Es posible que el título de esta entrada sea algo
exagerado, pero lo hago, claro, con la esperanza de llamar
la atención. Los libros
de viajes todavía existen, basta con ir a cualquier librería y adqurir una guía
de Malasia, de Nueva Zelanda, de Hawai, de Estados Unidos, pero también es
cierto que los editores de libros de viajes hace tiempo que se habían dado
cuenta que una guía no deja de ser la suma de múltiples fragmentos
perfectamente desagregables que tienen validez y sentido por sí mismos sin
necesidad de circunscribirse dentro de las fronteras del país al que pertenecen
ni, tampoco, del libro u obra a la que estaban vinculados.
Lonely Planet lo ha entendido así y lo
ha puesto en práctica, haciendo uso de todas las potencialidades inscritas en
los textos digitales.

En realidad, cuando pensamos en los futuros plurales del libro, cada vez parece
estar más clara la línea que separaría (no de manera definitiva ni excluyente,
seguramente convergente en un futuro lejano) a las obras literarias
autosuficientes y cerradas sobre sí mismas, amantes del papel y de las
cubiertas de cartón que encierran dentro de unos límites físicos evidentes el
sentido de una obra, y las obras de consulta, referencia, consulta o
información, que no se pretenden clausuradas, al contrario, que se saben
intrínsecamente incompletas y, por eso mismo, fragmentables, enlazables,
actualizables, amigas de lo digital y de las tecnologías que permiten su
disección, vinculación y diseminación de manera fácil y sencilla.

Hace ya años recorrí la costa oeste de los Estados Unidos, como tantos otros
antes, en un Ford Cougar rojo, adentrándome hasta la alucinación de Las Vegas y
pasando, de vuelta, por delante del mítico oasis del Bagdad Café. Si hubiera
existido por entonces la posibilidad, es posible que nunca hubiera adquirido
aquella guía de miles de páginas que daba datos exhaustivos sobre California
pero, también, sobre Nevada, Oregón y Arizona, datos que habrían quedado en
muchos casos obsoletos antes si quiera de que hubiera abierto aquella
pesadísima guía maquetada en unos tipos que no tendrían más allá de un cuerpo
8, casi ilegible.

Hoy, la USA - Pick & Mix Chapters permite descargarse capítulos individuales y mezclaros hasta conformar una guía personalizada, a la medida, evitando el engorroso e injustificado trámite comericial de adquirir una guía completa de la que solamente se utilizará una décima parte.
Las guías de viaje, qué duda cabe, son candidatas indiscutibles a fragmentarse sin
vergüenza, a adaptarse a las necesidades y usos del lector, a reconfigurarse de
acuerdo con la demanda, y quien comprenda que esta dinámica y forma de hacer
editoriales son transponibles a todos los contenidos que tengan que ver con la
información, la consulta, la referencia y la formación, antes comenzarán a
cosechar los beneficios que la era digital trae consigo.