Enviado el viernes, 22 de febrero de 2008 9:23
Hace mucho tiempo que una de mis divisas principales es aquella que se le atribuye, no sé si apócrifamente, a Cicerón, en la que decía que "una habitación sin libros es como un cuerpo sin alma", y hoy me he dado cuento que llevo media vida dotando de alma a las casas por donde paso, es decir, a llenarlas desmesurada e incontrolablemente de libros.

En la primera de las imágenes, arriba, puede observarse una ingeniosa solución para convertir el espacio liberado entre las vigas vistas del techo de una habitación en una improvisada biblioteca, aliviadora del espacio saturado del resto de la estancia.

En la imagen superior, otra solución no menos ingeniosas, la de convertir los vanos entre escalones de una escalera vista en un espacio desacostumbrado pero provechoso para almacenar los excedentes editoriales.

Libros, por qué no, bajo las patas de la mesa del salón, ayudando a equilibrarla y, simultáneamente, a ahorrar espacio.

O colgarlos del techo con perchas, a lo largo del pasillo, o en esos espacios muertos que pueden encontrarse en todas las habitaciones.
Una casa sin libros es -seguiré sumándome a la máxima ciceroniana-, como un cuerpo sin alma, y yo para estas cosas soy muy animista, aunque llegue el libro electrónico, o aunque buena parte del papel que antes consumíamos se haya convertido en un contenidos accesible a través de la web. Para quienes creemos, como santeros, que un libro es un buen amigo, irremplazable, dotado de alma, un buen Ex Libris podría ser seguramente este:

¿Puede ponerse un Ex Libris a un libro electrónico, a propósito?

Pd. Me dicen en
Taschen que el Golden Ticket de
Vanessa del Río sigue sin encontrarse. Quizás tú puedas ser el afortunado.