotéricos, crisis biográficas y cumbres tibetanas (para aquellos que quieran abundar, en cualquier caso, en esa experiencia de cambio y transformación, nada banal y menos aún vituperable, quizás le interese leer Leaving Microsoft to change the World, un propósito nada desdeñable).

 

La realidad deslumbrante es que, tras comenzar su actividad en 1998, y después de diez años de enconado trabajo, ha financiado y promovido la creación de 287 escuelas, 3600 bibliotecas y 110 aulas informáticas en todos los rincones de Asia y África.



El proyecto, en consecuencia, nace de la convicción básica de que el dominio de las competencias lectoras en niños y niñas de familias desatendidas y pertenecientes a comunidades más o menos depauperadas, es uno de los fundamentos esenciales sobre los que construir la posibilidad de un futuro mejor, competencias lectoras que necesitan de una dotación de libros adecuadas, de espacios de consulta ordenados y bien abastecidos, de una alfabetización digital paralela que haga, además, especial hincapié en la educación de las niñas (doblemente dominadas, por ser pobres y mujeres) y en la edición de materiales y contenidos en las lenguas indígenas.



Ayer mismo leía que la Fundación Bertelsmann había encargado y financiado un estudio en Alemania para comprobar hasta qué punto la asistencia temprana a las guarderías y el contacto precoz con los libros incrementaba o no determinadas competencias anímicas e intelectuales en los niños que las visitaban: los resultados son definitivos y concluyentes: cuánto más temprana sea la escolarización y más oportunidades de entablar una relación con los libros se ofrezca a los niños, mayores posibilidades tendrán de superar la escuela primaria y acceder a los niveles de la enseñanza superior (claro que, como siempre, no se sabe exactamente si esa ventaja es heredada, porque provienen de familias con un capital cultural y escolar superior o porque la institución misma lo inocule). En cualquier caso, si hablamos seriamente de igualdad de oportunidades y de Estados sociales inclusivos, la escolarización precoz y el contacto con los libros son detonadores esenciales, y algunos héroes inusuales hacen posible que el mundo cambie con palabras en alguno de sus alejados rincones.

8:35 | gestionado por Joaquín Rodríguez | Enviar comentario (1)